Un relato colectivo sobre la marea negra en Galicia en el que puedes participar a partir de ahora.

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Capítulo 4
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Pidieron un café más, optaron por sentarse a una mesa ya que hasta ese momento se hallaban parados y atentamente se dispusieron a escuchar lo que el morochito quería plantearles.

- Veamos –comenzó el joven– Todos estamos de acuerdo en que este desastre desbordó a los gobernantes de turno, ¿verdad?

- Mmm… sí –respondieron los dos hombres.

- Bien, también sabemos que las consecuencias de esta calamidad se seguirán viendo por años, dado que este tipo de daños ecológicos suelen manifestarse a mediano y largo, cuando no muy largo plazo.

- Sí... -fue la respuesta casi inaudible.

- Entonces, mi propuesta radica en no dejar pasar la oportunidad, en hacer conocer y hacernos cargo de los efectos ahora. ¿Cómo? Vayamos a la clínica adónde los especialistas constatan la existencia de un creciente número de casos de enfermedades respiratorias, alergias, mareos y pérdida de memoria, daños en el sistema inmunológico y hasta problemas neurológicos en los operarios de limpieza. Busquemos a los pacientes y averigüemos qué tipo de equipos de protección usaron para trabajar en esas tareas... Pidámosle a los médicos que declaren su opinión sobre la incidencia del crudo en estas enfermedades. Pidamos apoyo a las ONG para conseguir datos objetivos y credibilidad en los informes que consigamos...

Breixo y Velasco (así el apellido del hombre sentado junto a ellos) lo miraban con una mezcla de incredulidad y admiración. Sin embargo, como le había prometido, Breixo se tomó su tiempo para responderle.

Isma esperaba ansioso la respuesta.

- Mira, jovencito -comenzó el viejo luego de carraspear un par de veces– en principio debo decirte que esperaba una disertación sobre los furtivos que fue, hasta ahora, lo que más te interesaba. Pero me sales con esto del daño ecológico y sobre la salud de los voluntarios y me dejas medio perdido.

- Tiene razón, le pido disculpas, pero tengo mis razones para cambiar el rumbo. A poco de las elecciones, me parece importante que la gente se entere de las responsabilidades de quienes tienen interés en seguir sentados o sentarse por primera vez en los sitios del poder. Les pido un favor, llévenme a la sala de emergencia adónde se atiende a la gente que está afectada de tos, la que estuvo usando mangueras pulverizadoras en la limpieza y mezcló el petróleo con vapor de agua y productos químicos, quiero hablar con alguien.

Los hombres notaron tanta decisión en las palabras de Isma que optaron por acompañarlo. Pagaron la cuenta y emprendieron el camino. En el trayecto, silenciosos, los viejos pensaban que de nada servía, pero también les recordaba a los jóvenes que ellos fueron, cuando creían que podían cambiar el mundo, luchar contra los molinos de viento, y sonreían.

Cuando llegaron a la clínica, le mostraron las dependencias y dejaron que el periodista hiciera su trabajo. Velasco y Breixo salieron a sentarse en un banco cercano.

Isma le preguntó a una mujer joven y muy linda que se hallaba en la recepción si podía indicarle cuáles eran los médicos que se hallaban de guardia en ese momento y si había posibilidad de ser recibido por alguno de ellos.

Sin querer escuchó a un operario de la empresa TRAGSA completando papelería relacionada con el seguro de salud. Sin pensarlo dos veces, encaró al desconocido, se presentó y le preguntó cuál era el motivo de su visita a esa clínica.

- Pues... –dijo sorprendido el hombre– un problema de salud. ¿Por qué otro motivo podría estar acá?

- Sí, claro –sonrió Isma– disculpe. Sé que le parezco un entrometido, pero como le dije, soy periodista y estoy buscando datos sobre los efectos del chapapote en las personas que trabajaron como voluntarios o contratados en la limpieza de las playas...No pude evitar oír que es empleado de TRAGSA. ¿Quisiera decirme si su visita al médico tiene que ver con eso?

- Mire sr... ¿Isma me dijo? Es cierto que trabajo allí, y tal vez, digo tal vez, mi visita al doctor tenga que ver con mi trabajo. En principio estoy aquí por una tos persistente y un estado gripal que no cede desde hace semanas. Si es producto de aspirar el crudo, pregúnteselo al médico.

- Entiendo y le agradezco su tiempo. ¿Podría decirme su nombre? –Isma notó cierta confianza en aquel hombre que tendría unos pocos años más que él.

- Me llamo Gabino Alonso.

- Señor Alonso, admiro la serenidad con que usted me expresó su situación. No deseo aportar una molestia más para usted, pero le ruego me permita decirle que la expresión de su rostro me hace sentir que hay en usted un nivel de angustia que excede al contenido en sus palabras.

- Su sensibilidad humana supera la habitual en su profesión. Todo lo que le he dicho es cierto; pero no es toda la verdad. Hay algo más ... -dijo Gabino con emoción.

Texto: Mónica Tello
(BUENOS AIRES, ARGENTINA)

Fotos de Ana Bolívar


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