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¿Por
qué le gusta llevar siempre la contraria?
-Yo nunca llevo la contraria.
¿Usted tiene más amigos
que enemigos?
-Tengo suficientes amigos y enemigos, todos
gratuitos.
¿Quiénes son sus amigos
entrañables?
-Mi mejor amigo fue el poeta Mario Santiago,
que murió en 1998. Actualmente tres
de mis mejores amigos son Ignacio Echevarría
y Rodrigo Fresán y A. G. Porta.
¿Antonio Skármeta lo invitó
alguna vez a su programa?
-Una secretaria suya, tal vez su mucama,
me llamó una vez por teléfono.
Le dije que estaba demasiado ocupado.
¿Javier Cercas compartió
con usted las regalías por Soldados
de Salamina?
-No, por supuesto.
¿Enrique Lihn, Jorge Teillier
o Nicanor Parra?
-Nicanor Parra por encima de todos, incluidos
Pablo Neruda y Vicente Huidobro y Gabriela
Mistral.
¿Eugenio Montale, T. S. Eliot
o Xavier Villaurrutia?
-Montale. Si en lugar de Eliot estuviera
James Joyce, pues Joyce. Si en lugar de
Eliot estuviera Ezra Pound, sin duda Pound.
¿John Lennon, Lady Di o Elvis
Presley?
-The Pogues. O Suicide. O Bob Dylan. Pero,
bueno, no nos hagamos los remilgados: Elvis
forever. Elvis con una chapa de sheriff
conduciendo un Mustang y atiborrándose
de pastillas, y con su voz de oro.
¿Quién lee más,
usted o Rodrigo Fresán?
-Depende. El Oeste es para Rodrigo. El Este
para mí. Luego nos contamos los libros
de nuestras correspondientes áreas
y parece que lo hubiéramos leído
todo.
¿Cuál es el mejor poema
de Pablo Neruda según usted?
-Casi cualquiera de Residencia en la Tierra.
¿Qué le hubiera dicho a
Gabriela Mistral si la hubiera conocido?
-Mamá, perdóname, he sido
malo, pero el amor de una mujer hizo que
me volviera bueno.
¿Y a Salvador Allende?
-Poco o nada. Los que tienen el poder (aunque
sea por poco tiempo) no saben nada de literatura,
sólo les interesa el poder. Y yo
puedo ser el payaso de mis lectores, si
me da la real gana, pero nunca de los poderosos.
Suena un poco melodramático. Suena
a declaración de puta honrada. Pero,
en fin, así es.
¿Y a Vicente Huidobro?
-Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí
alalí, demasiado paracaidista que
desciende cantando como un tirolés.
Son mejores los paracaidistas que descienden
envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos
a los que no se les abre el paracaídas.
¿Octavio Paz sigue siendo el enemigo?
-Para mí, ciertamente, no. No sé
qué pensarán los poetas que
durante esa época, cuando yo viví
en México, escribían como
sus clones. Hace mucho que no sé
nada de la poesía mexicana. Releo
a José Juan Tablada y a Ramón
López Velarde, incluso puedo recitar,
si se tercia, a Sor Juana, pero no sé
nada de lo que escriben los que, como yo,
se acercan a los cincuenta años.
¿No le daría ahora ese
papel a Carlos Fuentes?
-Hace mucho que no leo nada de Carlos Fuentes.
¿Qué le produce el hecho
de que Arturo Pérez Reverte sea actualmente
el escritor más leído en lengua
española?
-Pérez Reverte o Isabel Allende.
Da lo mismo. Feuillet era el autor francés
más leído de su época.
¿Y el hecho de que Arturo Pérez
Reverte haya ingresado a la Real Academia?
-La Real Academia es una cueva de cráneos
privilegiados. No está Juan Marsé,
no está Juan Goytisolo, no está
Eduardo Mendoza ni Javier Marías,
no está Olvido García Valdez,
no recuerdo si está Alvaro Pombo
(probablemente si está se deba a
una equivocación), pero está
Pérez Reverte. Bueno, (Paulo) Coelho
también está en la Academia
brasileña.
