¿Cómo
decidió dedicarse a la música?
Fue
mi madre quien descubrió que lo mío era la música.
Dice que yo tocaba en piedras y cantaba, yo no me acuerdo
de eso. Había un pianista que se llamaba Antonio María
Romero, mi madre cuenta que cuando yo tenía cinco años
una noche me senté cerca de él y me pasé
toda la velada ahí. Al otro día me ponía
a cantar cosas y cogía piedras, las acomodaba y hacía
como que tocaba el piano. Yo no me acuerdo, pero ella me lo
contó mil veces. Después me puso a mi primera
maestra de piano, que se llamaba Moraima. Yo tenía
diez u once años y ya venía cantando y tocando
en la escuela desde los siete años.
¿Cuál
es su primer recuerdo relacionado con la música?
Ése.
El primer piano sobre el que Moraima me hizo poner las manos,
cuando me enseño cómo debía poner las
manos, cuáles eran las notas sostenidas, cómo
tenía que tener la muñeca, cómo poner
un dedo y levantar el otro, ese momento nunca se me ha olvidado.
¿Le
costó aprender?
Nada.
Para mí era sublime saber cómo se ponían
las manos, cómo se tocaba. Yo salí de la escuela
en el año 37 y sigo estudiando, igual que sigo haciendo
ejercicio todos los días.
La
colaboración con Diego el Cigala en Lágrimas
Negras, ¿fue una puerta de entrada a un mayor conocimiento
de la música española o era usted ya un aficionado
a ella?
No,
no, ya la conocía. Como en México, en Cuba siempre
ha habido zarzuela y tablados flamencos. Además mi
madre es medio española, es hija de español,
de asturiano. En la familia de mi madre siempre se oía
música española. Cuando estudiaba piano también
tocaba música española, otro tipo claro. Los
flamencos no tienen nada que ver con aquello que era más
clásico. Aunque la bulería y el guaguancó
africano, estilizado en Cuba, son primos hermanos.
¿Y
qué le han aportado estos nuevos flamencos como El
Cigala o el Niño Josele?
Bueno,
la razón por la que estamos aquí ahora: éxitos.
¿De
alguna manera llegó a imaginar el éxito que
luego tendría Lágrimas Negras?
Nunca,
nunca. Cuando hicimos ese disco a petición de Fernando
Trueba –que fue quien hizo todo— pensé
que era un buen disco y que podía tener aceptación
como tuvo durante un tiempo la rumba flamenca, con la diferencia
que nosotros hicimos las cosas en tiempo de bolero. Y al bolero
supimos ponerle otras cosas: Diego puso el flamenco y yo,
rasgos de la música cubana que no se usan ya. Parece
que eso, junto a que el ambiente estaba saturado de ciertos
tipos de música, es lo que pegó.
¿A
eso le atribuye el éxito?
Bueno,
el éxito creo que nadie sabe en realidad por qué
ocurre. No hay quien pueda predecir un éxito, nadie.
He
leído en una entrevista que usted niega que Pérez
Prado sea el inventor del mambo...
Claro,
yo tocaba mambo en 1937. El tiempo en que Prado se hizo famoso
en México fue el 47, 48. Él era un buen arreglador,
éramos tres, René Hernández, él
y yo. El mambo es la tercera parte de un danzón. Y
lo hizo Cachao (Israel López). Pérez Prado fue
quien lo internacionalizó, lo que no significa que
lo inventó, claro. En Cuba, Pérez Prado nunca
se inscribió como el “rey del mambo”. Ahí
todos sabíamos que fueron Cachao y su hermano Orestes.
El mambo es la desintegración de una parte del danzón.
La propaganda es propaganda y él lo sabía. Pérez
Prado tocaba mambo como lo tocábamos René y
yo, pero no lo inventó.
En
1994, tras muchos años de ausencia de los escenarios
y los estudios de grabación, vuelve con un disco Bebo
Rides Again, ¿qué lo motivó?
