UN CERVANTES EN CALLAO
El pasado día 27 de mayo, José Jiménez Lozano estuvo en el Forum de Fnac Callao. El último galardonado con el Premio Cervantes sedujo a los asistentes al acto con su humildad, su bondad, su sapiencia y su dominio del idioma. Todo un lujo para los sentidos, como podéis comprobar en esta breve entrevista a la que se prestó encantado.


En su obra abundan tratamientos sobre personajes y sucesos capitales de nuestra cultura y nuestra historia, de los cuales parece que nos hemos olvidado. ¿Es esta una tarea de todo escritor, la de rescatar para la memoria colectiva otros nombres, otras épocas, otras maneras de sentir, sepultadas por esta modernidad que nos invade?
Yo creo que no es que sea una tarea a realizar. Para ser algo, hay que tener una peana debajo. No podemos estar en el aire. Somos hijos de algo y venimos de ahí; si somos lo que somos, para bien y para mal -eso ya son juicios-, con una escala de valores, es por lo que hemos recibido. En un momento determinado todos recibimos algo y se supone que lo entregamos, en toda la historia. En Chârtres, en la catedral, hay una cristalera a la izquierda donde se ve a un viejo y a un niño y dice en latín: "El pasado y el presente". El tiempo presente es el niño, que está encima de los hombros del viejo. El niño ve mejor, pero gracias al viejo que le aúpa. No se trata sólo de una memoria que sea más o menos interesante o que nos conmueva, es que no somos si no ponemos los pies en algo. Son treinta siglos de civilización. Cuando nacemos, nacemos en estado neardental, como animalitos. Entonces, la educación consiste en meter a todos -30 siglos no se puede- lo más que se pueda. No sólo en pensares, si no en sentires. Pero, ¿podemos olvidar? Hombre, habría que ponerse de acuerdo sobre lo que es la modernidad. Si la modernidad significa 'lo de hoy', pues lo de hoy mañana ya no es. Siempre ha habido, hay mil modernidades. Es lo mismo que con la juventud: está muy bien, pero pasa deprisa. No adelantamos nada con eso. Si llamamos modernidad a la Ilustración, eso ya es otra cuestión. Entonces, lo que tenemos que tener en cuenta son dos cosas: si estamos dispuestos a rebelarnos contra el tiempo de los padres, quitando nuestra peana de sí mismos o, naturalmente, tenemos quizá la obligación de superarlo y de encaminar las cosas de otra manera, como hace toda generación. Es lo que tiene de bueno la generación joven, que tiene un inconformismo -no dando la patada a su padre porque si no se queda en la calle-, tiene que coger lo que su padre ha hecho y luego con ello hacer lo que le parezca, procurando transmitir siempre algo porque treinta siglos dan de sí y hay que tener un poco de respeto.

Usted ha mencionado en varios de sus trabajos periodísticos la vigencia actual del Imperio, como pueda pasar en el caso de los nombres que se les pone a los niños de hoy: en la antigüedad eran Julio o Cayo, hoy son Jessica o Vanesa. ¿Por dónde cree que transitará nuestro idioma, si será o no contaminado por esa 'fuerza imperial'?
Depende de nosotros. De momento, no ha habido ningún poder en este mundo que haya sido capaz de modificar la lengua. Ninguno. Hay una gramática canalla con la que hay que tener cuidado y que usan, no las dictaduras si no los totalitarismos, que es una cosa muy distinta. La dictadura no es más que el mando de un señor que manda; lo terrible del totalitarismo es que se come el alma y la vida de los hombres. Y los totalitarismos siempre empiezan por cambiar la gramática. Por ejemplo, llaman 'aldea' a los campos de concentración, 'defensa de la vida humana' a la pena de muerte... Las cosas deben llamarse por su nombre y la gramática no la tenemos que dejar comer. Que el lenguaje de la técnica hoy en día sea el inglés, es lógico porque viene de allí y es natural; pero que el lenguaje de la filosofía tenga que ser el inglés, no tiene sentido. Que el lenguaje de la calle tenga que ser el inglés, tampoco. Que un vendedor le diga a usted que le va hacer un 'leasing' en lugar de alquilar una casa, pues o es idiota o lo soy yo, pero uno de los dos lo es, porque tenemos el castellano suficiente. Para la técnica pues es bueno, es un lenguaje de disciplina, como los médicos, los mecánicos o los labradores tienen el suyo. Pero nuestro lenguaje, gracias al que hablamos y pensamos, si las cosas las decimos claras es que las hemos pensado claras. La capacidad de nombrar, la honestidad por nombrar las cosas, y no llamar a una cosa, otra. Hay que decir las cosas como son. No es de hoy, esto del lenguaje políticamente correcto. Por ejemplo, 'viejo'. 'Viejo' no tiene nada de malo, es el que ha nacido antes, que alguna vez tendrá que morirse... Es idiota andar llamándole 'rico en años', porque es mentira, los ha perdido. Y así, lo demás. El problema de nuestra actitud ante los demás es interior. Lo 'políticamente correcto', además de ser una ortodoxia como otra cualquiera, es muy peligroso porque no nos deja ser nosotros mismos. Hay que ser honestos con el lenguaje.


