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Foto de David Airob
1. Un lugar que existe
Es curioso cómo empezó todo. Fui a vender un disco
y me vendieron una película. Estaba en BMG buscando distribución
para Lágrimas Negras, y Carlos López, que lleva
a Carlinhos Brown, me preguntó qué me parecía
su música. Le dije que me gustaba mucho y que sobre todo
me gustaba lo que estaba haciendo en su barrio en Bahia. Entonces
Carlinhos vino a casa, y me invitó a visitarle en el
Candeal, la favela donde nació. Hice varios viajes y
desde el primero me quedé muy prendado. Hay algo en la
cabeza que te cambia cuando llegas allí. Tiene que ver
con el proyecto que ha desarrollado Carlinhos, y tiene que ver
con el barrio, con la gente, con la música. En el Candeal
nunca hay un minuto de silencio. Todos allí son músicos.
Te sientas en la calle y escuchas tambores, de otro lado llega
un saxofón, luego un birimbao, el tocadiscos... es una
maravilla ir andando y oír todas esas músicas.
Hay bandas de niños pequeños, de niñas,
de jóvenes, de raperos, de rockeros, de todo.
Cuando estoy en Bahia lo único que quiero es ir al
Candeal. Me importa un pito la playa, o los sitios históricos.
En el Candeal es donde me siento a gusto. Y si alguien me
pregunta cuál es mi barrio, yo diría que ahora
mi barrio es el Candeal, que es donde más gente conozco.
Yo voy a mi antiguo barrio a ver a mis padres y no lo reconozco;
ni mis amigos viven allí ni los bares están
en su sitio. No tienes barrio. Tu barrio es un recuerdo. Sólo
está en tu cabeza, en la memoria. Es algo que existía
cuando eras pequeño y ya no existe. Como tu infancia,
es un recuerdo. En cambio, el Candeal es un lugar que existe,
donde tengo montones de amigos, chavales músicos, y
también viejos, mujeres, mucha gente que vive allí.
Y luego los niños, que fue lo que más me fascinó.
2. La música como salvación
A los veinte años, Carlinhos Brown empezó a
ganar dinero componiendo hits para gente como Sergio Mendes
o Caetano. Una vez, al volver de una de sus giras al Candeal,
le contaron que en una redada policial habían muerto
cinco o seis chicos amigos suyos, chicos con los que había
crecido. Carlinhos pensó que si no hubiera sido por
la música, él podría haber muerto esa
noche. La música le había salvado. Entonces
comenzó a comprar instrumentos para el barrio y a crear
grupos de música con los niños.
Así nació la Escuela de Música Popular
Pracatum, que es el único conservatorio de música
popular que existe en Brasil. Es para niños, adolescentes,
jóvenes. Y son muy estrictos. Si no estás escolarizado,
no te admiten. Han creado todo tipo de incentivos para ayudar
a los niños a salir de la miseria y para que se vuelquen
en la cultura y en la educación.
Carlinhos situó su estudio de grabación en
el Candeal, y por allí han pasado grupos como Tribalistas,
Marisa Monte, Arnaldo Antunes, o Caetano grabando la música
de un ballet, o Manolo García, que hizo su último
disco allí. Y también fundó el Ghetto
Square, la sala de conciertos, donde antes tocaba la Timbalada
y ahora ensaya con sus músicos. Convirtiendo su barrio
en su centro de operaciones y trabajando con músicos
de allí, y formando varias generaciones de músicos,
ha conseguido que esa favela sea un pueblecito donde el crimen
es cero. En Candeal, Carlinhos es un cacique, muy querido
y muy respetado. Aunque también tiene algunos que le
contestan, porque siempre que alguien hace algo hay otro protestando.
3. Un ejército de tambores
En el Candeal no hay violencia. No sientes el menor miedo
cuando vas caminando por la calle. No hay hampa. Ha habido
hace poco un robo y ha sido todo un suceso. Lo que en cualquier
otra favela sería normal, aquí era un hecho
insólito. Tampoco hay armas. Uno de los movimientos
que tiene Carlinhos se llama 'Os Zarabes, que son doscientos
músicos vestidos de egipcios que salen corriendo por
las calles como si fuera el Séptimo de Caballería.