Ese
fue un problema que tuvo Paquito d’Rivera. En realidad
no era mi disco. Él se fue a la Argentina, estuvo de
gira por Chile, por Sudamérica, y había firmado
un contrato con la Messidor de Frankfurt para hacer un disco
en noviembre. Llegó a Buenos Aires por el día
20 y se encontró que tenía un cable de la Messidor.
Me llamó a mí y yo le dije: “Mira Paquito,
hace tiempo que no estoy en eso. Tengo música en la
cabeza, tengo guiones escritos, pero no arreglos” Y
él me dice: “No importa, los inventamos. Tú
fuiste muy amigo de mi padre, Bebo. Necesito hacer esto y
no tengo otra cosa”. Y bueno, trabajé 36 horas,
hice nueve arreglos, el último arreglo me lo envió
mi hijo Chucho. Se los pasé a Paquito. La compañía
dijo: “Si Bebo lo hizo, Bebo es quien se lleva el nombre”.
Y
de ahí en adelante ya no ha vuelto a parar...
No,
ya no. Pero mira, ahora mismo tengo un nieto que también
es músico, como mi hijo Chucho. Yo no me voy a retirar
de golpe, pero voy a empezar a quitarme y quitarme cosas.
Voy a hacer mis grabaciones pero me voy a ir quitando conciertos
y eso. Porque yo ya estoy bastante mayor, tengo 85 año,
voy a cumplir 86. Mi hijo y mi nieto están nuevos.
Tengo una hija también cantante y otra pianista. Esa
es mi herencia musical.
Usted
no ha vuelto nunca a Cuba ¿cierto?
Así
es, desde el 44 no he ido.
¿Y
no tiene intenciones de volver?
Bueno,
yo podría ir a Cuba mañana si quisiera. Lo que
no quiero es ir al “régimen” de Cuba. Yo
soy un hombre libre y debo hacer lo que quiero y cuando quiero.
No obedezco a nadie porque soy mayor de edad ya. Para mí,
según mi manera de ser y de pensar, un pueblo debe
tener su Constitución. Yo tengo la mía, hay
dos incluso, las de 1940 y 1902, pero en Cuba es como si no
existiesen. Si eso no existe en Cuba, yo no puedo ir a un
país donde no tenga ninguna seguridad. No soy político,
ni de izquierdas ni de derechas, no te hablo de política.
Es por eso que no voy a Cuba, no por otra cosa, por el “régimen”.
¿Vio
usted la película Buena Vista Social Club?
Sí.
Y me gustó mucho. Hombre, a esos individuos los conozco
yo. Muchos de ellos era compañeros míos hace
muchos años.
¿Los
ha visto luego?
Los
vi, los vi en América, en Nueva York, los vi aquí
en España, en Suecia. Nos hemos cruzado muchas veces.
¿Y
ha colaborado con ellos?
No,
no, Nunca hemos tocado juntos. Hasta ahí no llegamos.
Ellos ya tienen su grupo hecho.
Entre
los artistas con los que ha colaborado se encuentran grandes
leyendas de la música ¿le importaría
hacer un breve retrato de algunos de ellos?
De
quién, Nat King Cole ¿por ejemplo?
Por
ejemplo
Para
mí, Nat es uno de los mejores cantante que he oído
en mi vida. Además era un hombre que tenía un
oído absoluto, era tan buen pianista como buen cantante.
Tenía una voz grave lindísima y una pronunciación
única, lo que se puede decir también de Perry
Como, de Frank Sinatra, Ella Fitzgerald o Sarah Vaughan.
¿Benny
Moré?
Bueno,
Benny Moré tenía su cosa. Yo lo conocí
cuando iba a México con Miguel Matamoros, allá
por el año 45. Porque Miguel estaba medio ronco y lo
llevó. Lo conocí tocando la guitarra con un
amigo de él. Creo que fue un genio. Lo único
que no puedo aceptar es que, siendo Benny un músico
muy bueno, muy bueno, muy bueno en su género, pero
así como en piano hay muchos estilos y por ende, el
mejor pianista cubano clásico era Ernesto Lecuona,
pero el mejor versonero era Antonio María Romeu. Y
así en cada instrumento y en cada estilo. No es igual
tocar guaguancó que tocar clásico o tocar jazz.
