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Pidieron
un café más, optaron
por sentarse a una mesa ya que hasta
ese momento se hallaban parados
y atentamente se dispusieron a escuchar
lo que el morochito quería
plantearles.
-
Veamos comenzó el joven
Todos estamos de acuerdo en que
este desastre desbordó a
los gobernantes de turno, ¿verdad?
-
Mmm
sí respondieron
los dos hombres.
-
Bien, también sabemos que
las consecuencias de esta calamidad
se seguirán viendo por años,
dado que este tipo de daños
ecológicos suelen manifestarse
a mediano y largo, cuando no muy
largo plazo.
-
Sí... -fue la respuesta casi
inaudible.
-
Entonces, mi propuesta radica en
no dejar pasar la oportunidad, en
hacer conocer y hacernos cargo de
los efectos ahora. ¿Cómo?
Vayamos a la clínica adónde
los especialistas constatan la existencia
de un creciente número de
casos de enfermedades respiratorias,
alergias, mareos y pérdida
de memoria, daños en el sistema
inmunológico y hasta problemas
neurológicos en los operarios
de limpieza. Busquemos a los pacientes
y averigüemos qué tipo
de equipos de protección
usaron para trabajar en esas tareas...
Pidámosle a los médicos
que declaren su opinión sobre
la incidencia del crudo en estas
enfermedades. Pidamos apoyo a las
ONG para conseguir datos objetivos
y credibilidad en los informes que
consigamos...
Breixo
y Velasco (así el apellido
del hombre sentado junto a ellos)
lo miraban con una mezcla de incredulidad
y admiración. Sin embargo,
como le había prometido,
Breixo se tomó su tiempo
para responderle.
Isma
esperaba ansioso la respuesta.
-
Mira, jovencito -comenzó
el viejo luego de carraspear un
par de veces en principio
debo decirte que esperaba una disertación
sobre los furtivos que fue, hasta
ahora, lo que más te interesaba.
Pero me sales con esto del daño
ecológico y sobre la salud
de los voluntarios y me dejas medio
perdido.
-
Tiene razón, le pido disculpas,
pero tengo mis razones para cambiar
el rumbo. A poco de las elecciones,
me parece importante que la gente
se entere de las responsabilidades
de quienes tienen interés
en seguir sentados o sentarse por
primera vez en los sitios del poder.
Les pido un favor, llévenme
a la sala de emergencia adónde
se atiende a la gente que está
afectada de tos, la que estuvo usando
mangueras pulverizadoras en la limpieza
y mezcló el petróleo
con vapor de agua y productos químicos,
quiero hablar con alguien.
Los
hombres notaron tanta decisión
en las palabras de Isma que optaron
por acompañarlo. Pagaron
la cuenta y emprendieron el camino.
En el trayecto, silenciosos, los
viejos pensaban que de nada servía,
pero también les recordaba
a los jóvenes que ellos fueron,
cuando creían que podían
cambiar el mundo, luchar contra
los molinos de viento, y sonreían.
Cuando
llegaron a la clínica, le
mostraron las dependencias y dejaron
que el periodista hiciera su trabajo.
Velasco y Breixo salieron a sentarse
en un banco cercano.
Isma
le preguntó a una mujer joven
y muy linda que se hallaba en la
recepción si podía
indicarle cuáles eran los
médicos que se hallaban de
guardia en ese momento y si había
posibilidad de ser recibido por
alguno de ellos.
Sin
querer escuchó a un operario
de la empresa TRAGSA completando
papelería relacionada con
el seguro de salud. Sin pensarlo
dos veces, encaró al desconocido,
se presentó y le preguntó
cuál era el motivo de su
visita a esa clínica.
-
Pues... dijo sorprendido el
hombre un problema de salud.
¿Por qué otro motivo
podría estar acá?
-
Sí, claro sonrió
Isma disculpe. Sé que
le parezco un entrometido, pero
como le dije, soy periodista y estoy
buscando datos sobre los efectos
del chapapote en las personas que
trabajaron como voluntarios o contratados
en la limpieza de las playas...No
pude evitar oír que es empleado
de TRAGSA. ¿Quisiera decirme
si su visita al médico tiene
que ver con eso?
-
Mire sr... ¿Isma me dijo?
Es cierto que trabajo allí,
y tal vez, digo tal vez, mi visita
al doctor tenga que ver con mi trabajo.
En principio estoy aquí por
una tos persistente y un estado
gripal que no cede desde hace semanas.
Si es producto de aspirar el crudo,
pregúnteselo al médico.
-
Entiendo y le agradezco su tiempo.
¿Podría decirme su
nombre? Isma notó cierta
confianza en aquel hombre que tendría
unos pocos años más
que él.
-
Me llamo Gabino Alonso.
-
Señor Alonso, admiro la serenidad
con que usted me expresó
su situación. No deseo aportar
una molestia más para usted,
pero le ruego me permita decirle
que la expresión de su rostro
me hace sentir que hay en usted
un nivel de angustia que excede
al contenido en sus palabras.
-
Su sensibilidad humana supera la
habitual en su profesión.
Todo lo que le he dicho es cierto;
pero no es toda la verdad. Hay algo
más ... -dijo Gabino con
emoción.
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Texto:
Mónica
Tello
(BUENOS AIRES,
ARGENTINA)
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