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¿Cómo nació
la idea para La noche ciega?
Después de 'Velódromo de invierno'
(Premio Biblioteca Breve 2001. Seix Barral), que fue un
libro muy duro de escribir, necesitaba escribir una novela
que pusiese el acento en la energía vital y los
sentimientos. Además me apetecía mucho rendirle
un homenaje a todo aquello que pudo ser y no fue porque
lo truncó el franquismo. A esa burguesía
liberal republicana, que no era radical como la presentaron
después los franquistas, sino que intentó
modernizar este país.
¿Por qué una novela
de la guerra civil, hoy en día?
Porque creo que es lógico que quienes no la vivimos
pero la hemos oído contar en las cocinas de nuestras
casa y la hemos leído en otros autores, al pasar
la página de un siglo a otro, nos interese reflexionar
sobre la condición humana dentro de una guerra,
que encima es una guerra civil. No se trata de hacer una
reflexión política del "por qué
ocurrieron las cosas" sino hablar de como se sentían
personas que, como la familia protagonista del libro,
han marchado a pasar un veraneo y ven sus vidas interrumpidas
por el estallido de una guerra. Me gusta mucho aquella
obra de teatro 'Las bicicletas son para el verano'. Hace
poco mi hija fue a verla con su escuela y también
quedó cautivada. Me di cuenta que, en el fondo,
no importa que alguien no haya vivido una época,
si esa época es todavía suya de alguna manera.
Con el nazismo pasa igual, ves una foto de alguien con
esa estrella amarilla y, aunque no usaran vaqueros, por
lo demás, podríamos perfectamente ser nosotros.
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Juana
Salabert
Fotos de Ana Bolívar |
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¿Consideras que es una novela
comprometida?
A mi no me gusta la expresión literatura comprometida,
lo que no quiere decir que no me gusta Sartre, por ejemplo,
a quien ahora estoy traduciendo y me encanta. Pero no
estoy de acuerdo con la idea. Creo que un autor tiene
que comprometerse con su texto. Y su texto muchas veces
no se condice con sus ideas. Balzac, por ejemplo, era
en la vida real un reaccionario y al leerlo da la impresión
ser un autor enormemente progresista. Pasaba lo mismo
con el realismo socialista, que a mi me parece muy reaccionario
y seguramente esos autores pensaban que eran la súper
izquierda.
La novela está dedicada
a tus padres, ¿cuánto de su experiencia
o del recuerdo que tienes tú de esa experiencia,
hay en ella?
Obviamente todos cuando escribimos inconscientemente cogemos
un poco de la gente entre la que crecimos. No es una novela
autobiográfica en absoluto pero la familia de la
novela es muy excéntrica, muy liberal; no es igual
a la familia de mi madre pero comparte con ella esos y
algunos otros rasgos. Y en cuanto a mi padre, él
fue un niño de la guerra, con menos suerte que
esta familia. Le pescó en Madrid y fue herido en
bombardeo. No habla casi nunca de esto, aunque en Francia
escribió una novela llamada El exilio interior
en la que relataba su experiencia de niño bajo
las bombas. Pero lo que me interesaba más era esta
idea de la paz del veraneo y la infancia que estalla en
pedazos, obligándote a crecer más deprisa.
¿Cómo te marcó
a ti el exilio de tu padre?
Paradójicamente, he tenido la fortuna de tener
dos lenguas, de escribir y leer en dos idiomas. Mira,
la primera visión que yo tengo del franquismo es
un recuerdo muy tonto: Habíamos venido a pasar
las vacaciones a Madrid y estábamos en Galerías
Preciados. Yo bajaba las escaleras mecánicas cantando
el Himno de Riego, que había escuchado algunas
veces en mi casa. Mi madre se puso muy nerviosa y me dijo
que en España metían a la gente en la cárcel
por eso. Todo eso me dejó el recuerdo de un país
muy gris, donde me parecía que la gente vestía
con menos colores, lo cual quizá no sea cierto,
pero tengo un sensación de mediocridad generalizada.
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Juana
Salabert
Fotos de Ana Bolívar |
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¿Te has sentido extranjera
en España alguna vez?