¿Se arrepiente de haber criticado
el menú que le sirvió Diamela
Eltit?
-Nunca critiqué su menú. Si
acaso, tendría que haber criticado
su humor, un humor vegetariano o, mejor,
a dieta.
¿Le duele que ella lo considere
mala persona después de la crónica
de aquella malograda cena?
-No, pobre Diamela, no me duele. Me duelen
otras cosas.
¿Ha vertido alguna lágrima
por las numerosas críticas que ha
recibido por parte de sus enemigos?
-Muchísimas, cada vez que leo que
alguien habla mal de mí me pongo
a llorar, me arrastro por el suelo, me araño,
dejo de escribir por tiempo indefinido,
el apetito baja, fumo menos, hago deporte,
salgo a caminar a orillas del mar, que,
entre paréntesis, está a menos
de treinta metros de mi casa, y les pregunto
a las gaviotas, cuyos antepasados se comieron
a los peces que se comieron a Ulises, ¿por
qué yo, por qué yo, que ningún
mal les he hecho?
¿Cuál es la opinión
en torno de su obra que más valora?
-Mis libros los lee Carolina (su esposa)
y después (Jorge) Herralde (el editor
de Anagrama) y después procuro olvidarlos
para siempre.
¿Qué cosas compró
con el dinero que ganó en el Rómulo
Gallegos?
-No muchas. Una maleta, según creo
recordar.
De su época que vivía de
los concursos literarios, ¿hubo alguno
que no pudo cobrar?
-Ninguno. Los ayuntamientos españoles,
en este aspecto, son de una probidad fuera
de toda sospecha.
¿Era buen camarero o mejor vendedor
de bisutería?
-El oficio en el que mejor me he desempeñado
fue el de vigilante nocturno de un camping
cerca de Barcelona. Nunca nadie robó
mientras yo estuve allí. Impedí
algunas peleas que hubieran podido terminar
muy mal. Evité un linchamiento (aunque
de buena gana, después, hubiera linchado
o estrangulado yo mismo al tipo en cuestión).
¿Ha experimentado el hambre feroz,
el frío que cala los huesos, el calor
que deja sin aliento?
-Como dice Vittorio Gassman en una película:
modestamente, sí.
¿Ha robado algún libro
que luego no le gustó?
-Nunca. Lo bueno de robar libros (y no cajas
fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento
su contenido antes de perpetrar el delito.
¿Ha caminado alguna vez en medio
del desierto?
-Sí, y en una ocasión, además,
del brazo de mi abuela. La anciana señora
era incansable y yo pensé que de
ésa no salíamos.
¿Ha visto peces de colores debajo
del agua?
-Por supuesto. En Acapulco, sin ir más
lejos, en el año 1974 o 1975.
¿Se ha quemado la piel con un
cigarrillo?
-Nunca voluntariamente.
¿Ha tallado en un tronco de árbol
el nombre de la persona amada?
-He cometido desmanes aún mayores,
pero corramos un tupido velo.
¿Ha visto alguna vez a la mujer
más hermosa del mundo?
-Sí, cuando trabajaba en una tienda,
allá por el año '84. La tienda
estaba vacía y entró una mujer
hindú. Parecía y tal vez fuera
una princesa. Me compró algunos colgantes
de bisutería. Yo, por descontado,
estaba a punto de desmayarme. Tenía
la piel cobriza, el pelo largo, rojo, y
por lo demás era perfecta. La belleza
intemporal. Cuando tuve que cobrarle me
sentí muy avergonzado. Ella me sonrió
como si me dijera que lo entendía
y que no me preocupara. Luego desapareció
y nunca más he vuelto a ver a alguien
así. A veces tengo la impresión
de que era la mismísima diosa Kali,
patrona de los ladrones y de los orfebres,
sólo que Kali también era
la deidad de los asesinos, y esta hindú
no sólo era la mujer más hermosa
de la Tierra sino que también parecía
ser una buena persona, muy dulce y considerada.
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