Pulsa sobre la portada para comprar el libro en Fnac.es

ay Loriga (Madrid, 1967) ha vuelto a Madrid tras un periodo de cinco años viviendo en Nueva York. Además de varios guiones de cine, entre ellos 'El séptimo día', película dirigida por Carlos Saura y que toca el espinoso tema de "La matanza de Puerto Hurraco", se ha traído una nueva novela bajo el brazo. 'El hombre que inventó Manhattan' (El Aleph, 2004) ha cosechado estupendas críticas entre la prensa española y ha agotado su primera edición de diez mil ejemplares en poco más de dos semanas.

 

¿Cómo surge la idea de narrar Nueva York a través de todas estas voces cruzadas que constituyen 'El hombre que inventó Manhattan'?
Andaba dándole vueltas a la idea de escribir sobre Nueva York por un buen tiempo. De un lado, recogiendo la influencia de muchos escritores distintos y, por otro, viviendo en la ciudad y percibiendo muchos manhattans diferentes. Entonces, fue un proceso natural que varios acontecimientos y personajes concretos fuesen quedándose en mi cabeza durante esos cinco años. Cuando me senté a escribir el libro tenía todo eso en la cabeza y en ese formato. Además, contar toda una ciudad desde un solo punto de vista me parece imposible. Quería construir un pequeño mosaico en el que pequeñas piezas fueran componiendo lo que es Manhattan para mí.

¿Fue algo premeditado que la mayoría de los personajes fueran extranjeros o inmigrantes?
Supongo que sí. A lo que más vueltas le di fue a desde dónde contar el libro. No podía usar como única voz la de alguien que hubiera nacido ahí, que fuera norteamericano, porque esa no sería mi voz, yo no he nacido en esa ciudad. Quería también hablar de la ciudad como territorio de ficción, que está en la cabeza de uno antes de llegar y sigue ahí cuando te marchas. Pero no quería hacerlo desde la visión de un turista. Y dado que yo llevaba ya cinco años viviendo ahí, la mayoría de los personajes es gente que, de una u otra manera, fui conociendo.

Ray Loriga
Fotos de Ana Bolívar

¿Por qué has regresado a Madrid?
En realidad por trabajo. Tenía que hacer una película con Carlos Saura y luego otra película que dirigiré yo el año que viene. Por otro lado, la situación política y el clima social reciente en Estados Unidos no me agradaban demasiado. Nueva York era una ciudad que siempre se había mantenido al margen de lo que sucedía en el resto de América pero, a partir del 11 de septiembre, todo se ha fundido un poco más. En tiempos turbulentos, como soy padre de familia también y tengo niños a mi cargo, prefería estar de alguna manera más cerca de casa. No es que el clima social y político aquí me entusiasme pero, al fin y al cabo, esta es mi ciudad y conozco bien todos los parámetros. Nueva York se estaba convirtiendo, América en general, en un sitio complicado para ser extranjero.

¿Cómo has encontrado España a tu vuelta?
En estos cinco años creo que se ha producido un cambio bastante violento. Para bien en un sentido, Madrid por ejemplo es ahora un ciudad mestiza, llena de extranjeros. La migración se ha disparado y eso enriquece el país, enriquece la ciudad, no sólo económicamente sino social y culturalmente. Hay barrios enteros como Chueca y Lavapiés que son casi otro mundo y que yo no conocía de esa manera. También me he encontrado una especie de desconexión entre una sociedad muy próspera y un clima político de enfrentamiento. Donde los abanderados de uno y otro signo parecen empeñados en ahondar las diferencias y sacar rendimientos políticos de ello. Eso me deprime, hay una distancia muy grande entre lo que es este país y lo que los políticos dicen que es.


Tú que has regresado recientemente, ¿crees que se respira cierto "antiamericanismo" en España?

Sí. Lo que pasa es que es un poco "antiamericanismo de opereta". Europa siempre ha mirado a América por encima del hombro, es su manera de quitarse el miedo y el complejo. Pero, si miras con un poco de perspectiva histórica, todos los europeos hemos sido imperio en un momento dado y todos hemos sido igual o más bestias que los americanos ahora. Y lo seguimos siendo cuando podemos. Es decir, el aprovechamiento económico de Latinoamérica por parte de las empresas españoles sí tiene una parte de desarrollo y todo lo que quieras, pero tiene otra parte de enriquecimiento brutal y sangrante que es la más gorda. Creo que no nos da la estatura moral para sacar tanto pecho ante América. Además, la gente no entiende que así como no se puede juzgar a España por Aznar, menos se puede juzgar a Estados Unidos por Bush, porque el apoyo en votos de George Bush es menor porcentualmente al que tiene Aznar aquí, con muchísima diferencia. Yo conozco bien Estados Unidos y es un país mucho más rico, más variado y complejo de lo que se ve desde aquí.

Años atrás decías que en España se seguía escribiendo como si no hubiese sido inventada la televisión ¿Cómo se escribe hoy en España?
A raíz del exilio, de la muerte y desmantelamiento de la Generación del 27 -que creo es la última generación de verdadera vanguardia- la cultura de este país vivía demasiado asustada de la influencia extranjera, de los cambios en el mundo, del rocanrol, del cine, etc. Algo nada saludable. Supongo que poco a poco estos temores se han ido venciendo. Creo que además ha habido una mala comprensión por parte de cierto establishment de la tradición literaria. A mí, por ejemplo, se me acusaba de no respetar la tradición española. Cuando yo creo que soy un escritor formado en ella. Otra cosa es que me he negado siempre a repetir modelos temáticos decimonónicos. Creo haber ido a la esencia de esa literatura, adaptándola al tiempo que vivimos.

