uana Salabert (París, 1962) nació y se educó en Francia, donde sus padres vivían el exilio franquista. Sin embargo, ha escrito siempre en español y ya desde sus primeros libros 'Varadero' y 'Arde lo que será' (finalista del Premio Nadal), publicados ambos en 1996, se ganó un lugar entre la crítica y los lectores españoles. Posición que se vio confirmada con la concesión del Premio Biblioteca Breve por su novela 'Velódromo de invierno' (Seix Barral, 2001), que desnudaba el horror nazi a través de los asustados ojos de una niña. Ahora vuelve a la carga con 'La noche ciega' (Seix Barral, 2004), donde hace suya la memoria de sus padres y abuelos en plena Guerra Civil española.

 
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¿Cómo nació la idea para La noche ciega?
Después de 'Velódromo de invierno' (Premio Biblioteca Breve 2001. Seix Barral), que fue un libro muy duro de escribir, necesitaba escribir una novela que pusiese el acento en la energía vital y los sentimientos. Además me apetecía mucho rendirle un homenaje a todo aquello que pudo ser y no fue porque lo truncó el franquismo. A esa burguesía liberal republicana, que no era radical como la presentaron después los franquistas, sino que intentó modernizar este país.

¿Por qué una novela de la guerra civil, hoy en día?
Porque creo que es lógico que quienes no la vivimos pero la hemos oído contar en las cocinas de nuestras casa y la hemos leído en otros autores, al pasar la página de un siglo a otro, nos interese reflexionar sobre la condición humana dentro de una guerra, que encima es una guerra civil. No se trata de hacer una reflexión política del "por qué ocurrieron las cosas" sino hablar de como se sentían personas que, como la familia protagonista del libro, han marchado a pasar un veraneo y ven sus vidas interrumpidas por el estallido de una guerra. Me gusta mucho aquella obra de teatro 'Las bicicletas son para el verano'. Hace poco mi hija fue a verla con su escuela y también quedó cautivada. Me di cuenta que, en el fondo, no importa que alguien no haya vivido una época, si esa época es todavía suya de alguna manera. Con el nazismo pasa igual, ves una foto de alguien con esa estrella amarilla y, aunque no usaran vaqueros, por lo demás, podríamos perfectamente ser nosotros.

Juana Salabert
Fotos de Ana Bolívar

¿Consideras que es una novela comprometida?
A mi no me gusta la expresión literatura comprometida, lo que no quiere decir que no me gusta Sartre, por ejemplo, a quien ahora estoy traduciendo y me encanta. Pero no estoy de acuerdo con la idea. Creo que un autor tiene que comprometerse con su texto. Y su texto muchas veces no se condice con sus ideas. Balzac, por ejemplo, era en la vida real un reaccionario y al leerlo da la impresión ser un autor enormemente progresista. Pasaba lo mismo con el realismo socialista, que a mi me parece muy reaccionario y seguramente esos autores pensaban que eran la súper izquierda.

La novela está dedicada a tus padres, ¿cuánto de su experiencia o del recuerdo que tienes tú de esa experiencia, hay en ella?
Obviamente todos cuando escribimos inconscientemente cogemos un poco de la gente entre la que crecimos. No es una novela autobiográfica en absoluto pero la familia de la novela es muy excéntrica, muy liberal; no es igual a la familia de mi madre pero comparte con ella esos y algunos otros rasgos. Y en cuanto a mi padre, él fue un niño de la guerra, con menos suerte que esta familia. Le pescó en Madrid y fue herido en bombardeo. No habla casi nunca de esto, aunque en Francia escribió una novela llamada El exilio interior en la que relataba su experiencia de niño bajo las bombas. Pero lo que me interesaba más era esta idea de la paz del veraneo y la infancia que estalla en pedazos, obligándote a crecer más deprisa.

¿Cómo te marcó a ti el exilio de tu padre?
Paradójicamente, he tenido la fortuna de tener dos lenguas, de escribir y leer en dos idiomas. Mira, la primera visión que yo tengo del franquismo es un recuerdo muy tonto: Habíamos venido a pasar las vacaciones a Madrid y estábamos en Galerías Preciados. Yo bajaba las escaleras mecánicas cantando el Himno de Riego, que había escuchado algunas veces en mi casa. Mi madre se puso muy nerviosa y me dijo que en España metían a la gente en la cárcel por eso. Todo eso me dejó el recuerdo de un país muy gris, donde me parecía que la gente vestía con menos colores, lo cual quizá no sea cierto, pero tengo un sensación de mediocridad generalizada.

