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¿Por qué un periodista como personaje central? ¿Qué te interesaba explorar del periodismo?

Me interesaba la relación de la palabra escrita con la realidad. Me interesaba, como te decía antes, cómo un relato publicado puede afectar la vida de la gente. En segundo lugar, me interesaba la manera en que la realidad misma al ser contada sufre una modificación. También quería explorar ciertas nociones de culpa que desarrollé yo mismo durante la escritura de la novela, porque la novela se aprovechó deliberadamente de los testimonios de una serie de personas que no sabían que lo que dijesen iba a ser utilizado dentro de una novela. Evidentemente, mis instintos como persona me decían que debía respetar esa intimidad y no contar lo que esas personas me confesaban. Pero mis instintos como novelista son más fuertes y acabaron primando, por lo que terminé contando cosas que nadie me ha autorizado a contar. Entonces, yo intenté traspasar esa misma culpa a Gabriel Santoro, el narrador, que hacia el final de la novela se ve acosado por ella. Esa es una culpa de periodista, la ética del periodista tiene ciertos límites que es conveniente respetar por cuestiones de decencia. Pero a veces, los mejores textos periodísticos son precisamente aquellos en los que no fueron respetados. Como el famoso texto de Truman Capote sobre Marlon Brando, por poner un ejemplo.

¿Afirmarías que 'Los informantes' es una novela comprometida? Porque política es.

En absoluto, pero sí es importante lo que dices. Por supuesto que es una novela política. Creo que en 'Los informantes' se prueba lo que decía uno de mis grandes maestros, Philip Roth: "Todos somos seres históricos, aunque no seamos conscientes de ello". Eso implica que todos somos seres políticos porque la historia es una creación política. 'Los informantes' es una novela convencidamente política, pero si la novela funciona -y eso ya lo dirán los lectores-, los grandes conflictos políticos que trata terminarán reducidos a conflictos entre individuos. En una novela lo importante siempre son los individuos.

Tenemos que volver a Roth porque da la casualidad de que su último libro 'The plot against America' también habla de nazis...

Una casualidad impresionante, cuando lo supe no podía creerlo. La diferencia está en que, aunque ambos libros hablan de la presencia de nazis en nuestros países, la presencia en Colombia era real. La de Roth es una especulación sobre una realidad alterna, sobre lo que podría haber ocurrido.

En los últimos años ha existido una especie de pequeño 'boom' de nuevos novelistas colombianos, hablo de escritores como Santiago Gamboa, Mario Mendoza, Efraín Medina Reyes... ¿tienes alguna opinión de esta avalancha de autores colombianos?

Mira, tengo opiniones muy malas respecto a algunos de ellos. No voy a decir de quiénes porque no voy a entrar en el juego de insultar a colegas en entrevistas, juego en el que alguno de ellos ya ha caído. Pero creo que otros están produciendo literatura muy buena, y aunque todavía es preciso ser prudente y no aventurar juicios sobre lo que puedan, o podamos, significar como generación, creo que hay gente que está haciendo un trabajo serio.

De esos si podrás hablar...

Héctor Abad Faciolince me interesa bastante. Enrique Serrano me interesa. Me gusta Julio Paredes, quien aún no es conocido en España pero es uno de los buenos cuentistas que han dado las nuevas generaciones. Hablando de cuentistas, me interesan mucho los cuentos de autores como Antonio Ungar y Juan Carlos Botero. Creo que en estos autores hay una voluntad de dedicación seria y constante a la literatura, y eso es ya mucho pedir en un país donde el amateurismo es casi una filosofía de vida. En el cual, además, la novela es un género reciente. Durante la primera mitad del siglo pasado hubo realmente dos novelas de valor, y en el XIX lo mismo. Es a partir de García Márquez que la novela adquiere cierta importancia en este país de poetas.

En países con escritores tan omnipresentes como Colombia con García Márquez, como Perú con Vargas Llosa, existe una suerte de ansia de matar al padre, de saldar deudas pendientes ¿Los escritores colombianos de tu generación han saldado esas deudas con García Márquez?

Pues mira, lo que sucede es que yo personalmente no siento ninguna deuda con García Márquez. Su realidad es tan radicalmente distinta a la mía que yo he tenido que ir a buscar mis influencias a otra parte. Igual que le ocurrió a él, ahora que lo pienso. Para darle forma a esa realidad caribeña, maravillosa -el adjetivo maldito-, en la que vivió, él tuvo que ir a buscar a Faulkner. Primero fue a buscar a Kafka, un autor en el que lo fantástico entraba con mucha naturalidad. Luego fue a buscar a Hemingway y escribió esa especie de 'El viejo y el mar' caribeño que es 'El coronel no tiene quien le escriba'. Y finalmente fue a buscar a Faulkner, porque la realidad de el condado de Yoknapatawpha le pareció muy acorde con la suya propia. A mí me paso lo mismo, para mi realidad bogotana, urbana y contemporánea, además de mi interés de la recuperación de ciertas zonas de la experiencia colombiana reciente, las herramientas no vinieron de García Márquez, las encontré en otros novelistas, en Roth, Bellow, Pynchon, etc.

Diego Salazar