Oyes una turba y son ellos, corriendo por la ciudad, tocando
clarines y tambores. Carlinhos dice que es como un ejército,
pero han cambiado las armas por los tambores.
En el Candeal existen varias asociaciones de moradores. Y
todo es muy democrático, muy asambleario: se reúnen,
discuten lo que hay que hacer, son muy responsables. Además
de Pracatum, han creado el proyecto "Ta rebocado"
para arreglar las casas, las canalizaciones, el saneamiento.
Han arreglado más de quinientas casas, han construido
otras muchas... toda una serie de trabajos y mejoras de las
condiciones de vida y sobre todo de recuperación de
la dignidad de la gente. Cuando estuvimos allí rodando
acababan de abrir un centro de salud. Han conseguido todo
eso, que es un trabajo no de un día ni de dos. Carlinhos
empezó solo. Y cuando aquello era muy descarado, el
gobierno empezó a colaborar. Se les debía caer
la cara de vergüenza al ver que un particular estaba
haciendo las cosas que deberían hacer ellos.
Claro que no es el paraíso. Son pobres. Tienen que
luchar todos los días. Conozco a una niña que
es una preciosidad y que tiene el vientre hinchado y está
condenada a morir de cirrosis. Han intentado todo y ya no
hay arreglo, se va a morir.
También ocurre otro fenómeno. Al ser un sitio
pacífico, han empezado a construir edificios burgueses
al lado. Y esos mismos a los que no se les ocurre construir
al lado de una favela violenta, han empezado a protestar por
la música, el ruido, la polución sonora. De
hecho, han conseguido que la Timbalada se vaya del Candeal.
El movimiento de la Timbalada, que todos los sábados
lograba que acudieran al barrio cinco mil personas de la ciudad
a verlo, ya no puede tocar allí. Mucha gente del Candeal
vivía de venderle cosas a la gente los sábados,
refrescos, camisetas, instrumentos, artesanía. Así
que eso les ha hecho mucho daño económicamente.
Es una manera de agredir. No puedes querer quitarle a una
comunidad su seña de identidad, lo que les hace vivir,
que en este caso es la música.
4. Bebo en Bahia
Bebo me había dicho una vez que el único sitio
al que le gustaría ir antes de morir era a Bahia. Cuando
lo recordé, eso hizo clic en mi cabeza y fue cuando
vi la película, cuando comencé a imaginar El
milagro de Candeal. Bebo Valdés, un músico cubano
de 85 años que quiere ir a Salvador, porque es el lugar
donde un cubano piensa que se han conservado de manera más
pura, más incluso que en Cuba, la música, la
cultura y la religión de sus ancestros africanos. La
película sería la historia de este hombre que
va a Bahia y que acaba en el Candeal, encontrándose
con la gente de allí, viendo el trabajo que se ha hecho,
interactuando con las generaciones de músicos jóvenes,
las orquestas de niños, con Carlinhos, y con músicos
como Marisa Monte, Caetano o el propio Gilberto Gil, que también
aparece en el film, pero no como Ministro de Cultura sino
como bahiano. Así que le dije a Bebo: "Voy a hacer
una película para que vayas a Bahia".
Hay una secuencia que me gusta mucho, en la que están
juntos Bebo y el señor Mateo, un músico que
tenía el mejor grupo de música afro-barroca
en los años 70, "Os Tincoas" y cuyo último
disco, nunca editado, hizo que se me saltaran las lágrimas,
porque era como escuchar a Haëndel en africano. El señor
Mateo acababa de regresar de Angola, donde había vivido
veinte años. Como Bebo ahora, veinte años atrás
había ido en busca de sus raíces. Cuando Bebo
le cuenta que ha estado 40 años fuera de su país,
de Cuba, el señor Mateo le contesta: "Tú
crees que eres de Cuba y yo creo que soy de Bahia. Pero es
mentira. Nosotros somos forasteros, somos de África.
