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Los
rincones más literarios de Lisboa (1)
El
lugar por excelencia es el barrio de O Chiado,
ya casi recuperado del incendio infernal que le
asoló en 1988. Hoy, sus remozadas calles asisten
al desfile diario de miles de turistas, que fotografían
fascinados las que para muchos son las calles
del barrio más bonito de Europa. Pero los
lugares con significación literaria se reparten
por toda la ciudad. Junto con el adyacente Bairro
Alto, el centro de la reunión más juvenil
y noctámbula, conforma una de las rutas más sabrosas
y pintorescas, imprescindibles para entender el
alma lisboeta. La iglesia de San Roque
(Largo Trindade Coelho), el legendario
Teatro de Sâo Carlos (Largo de Sâo Carlos)
o el Museo del Chiado (Rúa Serpa Pinto,
6) son sólo algunos de los lugares más interesantes.
Si os situáis en la Praça do Comercio,
el punto neurálgico de la metrópoli, a la derecha,
tras la magnífica estación de ferrocarril de
Santa Apolónia, surge uno de los conjuntos
arquitectónicos más bellos de Lisboa, el tradicional
barrio de Alfama. Tiene su origen en la
época de la dominación árabe, y ya desde aquellos
años es punto tradicional de congregación de artesanos
y pescadores. Las callejuelas, que se extienden
sobre la falda del monte del castillo de San
Jorge hasta el río Tajo, son de las
más sabrosas de la ciudad, y sus fachadas normalmente
se cubren de azulejos. Es en este barrio donde
se encuentra la catedral, la Sé, uno de
los templos más bellos de Portugal. Otro
barrio ineludible es el de Cais do Sodré,
que en sus orígenes (tras el terremoto de 1755)
se convirtió en uno de los más selectos de la
ciudad, y que no tardaría mucho en ser punto de
encuentro de los marinos que arribaban al puerto
lisboeta desde las cinco esquinas del mundo. Sólo
sea por tomar un café en el British (Rúa
Bernardino da Costa) y contemplar el trasiego
del Mercado da Ribeira, merece muy mucho
pasear por sus calles. La casa de Fernando
Pessoa (Rúa Coelho da Rocha, 16), que
el poeta habitó durante los últimos años de su
vida, está totalmente reformada. Hay biblioteca,
centro de documentación y algunos objetos personales
expuestos en vitrinas, pero poca cosa: un pasaporte,
una agenda... en la puerta de entrada saluda,
al modo de vitrina, una carta astral del escritor
en piedra. 
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