Juana Salabert
Fotos de Ana Bolívar

¿Te has sentido extranjera en España alguna vez?
No. Siempre me ha gustado mucho el campo español, siento un amor muy profundo hacia la literatura española, mi familia es española y yo quise la nacionalidad española. Aunque sí me costó un poquito cuando volvimos todos, ten en cuenta que era una época de mucha violencia política, por eso quise regresar a Francia a terminar los estudios. Cuando oigo decir que la transición fue modélica pienso que no es que haya salido mal pero mi padre era periodista y la extrema derecha llamaba a mi casa a insultarlo. Cuando hubo la matanza de abogados de Atocha tuvimos que marcharnos de casa por una temporada. No fue todo tan modélico todo, creo.

¿Cómo conectan tu novela anterior Velódromo de invierno, que tiene como telón de fondo el horror nazi, con La noche ciega, ambientada en la España de la Guerra Civil?
Hay dos niñas en cada una: Ilse en Velódromo... y Nina en La noche... Para mí una sería la sombra y la otra la luz. Esta es una novela que pone el acento mucho más en cómo el ser humano es capaz de buscar un camino de dignidad, incluso en los momentos más turbios, a través del arte. Es una historia más sentimental también. Otro punto de conexión sería la Francia ocupada hacia el final de 'La noche ciega', que también es uno de los escenarios de 'Velódromo...'.

Leí un artículo tuyo en el que advertías sobre el auge de un nuevo antisemitismo en Europa y concretamente en España, ¿Cuál crees que es el alcance real de este fenómeno?
Me parece peligrosísimo lo que está ocurriendo. He estado leyendo el otro día un trabajo extraordinariamente antisemita, de un profesor español cuyo nombre es irrelevante. Curiosamente, en el caso español, el antisemitismo viene ahora de la izquierda. Ten en cuenta que aquí la expulsión de los judíos ha dejado una ausencia que ha sido casi imposible de llenar. Aquí una parte de la izquierda es culpable de estar asociando permanentemente la diáspora al gobierno israelí, lo que me parece gravísimo. Luego, yo leo a los antisemitas cuando citan a Norman Birnbaum atacando al estado de Israel y nunca dicen que es judío. Sin embargo siempre recalcan que Wolfowitz (Subsecretario de Defensa de EE. UU.) lo es. Creo que estamos volviendo a 'Los protocolos de los sabios de Sion' que, por cierto, he visto en librerías españolas recientemente, en algunas de viejo y otras de novedades, lo que me parece un tanto sospechoso.

Juana Salabert
Fotos de Ana Bolívar

¿Qué sientes cuando la crítica o los lectores hablan de "literatura femenina"? ¿Crees que cabe esa distinción?
Para mi no. Ellos son muy libres de hablar de lo que quieran, pero yo no veo por qué al libro de un hombre nadie le llama entonces "literatura masculina". Entiendo esto como una forma de machismo casi inconsciente. Sé que hay muchas mujeres que defienden que las mujeres escriben de distinta manera sólo por el hecho de ser mujeres. Algo que me parece ridículo. No sé, Flaubert y Madame Bovary es el ejemplo típico, o Tolstoi con Anna Karenina. Creo que un novelista a la hora de escribir cambia de sexo según el punto de vista del personaje.

Para terminar, ¿A qué autores te sientes cercana?
Que me sienta cercana no quiere decir que me emule yo a ellos, eh. Simplemente quiero decir que me gustan. Por encima de todo Marcel Proust. Me gusta muchísimo la literatura latinoamericana, me entusiasman Juan Rulfo, Vargas Llosa, Osvaldo Soriano, Cortázar, Mújica Lainez... me parece que los latinoamericanos han recogido muy bien toda la modernidad y la tradición. Me encanta también Faulkner, Quevedo y Cervantes. Entre los más actuales, he leído hace poco 'El futuro' de Gonzalo Garcés que me gustó mucho, 'La capital del olvido' de Horacio Vázquez-Rial y sobretodo leí hace ya un tiempo 'Río Fugitivo' del boliviano Edmundo Paz Soldán, que me pareció una novela preciosa. Entre los españoles, Ana María Matute, Gustavo Martín Garzo (especialmente 'El pequeño heredero'), Javier Marías y bueno, siempre se te quedan nombres en el tintero.

La ganadora de un ejemplar de "La noche ciega" firmado por la autora es:

Beatriz Río Soria