Nos han traído aquí, pero cuando veo la televisión
en Brasil, no veo a nadie como yo. Cuando veo a los políticos,
no veo a nadie como yo. Eso quiere decir que no somos de aquí,
éste no es nuestro lugar". Es una reflexión
muy fuerte porque, efectivamente, enciendes la televisión
en Brasil y ves fotonovelas de blancos, y resulta que Bahia
es mayoría aplastantemente negra. Entonces, ¿a
quién representa esa televisión? Lo que está
diciendo el señor Mateo es una cosa muy fuerte, es
como decir 'Nosotros éramos los esclavos y de alguna
forma lo seguimos siendo'. Y de estas cosas también
habla El milagro de Candeal.
5. Esclavos del ritmo
Bahia es otro universo musical. No tiene nada que ver con
la bossa nova, Jobim o lo que entendemos aquí en Europa
por música brasilera. Bahia es África, y está
mucho más cerca de la música cubana y de Cuba,
que de Rio de Janeiro. Por ejemplo, el carnaval de Carlinhos
arranca tocando el Blem Blem Blem de Chano Pozo. Cuba y Bahia
son parientes. La gente puede pensar que lo de Bebo en Bahia
es una extravagancia mía, pero no, es algo natural.
Como tampoco es una extravagancia Bebo con el Cigala, porque
los andaluces han sido muy viajeros. Cuando Bebo era joven
estaba rodeado de gente de Cádiz, los andaluces iban
y volvían, y tenían un ritmo que era el mismo
aunque transformado. "Lo curioso" de Lágrimas
Negras es que lo oyes y siendo una cosa nueva te da la impresión
de que ha sido así toda la vida, que podría
o debería haber sido así siempre, por qué
no.
Pero no todos son músicos en esta película.
Hay más gente del Candeal. Doña Angelina, la
autoridad espiritual, la madre de santo más vieja.
O el señor Mariano, que fue el que tuvo la primera
radio, en la que Carlinhos, cuando era pequeño, oyó
por primera vez música grabada, música de fuera
de su comunidad, porque antes sólo escuchaba la música
de la calle. O Doña Didí, que pertenece a la
familia más antigua del Candeal, y que desciende de
una princesa de Costa de Marfil que llegó a Bahia para
comprar a sus parientes, que habían sido vendidos como
esclavos. Josepha de Sant'Anna no los encontró, pero
se enamoró de una colina verde, la compró y
allí vivió con su docena de esclavos, porque
era una negra rica. En esa colina ahora está el Candeal.
6. Actores de sí mismos
En esta película no había guión previo.
El milagro de Candeal está hecha de encuentros de personas
y de momentos musicales. Ésa ha sido la guía.
La música y los personajes. Nos fuimos durante dos
meses a rodar, un equipo pequeño: tres cámaras,
dos en sonido, dos en producción, dos fotógrafos,
más Bebo y yo. Y vivíamos en una casa todos
juntos. Eso es muy típico en mis rodajes, lo hice en
La niña de tus ojos y en Belle Epoque. Alquilamos una
casa, nos metemos allí todos juntos y vivimos el rodaje
y la película de otra manera.
He intentado huir del tratamiento documental al uso y rodar
a todos como si fueran personajes de una historia. En ese
sentido, tiene mucho de ficción. Bebo, Carlinhos...
todos ha sido actores de sí mismos. Apliqué
muchas cosas que uso al rodar ficción: la manera de
tratar una escena, dónde poner la cámara, cómo
contar la relación entre dos personajes. El resultado
es que a veces parece que no hubiera cámara, que estuvieran
solos. Creo que lo mejor que tiene la película es que
capta momentos de mucha intimidad como si no fuera cine, como
si estuvieran pasando realmente, que es lo que en el cine
de ficción intentamos reproducir con la puesta en escena.
Se trata de hacer eso pero con personajes reales y con un
material que es la realidad. "No estás mirando
desde fuera, estás dentro", me dijo Elena Buarque,
la mujer de Carlinhos, al ver algunas escenas en la mesa de
montaje. Ha sido el mejor piropo y me ha confirmado algo que
yo quería hacer. "Estar dentro" es un lujo
que sólo la ficción se puede permitir.