Por eso creo que es un error de mi país haber puesto
a Benny Moré como el mejor en todos los géneros,
porque eso supone eliminar a Abelardo Barroso en el son, a
Miguelito Cuní, a René Cabrero de los cancioneros,
es negarle a Rita Montaner sus méritos. Es erróneo.
¿Celia
Cruz?
Muy
buena, muy buena. Esa es otra cosa. La mejor cantante que
ha tenido Cuba, la más completa, Rita Montaner. Ha
habido cantantes clásicas muy buenas, pero la mejor
cantante de Afro Cuban es Celia. Pero Mercedita Valdés
es la mejor santera. Olga Guillot es la mejor cancionera.
Son distintas. No puedes decir Olga y Celia son las mejores,
una canta boleros y la otra canta otras cosas. Celia no nació
para cantar boleros.
¿Tocó
usted con Celia Cruz?
Sí,
mucho. Entre 1944 y 1947 tocábamos en la misma orquesta.
Y después de eso seguí haciéndole arreglos
a ella. Hasta que se fue de Cuba y luego estuvimos juntos
en México por un tiempo.
¿Qué
música escucha hoy?
De
todo. Música clásica, música mexicana,
española, de todos lados. Creo que de todos los ritmos
que he escuchado el que más me gusta es éste
mexicano del guitarrón... El son huasteco. Es el único
ritmo de latinoamérica que conozco que nunca da un
down beat, las notas de abajo, eso me encanta. Y mucho los
tríos mexicanos también, conocí uno en
el año 33 que se llamaba trío Calavera, divinos,
encantadores. México es uno de los países de
América Latina donde más adoran la música.
Yo tuve un éxito despampanante ahí, en el poco
tiempo que estuve. En realidad, me gustan todas las músicas
del mundo si son buenas, cualquier tipo de música si
es buena.
¿Le
gusta vivir en Suecia?
Sí,
claro. Mucho. Llevo 41 años viviendo ahí.
¿Viaja
mucho?
Ahora
sí, pero antes no salía. Me dedicaba a mi familia,
a mis hijos. Tocaba en una cadena de hoteles muy grande y
también en el ballet, pero estaba sobretodo dedicado
a mi familia y mis hijos.
¿Tiene
algún proyecto para un nuevo disco?
Sí,
estoy haciendo un nuevo disco, uno sólo de piano, que
va a hacer mi último disco mío solo. Voy a hacer
también otro disco con Diego el Cigala, lo vamos a
empezar el mes que entra, estamos recogiendo los números
y faltan los arreglos. Voy a hacer esos dos discos y a ver
qué pasa luego, haré unas cuántas presentaciones
y después veremos. Porque ahora cuando estoy cansado
mando a mi nieto, mando a mi hijo y ya está. Jajajajaja.
Tiene
sucursales...
Jajajajaja.
Sí, a mi nieto ya lo mandé a Colombia antes.
¿Qué
nos puede contar de éste último disco, Bebo
de Cuba?
Bueno,
para este disco yo hice una recopilación, escogí
seis ritmos cubanos. Empiezo con una orquesta grande: 5 saxofones,
5 trompetas, 4 trombones, guitarra, bajo, piano, tumba, bongó,
timbales... Agarro diferentes ritmos antiguos y muestro cómo
se tocaban, cómo se sentían. Hay contrapuntos,
hay fugas. Está muy bien hecho, como si fuera música
europea, internacional, pero hacia el final, los estribillos,
me voy en todos los números hacia el folclore, hacia
las cosas que yo oí de niño. La idea era hacer
la música de ayer cómo se toca hoy y terminar
tocándola de la misma manera que en esos tiempos. Retornar
un poco al espíritu de las big bands.
¿Los
músicos de dónde son?
Son
los mejores músicos que hay. Son de todos los países,
hay mexicanos, cubanos, americanos. Es una selección
mundial que hizo la gente de Blue Note.
¿Ha
quedado contento entonces?
Es
una maravilla. Es candela, candela, chico. Eso sí es
una orquesta, hombre.
Diego Salazar
Foto: Ana Bolívar