Usted es uno de los 'padres' de "Las Edades del Hombre". ¿Es esta la obra de una vida?
No. Mire usted, el padre don José Bilecia, un amigo que ya murió, se nos ocurrió que tantas cosas hermosas que había y que no eran conocidas, agruparlas no de la manera acostumbrada, de la historia de las formas -románico, gótico- si no usando alguna palabra que diera al que lo veía una idea de dónde habían nacido. Por ejemplo, 'descendimiento' -que se pintan sobre todo en el siglo XV, un momento social angustioso donde la gente está desengañada de la política y del mundo- recuerda algo que pueda conmover de otra manera. De eso se trataba. Pero merece la pena en sí. Fue la vida misma de Belicia, quien puso toda la carne en el asador, pero era un hombre que podía hacer otras cosas a la vez.


Como escritor preocupado por la religión en muchos de sus libros, ¿cómo ve el auge de los fundamentalismos religiosos al que estamos asistiendo?
Yo, eso de los fundamentalismos, no lo veo. Lo que creo es que siempre los ha habido. El fundamentalismo en sí no quiere decir nada. Por ejemplo, todos los árabes tienen que ser fundamentalistas por una razón muy sencilla: el Corán no es como la Biblia, la Biblia está escrita por hombres -sujeta a crítica- y el Corán se supone un libro traído del cielo y no se puede tocar. Eso significa fundamentalismo. Si hay razones de violencia o no... Pero, por lo menos la Historia nos dice lo siguiente: las guerras religiosas, más que otra cosa, son la militarización de la religión, como la militarización de otros sentimientos. En la guerra, se militariza todo. Hay algunos fundamentalismos religiosos que son preocupantes, porque en sí son puramente manifestaciones psíquicas de inconformismo y rebelión. La capa puede ser religiosa, pero podría ser psicológica, política... Hay que matizar mucho lo que se entiende por religión: hoy por ejemplo, en España tiene menor o casi ninguna vigencia pública, pero esto es secundario porque las religiones están hechas para ser vividas interiormente. Si se politiza es política, no religión. El que haya muchas cruces en un sitio no quieren decir que estén en el corazón, y a la inversa. De modo que es muy complejo. Si usted se refiere a estas manifestaciones violentas de tipo islámico, sí, esto es verdad. Alguno podría decir que es una especie de 'teología de la liberación' islámica, pero eso es algo peligroso y muy fácil de instrumentar .

Lo dicho, un placer.

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  "Sí, de veras, y yo lo admiro mucho, por sus obras y por ser como es tan autentico, tan real, veo siempre sus entrevistas y lo admiro más, siento un orgullo inmenso que es por el escritor y por el gran hombre que vive dentro de Ud., suerte siempre... y ojalá que algún día lo pueda ver de verdad y pueda darme un autógrafo. Adiós".

Teresa, en el Foro de Bryce Echenique

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