Ray Loriga
Fotos de Ana Bolívar

Al principio de tu carrera se te encasilló dentro de un grupo de escritores, junto a Jose Ángel Mañas, entre otros, ¿Te sientes afín a estos u otros autores?
Siempre me he sentido cercano, incluso personalmente, a amigos escritores como Enrique Vila-Matas o Ángel González, Luis García Montero, Benjamín Prado. Exceptuando unos pocos casos, mis amigos escritores siempre han sido los mismos. Lo otro, lo de la generación X, Mañas y demás, creo que era muy artificial puesto que éramos gente que tenía muy poco que ver en lo literario y que además no teníamos ningún contacto personal. Todos los escritores reniegan de ser metidos en una generación, pero si hablamos de los Beatniks o la Generación del 27, existía un lugar de encuentro, era gente que se conocía, incluso eran amigos y participaban de proyectos comunes. Luego cada cual podía ser muy diferente, pero había un núcleo. En mi supuesta generación nunca lo hubo. Cuando yo empecé a publicar no conocía de nada a ninguno de los escritores que luego me pusieron como compañero de ruta y sigo sin conocerlos.

Y respecto a la literatura latinoamericana...
Por supuesto. De hecho mantengo una relación cercana, tanto en lo literario como en lo personal, con gente como Alberto Fuguet y Rodrigo Fresán. Siento una grandísima admiración por Roberto Bolaño y Ricardo Piglia. Creo que mucho de lo mejor que le ha pasado a la literatura en español viene de allá. Nunca he entendido que, una vez que los condenamos a usar nuestra lengua, exista algo como la literatura española, separado de la literatura hispanoamericana.

¿Qué queda del Ray Loriga que posaba desafiante en la portada de 'Héroes' (Plaza y Janés, 1993)?
Los derechos de autor. No, ya hablando en serio. Esa foto no estaba hecha para la portada, fue tomada para una revista que ahora no recuerdo. Yo quería una foto en especial para ese libro, pero hubo un problema con los derechos, creo que les pedían demasiado dinero. Y se le ocurrió al editor utilizar esa foto mía. Pensé que tenía sentido porque ese libro estaba hecho con el espíritu de un "disco sin música". Y así como Bob Dylan es un músico muy serio y sale en la portada de todos sus discos, lo mismo que Leonard Cohen y Serge Gainsbourg, pensé que era una buena idea. En su día se montó todo un lío alrededor de eso, pero luego hemos podido ver la foto de escritores muy serios en las portadas de sus libros.

En su día, todo lo que hacía o decía Ray Loriga era carne de titular o escándalo, ¿piensas que sigue siendo así?
Mira, de alguna manera como la crítica más seria ha hecho un esfuerzo muy grande en posicionarme dentro del panorama cultural, aunque sea como excepción, me siento un tanto asimilado. Lo que no sé si es peligroso. Pero me siento reconocido y entendido como uno de los escritores que hay, aunque no seamos todos iguales ni mucho menos.

¿Te sientes más cómodo así, dentro del "canon", en lugar de ser considerado un outsider como al principio?
Es extraño, porque mi primer libro tuvo una crítica magnífica en El País. Por lo general he recibido buenas críticas en su suplemento Babelia. Y es el suplemento cultural más importante aquí, algo así como nuestro The New York Times. Así que, en ese supuesto desencuentro entre la crítica y mis libros, ha habido más de invención que de realidad. Por último, creo que luchar por cosas menos importantes como la imagen o la posición que uno tiene dentro del panorama cultural te quita mucha energía para pelear por lo que en realidad importa que es escribir cada día mejores libros.

Una vez escrito tu libro sobre Nueva York, ¿tienes alguna idea para una película de Nueva York?
Tengo un guión escrito para una película en inglés y en Nueva York. Es una historia sobre un padre y un hijo, mayores los dos, uno tiene 70 y el otro 40. Es una aventura muy personal centrada en esos dos personajes, aunque tiene mucho de la ciudad. A lo mejor algún día la hago cuando termine la película que voy a hacer este año.

Ray Loriga
Fotos de Ana Bolívar

¿Puedes contar algo de esa película que vas a dirigir?
Lo estamos manteniendo muy en secreto pero te puedo decir que es una película histórica, que transcurre en el siglo XVI y que habla de un escritor real de esa época.

¿Qué te atrajo de la matanza de Puerto Hurraco para escribir la película que dirige Carlos Saura?
El cheque. No, ya en serio. He ido desarrollando un trabajo paralelo como guionista y una de las cosas que me gusta de esto, es que me permite trabajar con otra gente, con otras ideas, me hace salir un poco del mundo mío, personal. Junto al desafío técnico de trabajar con materiales ajenos, en este caso con una historia real y material periodístico. Eso y trabajar con Carlos Saura. Además de que está muy bien remunerado, me gusta mucho el trabajo de guionista porque me permite tocar muchos temas que no me plantearía como novelista: un guión de acción o una recreación histórica, por ejemplo.

Por último, el ritmo acelerado y roncarolero de tus primeros libros ha dado a paso a un tono más calmo, incluso tierno en 'El hombre que inventó Manhattan' ¿crees que, en ese sentido, has madurado como escritor?
No me gusta mucho la palabra madurez. La siguiente palabra después de "madurez" es "pudrirse" y eso me asusta. Siempre me he sentido como un corresponsal de mi momento, del ahora en el que estaba. Hubiera sido una impostura ser otra persona cuando empecé a publicar a los 23 años y sería una impostura pretender ahora que tengo esa edad. Supongo que es parte de un proceso de evolución, ni siquiera de mejora. La gente lo ve todo como que crecer es mejorar, pero así como se aprenden muchas cosas, otras se olvidan. De todas maneras es bueno sufrir ese proceso, no hay nada peor que estar toda la vida cantando la misma canción que entonábamos a los 20 años.