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Desde su estudio lleno de libros, una suerte de camarote del Capitán Ajab repleto también de mapas y manuscritos, Álvaro Pombo (Santander, 1939) ha lanzado una piedra al manso estanque de la corrección política. Contra natura (Ed. Anagrama) ha rebotado contra el agua hasta llegar a la otra orilla, conteniendo en sus más de 500 páginas la historia de Javier Salazar y Paco Allende, dos hombres de mediana edad que viven sus vidas y su homosexualidad de formas distintas y en cuyas vidas irrumpen dos jóvenes que las trastocarán para siempre, Ramón Durán y Juanjo Garnacho. Pombo tira la piedra pero no esconde la mano: desmonta los tópicos asociados a la homosexualidad reflejando los sentimientos de una generación que la vivió bajo el franquismo y no la disfrutó hasta la democracia, sirviéndose para ello del reflejo de la universalidad del amor y un matiz cristiano importante como nunca antes en su obra. Pero Pombo no sería Pombo si no sacudiera el árbol, del que caen la Iglesia, los matrimonios gays y determinadas actitudes extrapolables a cualquiera, sin reparar en condición sexual alguna.

Contra Natura es una novela valiente, sincera y explícita. Escrita en tiempo real, más ceñida a la actualidad que otras obras suyas. Y coral, en la que hasta los personajes más pequeños se hacen fuertes en la memoria del lector.
Está pegadísima a la actualidad. Pensé que esta novela ganaría en profundidad si me ceñía todo lo posible al Madrid gay que conocemos ahora mismo. No es una novela de costumbres porque es demasiado subjetiva y psicológica, pero ciertamente tiene una voluntad de actualidad. Y sí, Una buena novela depende tanto de los personajes centrales como de unos buenos secundarios, igual que en el cine.

¿Y cómo se enfrentó a ella? Contra natura es una novela larga en un tiempo en el que parece que no están de moda las novelas largas.
Yo escribo la novela que me parece en cada momento que tengo que escribir, no hago esos cálculos de páginas. Y no me ha sido difícil: trabajo todos los días cuatro horas por lo menos, y todos los días salen folios. La técnica que yo utilizo es muy parecida al copión del cine. El sistema que yo tengo es muy oral, me tienen que sonar bien las frases. El equivalente a los encuadres o las tomas es el buen fraseo. La idea del fraseo es tan importante para mí como si estuviera escribiendo una sinfonía o una pieza teatral.

“Ni el amante ni el amado son libres, son esclavos felices”. Entonces, hay esclavitudes buenas...
Las relaciones amorosas son complicadas. Lo que a no me gusta es que se crea que, por el hecho de estar permitido o las cosas funcionan en España y en otros países, la cosa se ha simplificado. Las relaciones humanas han tenido un componente trágico terrible, de imposibilidad. De fracaso y de imposibilidad, un tema muy presente en Contra natura.

Nos habla el narrador de “la carnalidad sin deleite”, hace referencias al mayor Scoobie de El revés de la trama... El cristianismo está presente en la toda la novela, al más puro estilo Graham Greene.
No sólo por esas referencias a Greene hay un discurso cristiano en el libro, que podríamos llamar católico. En Contra natura hay una voluntad cristiana y religiosa, o ético-religiosa, definida por el comportamiento de los personajes; además, creo que no hay novela importante que no tenga esa voluntad ético-religiosa, si no se queda vacía. Yo estoy bautizado en la fe católica aunque no soy practicante porque, ¿quién puede ser practicante hoy en día? Nos están echando a todos fuera de la Iglesia, se van a quedar cuatro gatos. Yo no pido un menú a medida, pero sí que la jerarquía sea sensata.

¿Y porqué todas las confesiones están en contra de la homosexualidad, más allá de que preconicen el sexo como arma de reproducción masiva?
En todas las religiones monoteístas hay un tabú en contra de la sexualidad que no es reproductiva. Pero lo que a mí me choca es que en el catolicismo, se ha dicho hace mucho tiempo que no es la reproducción lo esencial en la relación entre hombre y mujer, si no la mutua compañía. Puede darse una unión entre hombre y mujer donde no haya reproducción porque no quieran, no puedan o mil y un motivos; si la mutua compañía es la razón de ser de las parejas, de la relación matrimonial, a mí no me parece sensato esa exclusión de la bendición a parejas del mismo sexo. No estamos pidiendo el desorden, nadie está pidiendo la bendición de las orgías: hablo de relaciones de pareja estables, serias, hetero ú homosexuales.

¿Qué le parece la encíclica de Benedicto XVI en la que no condena el amor carnal siempre que sea dentro de una relación espiritual entre hombre y mujer?
Esta última encíclica que reduce el amor a entre hombre y mujer es un error. Está bien pensada, no me parece mal que se hable del amor pero no el que se que se reduzca a hombre y mujer. Si la relación del hombre con la trascendencia religiosa está mediatizada por los dogmas o por las instituciones eclesiásticas –no las iglesias- estamos perdidos todos. Estamos utilizando una cosa que es una cifra: Dios. Dios es una cifra, un misterio... ¿Dios prohíbe trabajar en sábado, o la masturbación? Pero cómo va a prohibir, eso son las instituciones.

La novela refleja, a través de sus dos protagonistas principales, dos posturas de vivir la homosexualidad. Incluso usted como autor toma partido, como se ve en el final del libro.
Hay claramente un bueno y el malo. Hay una buena manera de ser homosexual en el contexto de la novela –la de Allende- y una manera perversa y agresiva que termina destruyendo todo lo que toca y a sí mismo, que es la de Salazar. Sí, hay justicia poética en el final. Incluso lo remacho en el epílogo. Hay que obrar bien con el prójimo y ser una buena persona y un buen ciudadano, y estar alegre si se puede.

En 2006, con la normalización de los matrimonios gays, y echando la vista atrás, ¿cómo se vivía la homosexualidad hace 20, 30 años, y cómo se vive en la actualidad?
La generación actual ha aceptado que forma parte de la cotidianeidad. La mía aún le da muchas vueltas. Hay muchas cosas en este libro que son cosas de mayores. Mis personajes son personajes mayores, el dato de que fueran de mi generación es importantísimo. La que yo me encontré cuando vine de Inglaterra sufrió el SIDA, que introdujo un elemento muy complicado y una lección importante tanto en el mundo de la homosexualidad como el de la heterosexualidad. Introdujo una especie de seriedad por dos razones: una higiénica, había que tener cuidado; pero luego introdujo una seriedad que yo valoro más, la seriedad ética: hay que cuidar a nuestros hermanos. Los homosexuales dieron un gran ejemplo de cuidado, se ocuparon de sus parejas o de quienes fueran. Eso fue una cosa muy dignificante. Pienso que una parte del interés acerca del matrimonio homosexual procede de la necesidad que de a consecuencia del SIDA hubo de vivir con parejas estables. Entonces se produce un movimiento, natural por otra parte, de hacerlo con parejas, con gente conocida, y eso ha acabado pidiendo a todos la necesidad de legitimar y legislar. Pero la palabra matrimonio tiene tantas connotaciones que no me gusta, es una palabra religiosa. Me gustaría otra palabra, pero yo no la tengo. Clemente Corona.

Contra natura (2005) está editado por Anagrama.

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