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La
caja era fría bajo el flexo
policial. Las fotos a un lado helaban
el alma de manera ya sobrehumana.
Un orden anárquico formaba
banderas izadas en el filo alevoso
de la roca. El crudo pesado y la
sangre salpicaban el cadáver
de Antonino.
Isma las volvió aguantando
una arcada.
-Pereció a las cinco horas
de la madrugada de ayer
en
un punto de la costa algo lejos
de aquí.
-¿Esto es para mí?
-Sí.
Revolvió papeles, fotos.
-El fallecido dejó estos
enseres a don Gabino Alonso, a quien
no localizamos hasta hoy temprano.
Su mujer era guapa todavía.
Isma tenía la impresión
de que esos recuerdos no le pertenecían.
-Al llegar aquí huyó.
Volvió media hora más
tarde con esta carta para usted
y un par de indicaciones para encontrarlo
sin problemas.
Lacrada. Llevó la mano al
sello.
-Es deseo expreso del señor
Alonso que no abra el sobre hasta
abandonar las dependencias policiales.
Retrocedió.
-Nos hizo saber también que
dejaría los objetos personales
del señor Antonino García
en depósito hasta que usted
los recogiera.
Correo abierto, primer amor
¿último? "Querido
furtiviño" Isma retuvo
una admiración en la mirada.
-Se le veía afectado y decidimos
complacerle.
-¿Las circunstancias de la
muerte
?
-Desconocidas.
-¿Desconocidas?
-Se apunta al suicidio
-Si fueran las cofradías
que mataron al furtivo tampoco interesaría
saberlo, ¿verdad?
-Recoja estos objetos, por favor.
Cuando sólo su sombra podía
expiarlo, rompió la lacra.
Era escasa, concisa y mataba. Sólo
"
tú le sacarás
más provecho a esto
",
"
si hubieran sido los
furtivos, no se iba a saber. Pero
tampoco conviene que se investigue,
¿sabes? Detener ahora al
patrón de una cofraría
sería malo para el gobierno
",
"
su familia callará
si el seguro paga por asesinato,
que pagará si conviene
",
"
tirarse por ese acantilado
es lo mejor que podía hacer
de cara a su familia
",
"
cinco millones de euros
"
y un "Hasta otra." Con
la palabra nunca escrita entre líneas.
De nuevo en el chiringuito repasaba
los acontecimientos, otra vez negros
y crudos. De entre la correspondencia
de Antonino había deducido
que los furtivos colocan las nasas
en noche cerrada.
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Texto:
Luís F. Seoane
A Coruña
(Galicia)
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