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Se
tumbó en el camastro con
pesadez, la luz entraba por la ventana
y le daba a la habitación
un aire misterioso, se podían
escuchar las olas rompiendo contra
la playa, olas de un mar herido
de muerte. Tenía que pensar
en otra dirección, los dos
últimos días habían
sido algo más que inútiles,
no conseguía ordenar las
ideas de lo sucedido aquellos meses
en su cabeza, y la clave era que
lo estaba pensando mal. Si, se podía
pensar mal. Había estado
pensando como un detective, buscando
pistas, puro pensamiento periodístico:
demasiado metido en el papel, demasiado
interesado en "descubrir"
algo. Había perdido perspectiva,
era como Oliver Stone buscando pistas
en la zona cero con la esperanza
de hacer la segunda parte de JFK.
La cuestión era más
compleja, no era como coger dos
fotos al azar de todo el montón
y darles continuidad: foto de voluntarios,
empresas contaminantes con filiales
ecológicas que limpiaban
el chapapote, políticos del
pleistoceno controlando los medios
de comunicación
era
otra cosa.
Dio
la vuelta a la cinta mientras jugueteaba
con el cuaderno y el lápiz.Tenía
que haber traído una cámara
Le hubiera gustado fotografiar las
manos de Breixo, esas manos enormes
y llenas de vida, como esculpidas
con sal, querría haberlas
fotografiado para llevarse de ese
lugar algo más que petróleo.
Le dio al play
"
Es cómo si andara jodido,
como si gimiera, ¿no lo escuchas?,
cuando rompen las olas, es como
si se cagara en todos los dioses.
En el barco lo notas perfectamente,
es cómo un animal. Estar
en el mar es muy duro, mucho. Hoy
si, claro, han llegado las subvenciones,
pero eso no cambia nada. ¿Qué
cambia eso?. Habrá quien
se convenza
yo no lo creo,
en éste país estamos
siempre solucionando el problema
de mañana, pero nunca el
de dentro de un año, ¿me
entiendes? Cuando los chavales tengan
que emigrar, cuando el dinero desaparezca,
entonces si que sabremos lo que
ha dejado el barco
".
Breixo
hablaba mirando al mar. Había
salido a limpiar el chapapote con
sus propias manos, junto con otros
compañeros de las cofradías
de pescadores, los primeros días,
cuando no había ninguna medida
de seguridad
"esa es
otra, seguro que nos hemos cogido
algo por respirar esa mierda tantos
días".
Cuando
aún no había ido el
ejército, cuando el gobierno
miraba hacia otro lado, y la oposición
jugueteaba con el conflicto, desmadejándolo
lentamente. Los primeros días
del Nunca Maís, había
salido con su barca a recoger el
chapapote con sus manos, con los
remos, con cubos. Con lo que fuera.
Días y días sin parar,
viendo como esa sangre negra atravesaba
las redes y se posaba en las playas.
Breixo
amaba el mar, lo amaba de una forma
que Isma no podía comprender.
Para él el mar era vida,
trabajo, comercios cerrados, emigración,
industria. Isma sintió por
primera vez esa extraña sensación
de distancia y lejanía. Él
era un voluntario, uno de los miles
que habían sentido la necesidad
de ir a limpiar las playas sin mediación
de nadie, de los miles que habían
decidido no esperar, no dejar que
el problema lo solucionara quien
no quería solucionarlo, cierto.
Honroso. Pero allí había
más cosas, más cosas
que no eran ni las playas ni el
fondo marino, había vida.
Vida herida de muerte, como el lecho
marino.
Era
una forma de ir clarificando las
notas
intentar dibujar con
alguna precisión un mapa
del territorio, eso estaba haciendo,
y eso era relevante. Las complejas
tramas secretas no salían
a la luz, al menos no así.
Reconfortarse en la simplificación
del "detective" no le
llevaría a ninguna parte.
Para saber que había pasado
en todos esos meses había
que ser sociólogo, historiador,
sindicalista, pescador, ama de casa,
estudiante
o había
que escuchar el rumor de la cacofonía
que producían sus relatos.
Como Breixo hablando y mirando al
mar.
Por
fin pudo dormirse. La luz seguía
entrando por la ventana.
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