7. Idioma universal
Tampoco hay fronteras con la lengua. Ésta es una película
hablada en esperanto, como la vida misma. Las fronteras ya
no existen, ni culturales ni musicales ni lingüísticas.
Los que creen en las fronteras son gente que se ha quedado
atrasada y que intenta defender, por la violencia además,
un orden antiguo. Los que siguen hablando de fronteras son
Bush y esos que hacen distinciones entre ellos y los iraquíes,
por ejemplo, cuando no las hay. Pero la realidad va por delante.
Todo el mundo viaja. Las fronteras existían antes,
cuando uno no viajaba, no hablaba el lenguaje de su vecino
y le tenía miedo y se unía a los de su tribu
para pegarse con el otro. Ahora continuamente estás
con gente de todas partes, ellos intentan hablar tu idioma,
y tú el suyo. Ya no vivimos sólo con los que
son como nosotros y hablan como nosotros. Ésa es una
de las cosas que me gusta de la película, que está
hablada - mal hablada- en este idioma universal.
8. A vida vai melhorar
En el cine siempre solemos contar tragedias. Si vemos una
película sobre una favela, es la historia de uno que
le revienta la cabeza a tiros a otro. Y rodado de una manera
que ni Scorsese. En este tipo de cine hay denuncia pero también
hay una cierta glamourización de la violencia que a
mí no me interesa para nada. Es necesario que veamos
las torturas en Irak para saber qué está pasando,
pero aparte de ver eso y deprimirnos y exigir responsabilidades,
también a la gente hay que darle esperanzas, porque
es posible mejorar.
9. Una plaza mayor
Siempre he dicho que mi cine es utópico, no es cine
realista. Creo que el cine debe enseñar o apuntar que
las cosas pueden ser mejores o que deberían serlo,
y es lo que intento en mis películas. Soy un optimista.
No tengo carácter para retratar la desgracia, ni la
crueldad. Pienso que hay algo pornográfico siempre
que se filman las desgracias. Por eso, en El milagro de Candeal
he huido de retratar la pobreza, porque creo que lo que hay
allí es otra cosa. Lo que hay allí es belleza.
La gente del Candeal es más rica que la de muchos otros
sitios. Los niños son más felices que los niños
de cualquier urbanización rica europea. Cuando los
ves por la calle, jugando, bañándose en la fuente,
tocando tambores, dices, 'que mala es la vida de un niño
europeo, cómo se lo pasaría de bien con estos'.
Lo único que tienen aquí en Europa es la protección,
pero se trata de una hiper protección. Y allí
también la tienen, su familia y su comunidad cuida
de ellos, son muy queridos. Ves al señor Mariano, que
tiene 33 nietos, y es raro que no esté con 14 subiéndosele
por encima y sentados alrededor suyo, y es muy hermoso. Ahora
en Europa o en Madrid es muy raro ver a un niño con
su abuelo.
El Candeal no tenía una plaza y la película
cuenta también cómo ellos mismos, voluntarios
de la comunidad, construyen esa plaza y el momento de la inauguración.
Rodamos hasta las reuniones de vecinos discutiendo. Y a Carlinhos
picando allí con sus vecinos... Me gustaría
ver a otros ídolos del rock, y también a directores
de cine (y me incluyo), picando para construir una plaza en
nuestro barrio para mejorar las cosas. La plaza se llama El
milagro de Candeal y ahora es el lugar de más actividad
del barrio. Todos los días hay bailes, actuaciones,
ensayos, capoeira. Se ha convertido en el centro de la comunidad.
Allí será donde proyectemos la película.
10. Un musical social
Me gusta llamarlo un musical social. Porque cuenta el viaje
de un hombre, pero también la historia de una comunidad,
y el encuentro entre Cuba y Brasil, la música, la negritud,
la esclavitud, lo que eso ha supuesto allí. Y a la
vez muestra cómo una comunidad negra de Bahia intenta
mejorar su vida a través del arte. No sé si
todo eso se va a notar en la película, pero yo espero
que sí.
(Artículo realizado a partir de una
entrevista con Fernando Trueba)
www.fernando-trueba.com, la página oficial del
cineasta en ClubCultura.com
'El milagro de Candeal' se estrena en salas en septiembre.
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