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Cuando
despertó, se sentía
más optimista. Tal vez era
porque había vislumbrado
una posibilidad, una punta para
empezar a armar el rompecabezas.
Ordenarse, dar pasos concretos,
hablar con la gente otra vez.
Iba a empezar por volver al chiringuito
y tratar de entablar conversaciones
que lo llevaran a los furtivos.
Descartó la idea de encarar
a los políticos. Como se
sabe, quién tiene el dinero,
tiene el poder. Y el sólo
era un voluntario con un pequeño
programa de radio, ¿A quién
iba a asustar con eso?
Mejor investigar de incógnito,
como quien no quiere la cosa y,
cuando tuviera todo armado, ahí
sí.. pensaría qué
hacer.
Tomó una ducha, se vistió
y se dirigió hasta el puesto.
Allí estaba Breixo en compañía
de otro hombre. La charla giraba
en torno a una noticia que aparecía
en un diario, sobre la invención,
por parte de un pontevedrés
afincado en Navia de una máquina
para limpiar vertidos de petróleo
en el mar.
El hombre se había impresionado
al ver las imágenes en la
televisión sobre el desastre
que causaba el hundimiento del carguero,
y cuando pensó que los gobiernos
gastan millones en crear armas de
todo tipo, pero nada para salvaguardar
el planeta, puso manos a la obra.
Y ahí, según decía
el diario, estaba la máquina,
llamada por su dueño la "chapapotera".
-Lástima que todo llega cuando
los desastres ocurren. Nunca hay
previsión de nada, -dijo
Breixo, con aire cansado.
-Creo que hay normas, que de cumplirse,
evitarían todos estos desastres.
Pero parece que de tantas normas
ninguna es la responsable ahora,
a ninguna le cabía controlar
el ingreso del barco a esta zona,
ninguno se percató de que
el barco estaba viejo, había
sido detenido en otro puerto (no
me acuerdo cuál).
Lo único que hacen ahora
es tratar de demostrar que nadie
era responsable. Yo me pregunto:
¿para que mierda están
entonces?... -comentó ofuscado
el hombre que lo acompañaba.
-Las normas... -Isma vio la oportunidad
de entrar en tema- ¿pasará
como con las de pesca? Dicen que
la pesca ilegal es moneda corriente
acá.
-¿Otra vez tratando de tirar
la lengua, morocho?- se rió
Breixo -Mira que resultaste insistente,
eh?
-Breixo, es cierto. Sé que
me torno molesto con eso, pero me
parece que no hablarlo no es forma
de que las cosas desaparezcan.
-¿Y tú crees que puedes
arreglar algo? La corrupción
en los sistemas de control está
enquistada desde antes de que tú
nacieras, y no se hace nada porque
a las denuncias no se les da importancia.
Los medios de comunicación
no publican nada. Fíjate
sino, con este desastre, el gobierno
se cansó de decir que no
pasaba nada, que el mar lavaría
todo, que en el invierno todo se
congelaría, rechazó
todo tipo de ayuda diciendo que
no lo necesitaba, hasta que la prensa
internacional no dejó dudas
de que todo se había ido
al carajo... -Breixo se veía
molesto.
Siguió un silencio incómodo,
como si cada uno tratara de digerir
la realidad y tomara conciencia
de que si se quedaban cruzados de
brazos, también ellos eran
cómplices.
- De nada sirven las charlas de
café, -dijo Isma con tristeza.
Nadie oye acá nuestras quejas...
somos unas ovejas.
- El hombre no nació oveja
y no me resigno a serlo. No pretendo
ser un Quijote, pero aquí
traigo una propuesta para dar vuelta
esta tragedia, verla como un desafío.
Si me dan tres minutos, sólo
tres minutos, la expongo. Estoy
preparado para toda crítica,
no me molestan, pero les ruego quieran
ustedes tomarse otros tres minutos
de meditación desprejuiciada,
antes de expresar su opinión.
- No sé de donde salió
este desconocido, pensó Breixo,
pero, por mi parte le concederé
esos seis minutos. ¡Hable
amigo!
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Texto:
Mónica
Tello
(BUENOS AIRES,
ARGENTINA)
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