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OLGA. SER. PALABRA, de
Anabel Gargallo
"Si este libro me llevase... como el
viento, hasta ti, fuera de aquí".
Dispuesta a soñar que no, que el
mundo va más allá, que quedan
sitios por visitar, que en mi nombre se
marcó el destino de un camino entre
extensión -ampliación y ampliación,
de vacío--, inmensidad, que tenía
que ser así, y encontrarme perdida
en un abrazo blanco de manchas negras sin
ti, en busca de ti.
Soleen: rodeada por las mil historias que
se han de contar, las expectantes al acecho
del requerimiento de que debo llenar, el
vacío, la huída, la locura
de una existencia poblada de gérmenes
negros en manchas blancas que pintan mis
paredes, me encuentro en la calle, me llevo
en el metro, me esperan al alba y me velan
al rendirme al sueño. Porque quiero
volar como el viento ... y ser palabra,
un nombre al completo.
UN RECUERDO de Gabriel
Merino
Me pediste un recuerdo, y no sabía
que traerte. Pensé en traer la sombra
de la encina que nos cobijaba para el verano
en la plaza, pensé que sería
bonito llevarte un pedazo del tejado de
la iglesia, o en el charco de la fuente
de la alameda. Hasta quería haber
cogido el sonido de las manzanas cuando
caían maduras por el prado. O la
mirada perdida del gato de doña Enriqueta,
que siempre te ronroneaba cuando pasabas,
¿te acuerdas?. ¡Pensé
en tantas cosas!. Que al final no sabía
que hacer.
Por eso hice este poema, y espero que te
guste, porque todo lo que me traía
recuerdos de ti, lo he dejado encerrado
en un baúl, y la llave la tiré
al fondo del río, donde nos bañábamos
cuando en verano, nos apretaba el calor.
MINUTOS DE FAMA, de Mª
del Carmen Calero García
En los tiempos que corren hay quien opina
que el mejor oficio posible es el de famoso.
Sus compensaciones ha de tener, pero no
fue mi caso.
Yo había vivido durante largo tiempo
en el más absoluto anonimato. Era
una chica introvertida, huraña, exageradamente
tímida, y con un aspecto físico
tan lamentable q no me atrevía a
salir afuera.
Sin embargo, empecé a madurar. Cada
día que pasaba me sentía mejor,
más atractiva, enérgica, espléndida
y lustrosa que nunca. Y me apetecía
conocer mundo, y que me conociesen. Fue
cuando me decidí a eclosionar, a
romper mi cascarón y asomarme al
exterior.
Pronto me hice famosa. Notaba cómo
todas las miradas se fijaban en mí
y, por más que alguien - siempre
hay alguien - quisiera restarme protagonismo,
ahí estaba yo, pletórica,
llamativa, reluciendo y triunfando.
Pero duró poco mi alegría.
Aquel joven inmaduro no supo soportar mi
éxito y , aun sin atender las prescripciones
médicas, me reventó, y así
acabaron mis minutos gloriosos. Y es que
las espinillas no nacimos para ser personajes
públicos.
PARA ACABAR CON LA MONOTOMÍA,
de Jorge Nieto
"Ave María Purísima"
"Sin pecado concebida. Dime, hija,
¿qué te preocupa?". "Padre,
ayer vino a verme un ángel. Su aliento
inmaculado sobre mi cuello me hizo despertar.
Estaba completamente desnuda. El ángel
acariciaba mis pechos mirándome fijamente.
Padre, yo dejé que me tocara, como
era un mensajero de Dios... Yo soy amor,
dijo. Yo soy amor para el mundo, volvió
a decir mientras me indicaba que besara
su cosa celestial. Al principio besé,
luego chupé y chupé muchas
veces, y como era divino, su cosa estaba
muy rica... Padre, ¿le ocurre algo?
¿Por qué se agita de esa forma?."
"Nada, hija, no te preocupes, cosas
de confesión, continúa".
"Luego se colocó encima de mí.
Su cuerpo me aplastaba. Tuve miedo. Recordé
que usted siempre ha dicho que confiemos
en Dios, y como él era uno de sus
mensajeros, le dejé hacer. Qué
daño, padre, al principio me hacia
mucho daño, pero al poco, no sé
cómo, la noté toda divina,
entrando y saliendo de mí, explotando
en mi interior, y la herida se me llenó
de líquido, y me dio un terrible
placer... Padre, ¿por qué
jadea? ¿Qué es eso blanco
que chorrea por la rejilla del confesionario?
¿Se encuentra bien?". "No
te preocupes hija, ya estoy mejor. Reza
dos Ave María y vuelve a confesarte
si te ocurre otra vez".
UNA VEZ MÁS, de Elena Mayorga
Una vez más estaba allí,
perdida; como Robinsón tras su naufragio.
Mi isla era caótica, el ruido exterior
dominaba el ambiente. Y yo seguía
allí, atrapada en la serpiente de
luces. Apenas eran las siete de la mañana
y desde mi posición casi estática
no podía defenderme. Me atacaban
por casi todos los frentes. Una vez más
estaba allí, atrapada en un desierto
de luces y ruido. Inevitablemente, mi coche
había naufragado en la corriente
del atasco; era lunes.
EL SÓTANO, de S.
Sotomonte
El sótano siempre había estado
allí, debajo de la planta principal,
pero por alguna inexplicable razón
ninguno de nosotros había bajado
a verlo. Nadie sabía la forma que
tenía, ni su profundidad exacta,
ni tan si quiera si era oscuro y lóbrego
o por el contrario limpio y seco. Nada de
nada. El sótano constituía
un enigma para toda la familia. Papá
siempre nos advirtió que no bajáramos,
y mamá se dedicaba a llorar en silencio,
creyendo que no nos dábamos cuenta,
ocultando sus lágrimas tras las paredes
de su habitación. Un día nuestro
padre se decidió a bajar y no se
ha vuelto a saber nada de él. Mamá
hizo las maletas, pero permanecemos aún
en la casa: no tenemos un lugar adonde ir.
Sigue llorando y ahora no se oculta de nosotros
para hacerlo.
Y el sótano sigue estando una planta
más abajo
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