Un relato colectivo sobre la marea negra en Galicia en el que puedes participar a partir de ahora.

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Capítulo 8
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La caja era fría bajo el flexo policial. Las fotos a un lado helaban el alma de manera ya sobrehumana.
Un orden anárquico formaba banderas izadas en el filo alevoso de la roca. El crudo pesado y la sangre salpicaban el cadáver de Antonino.
Isma las volvió aguantando una arcada.
-Pereció a las cinco horas de la madrugada de ayer… en un punto de la costa algo lejos de aquí.
-¿Esto es para mí?
-Sí.
Revolvió papeles, fotos.
-El fallecido dejó estos enseres a don Gabino Alonso, a quien no localizamos hasta hoy temprano.
Su mujer era guapa todavía. Isma tenía la impresión de que esos recuerdos no le pertenecían.
-Al llegar aquí huyó. Volvió media hora más tarde con esta carta para usted y un par de indicaciones para encontrarlo sin problemas.
Lacrada. Llevó la mano al sello.
-Es deseo expreso del señor Alonso que no abra el sobre hasta abandonar las dependencias policiales.
Retrocedió.
-Nos hizo saber también que dejaría los objetos personales del señor Antonino García en depósito hasta que usted los recogiera.
Correo abierto, primer amor… ¿último? "Querido furtiviño" Isma retuvo una admiración en la mirada.
-Se le veía afectado y decidimos complacerle.
-¿Las circunstancias de la muerte…?
-Desconocidas.
-¿Desconocidas?
-Se apunta al suicidio…
-Si fueran las cofradías que mataron al furtivo tampoco interesaría saberlo, ¿verdad?
-Recoja estos objetos, por favor.

Cuando sólo su sombra podía expiarlo, rompió la lacra.
Era escasa, concisa y mataba. Sólo "…tú le sacarás más provecho a esto…", "…si hubieran sido los furtivos, no se iba a saber. Pero tampoco conviene que se investigue, ¿sabes? Detener ahora al patrón de una cofraría sería malo para el gobierno…", "…su familia callará si el seguro paga por asesinato, que pagará si conviene…", "…tirarse por ese acantilado es lo mejor que podía hacer de cara a su familia…", "…cinco millones de euros…" y un "Hasta otra." Con la palabra nunca escrita entre líneas.
De nuevo en el chiringuito repasaba los acontecimientos, otra vez negros y crudos. De entre la correspondencia de Antonino había deducido que los furtivos colocan las nasas en noche cerrada.

Texto: Luís F. Seoane
A Coruña (Galicia)

Fotos de Ana Bolívar


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