Relatos hiperbreves 7

OLGA. SER. PALABRA, de Anabel Gargallo


"Si este libro me llevase... como el viento, hasta ti, fuera de aquí". Dispuesta a soñar que no, que el mundo va más allá, que quedan sitios por visitar, que en mi nombre se marcó el destino de un camino entre extensión -ampliación y ampliación, de vacío--, inmensidad, que tenía que ser así, y encontrarme perdida en un abrazo blanco de manchas negras sin ti, en busca de ti.
Soleen: rodeada por las mil historias que se han de contar, las expectantes al acecho del requerimiento de que debo llenar, el vacío, la huída, la locura de una existencia poblada de gérmenes negros en manchas blancas que pintan mis paredes, me encuentro en la calle, me llevo en el metro, me esperan al alba y me velan al rendirme al sueño. Porque quiero volar como el viento ... y ser palabra, un nombre al completo.

UN RECUERDO de Gabriel Merino

Me pediste un recuerdo, y no sabía que traerte. Pensé en traer la sombra de la encina que nos cobijaba para el verano en la plaza, pensé que sería bonito llevarte un pedazo del tejado de la iglesia, o en el charco de la fuente de la alameda. Hasta quería haber cogido el sonido de las manzanas cuando caían maduras por el prado. O la mirada perdida del gato de doña Enriqueta, que siempre te ronroneaba cuando pasabas, ¿te acuerdas?. ¡Pensé en tantas cosas!. Que al final no sabía que hacer.
Por eso hice este poema, y espero que te guste, porque todo lo que me traía recuerdos de ti, lo he dejado encerrado en un baúl, y la llave la tiré al fondo del río, donde nos bañábamos cuando en verano, nos apretaba el calor.

MINUTOS DE FAMA, de Mª del Carmen Calero García

En los tiempos que corren hay quien opina que el mejor oficio posible es el de famoso. Sus compensaciones ha de tener, pero no fue mi caso.
Yo había vivido durante largo tiempo en el más absoluto anonimato. Era una chica introvertida, huraña, exageradamente tímida, y con un aspecto físico tan lamentable q no me atrevía a salir afuera.
Sin embargo, empecé a madurar. Cada día que pasaba me sentía mejor, más atractiva, enérgica, espléndida y lustrosa que nunca. Y me apetecía conocer mundo, y que me conociesen. Fue cuando me decidí a eclosionar, a romper mi cascarón y asomarme al exterior.
Pronto me hice famosa. Notaba cómo todas las miradas se fijaban en mí y, por más que alguien - siempre hay alguien - quisiera restarme protagonismo, ahí estaba yo, pletórica, llamativa, reluciendo y triunfando.
Pero duró poco mi alegría. Aquel joven inmaduro no supo soportar mi éxito y , aun sin atender las prescripciones médicas, me reventó, y así acabaron mis minutos gloriosos. Y es que las espinillas no nacimos para ser personajes públicos.

PARA ACABAR CON LA MONOTOMÍA, de Jorge Nieto

"Ave María Purísima" "Sin pecado concebida. Dime, hija, ¿qué te preocupa?". "Padre, ayer vino a verme un ángel. Su aliento inmaculado sobre mi cuello me hizo despertar. Estaba completamente desnuda. El ángel acariciaba mis pechos mirándome fijamente. Padre, yo dejé que me tocara, como era un mensajero de Dios... Yo soy amor, dijo. Yo soy amor para el mundo, volvió a decir mientras me indicaba que besara su cosa celestial. Al principio besé, luego chupé y chupé muchas veces, y como era divino, su cosa estaba muy rica... Padre, ¿le ocurre algo? ¿Por qué se agita de esa forma?." "Nada, hija, no te preocupes, cosas de confesión, continúa". "Luego se colocó encima de mí. Su cuerpo me aplastaba. Tuve miedo. Recordé que usted siempre ha dicho que confiemos en Dios, y como él era uno de sus mensajeros, le dejé hacer. Qué daño, padre, al principio me hacia mucho daño, pero al poco, no sé cómo, la noté toda divina, entrando y saliendo de mí, explotando en mi interior, y la herida se me llenó de líquido, y me dio un terrible placer... Padre, ¿por qué jadea? ¿Qué es eso blanco que chorrea por la rejilla del confesionario? ¿Se encuentra bien?". "No te preocupes hija, ya estoy mejor. Reza dos Ave María y vuelve a confesarte si te ocurre otra vez".

UNA VEZ MÁS, de Elena Mayorga

Una vez más estaba allí, perdida; como Robinsón tras su naufragio. Mi isla era caótica, el ruido exterior dominaba el ambiente. Y yo seguía allí, atrapada en la serpiente de luces. Apenas eran las siete de la mañana y desde mi posición casi estática no podía defenderme. Me atacaban por casi todos los frentes. Una vez más estaba allí, atrapada en un desierto de luces y ruido. Inevitablemente, mi coche había naufragado en la corriente del atasco; era lunes.

EL SÓTANO, de S. Sotomonte

El sótano siempre había estado allí, debajo de la planta principal, pero por alguna inexplicable razón ninguno de nosotros había bajado a verlo. Nadie sabía la forma que tenía, ni su profundidad exacta, ni tan si quiera si era oscuro y lóbrego o por el contrario limpio y seco. Nada de nada. El sótano constituía un enigma para toda la familia. Papá siempre nos advirtió que no bajáramos, y mamá se dedicaba a llorar en silencio, creyendo que no nos dábamos cuenta, ocultando sus lágrimas tras las paredes de su habitación. Un día nuestro padre se decidió a bajar y no se ha vuelto a saber nada de él. Mamá hizo las maletas, pero permanecemos aún en la casa: no tenemos un lugar adonde ir. Sigue llorando y ahora no se oculta de nosotros para hacerlo.
Y el sótano sigue estando una planta más abajo

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