No. Siempre me ha gustado mucho el campo español,
siento un amor muy profundo hacia la literatura española,
mi familia es española y yo quise la nacionalidad
española. Aunque sí me costó un poquito
cuando volvimos todos, ten en cuenta que era una época
de mucha violencia política, por eso quise regresar
a Francia a terminar los estudios. Cuando oigo decir que
la transición fue modélica pienso que no
es que haya salido mal pero mi padre era periodista y
la extrema derecha llamaba a mi casa a insultarlo. Cuando
hubo la matanza de abogados de Atocha tuvimos que marcharnos
de casa por una temporada. No fue todo tan modélico
todo, creo.
¿Cómo conectan tu
novela anterior Velódromo de invierno, que tiene
como telón de fondo el horror nazi, con La noche
ciega, ambientada en la España de la Guerra Civil?
Hay dos niñas en cada una: Ilse en Velódromo...
y Nina en La noche... Para mí una sería
la sombra y la otra la luz. Esta es una novela que pone
el acento mucho más en cómo el ser humano
es capaz de buscar un camino de dignidad, incluso en los
momentos más turbios, a través del arte.
Es una historia más sentimental también.
Otro punto de conexión sería la Francia
ocupada hacia el final de 'La noche ciega', que también
es uno de los escenarios de 'Velódromo...'.
Leí un artículo tuyo
en el que advertías sobre el auge de un nuevo antisemitismo
en Europa y concretamente en España, ¿Cuál
crees que es el alcance real de este fenómeno?
Me parece peligrosísimo lo que está ocurriendo.
He estado leyendo el otro día un trabajo extraordinariamente
antisemita, de un profesor español cuyo nombre
es irrelevante. Curiosamente, en el caso español,
el antisemitismo viene ahora de la izquierda. Ten en cuenta
que aquí la expulsión de los judíos
ha dejado una ausencia que ha sido casi imposible de llenar.
Aquí una parte de la izquierda es culpable de estar
asociando permanentemente la diáspora al gobierno
israelí, lo que me parece gravísimo. Luego,
yo leo a los antisemitas cuando citan a Norman Birnbaum
atacando al estado de Israel y nunca dicen que es judío.
Sin embargo siempre recalcan que Wolfowitz (Subsecretario
de Defensa de EE. UU.) lo es. Creo que estamos volviendo
a 'Los protocolos de los sabios de Sion' que, por cierto,
he visto en librerías españolas recientemente,
en algunas de viejo y otras de novedades, lo que me parece
un tanto sospechoso.
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Juana
Salabert
Fotos de Ana Bolívar |
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¿Qué sientes cuando
la crítica o los lectores hablan de "literatura
femenina"? ¿Crees que cabe esa distinción?
Para mi no. Ellos son muy libres de hablar de lo que quieran,
pero yo no veo por qué al libro de un hombre nadie
le llama entonces "literatura masculina". Entiendo
esto como una forma de machismo casi inconsciente. Sé
que hay muchas mujeres que defienden que las mujeres escriben
de distinta manera sólo por el hecho de ser mujeres.
Algo que me parece ridículo. No sé, Flaubert
y Madame Bovary es el ejemplo típico, o Tolstoi
con Anna Karenina. Creo que un novelista a la hora de
escribir cambia de sexo según el punto de vista
del personaje.
Para terminar, ¿A qué
autores te sientes cercana?
Que me sienta cercana no quiere decir que me emule yo
a ellos, eh. Simplemente quiero decir que me gustan. Por
encima de todo Marcel Proust. Me gusta muchísimo
la literatura latinoamericana, me entusiasman Juan Rulfo,
Vargas Llosa, Osvaldo Soriano, Cortázar, Mújica
Lainez... me parece que los latinoamericanos han recogido
muy bien toda la modernidad y la tradición. Me
encanta también Faulkner, Quevedo y Cervantes.
Entre los más actuales, he leído hace poco
'El futuro' de Gonzalo Garcés que me gustó
mucho, 'La capital del olvido' de Horacio Vázquez-Rial
y sobretodo leí hace ya un tiempo 'Río Fugitivo'
del boliviano Edmundo Paz Soldán, que me pareció
una novela preciosa. Entre los españoles, Ana María
Matute, Gustavo Martín Garzo (especialmente 'El
pequeño heredero'), Javier Marías y bueno,
siempre se te quedan nombres en el tintero.
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La ganadora de
un ejemplar de "La noche ciega"
firmado por la autora es:
Beatriz
Río Soria
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