Relatos hiperbreves 4

SOLEDAD, de Martín Heredia

Con los brazos sobre las sábanas, blancas, algodón. Cara de sueño, sueño todavía en tu cara, tu cara de allá, tu cara de sueño y de estar tan lejos mientras yo despierto pero soñando, soñando con tu sueño de sábanas blancas en la cama de los dos que hasta ayer era tuya, sólo tuya y hoy es de los dos quién sabe hasta cuando. Te miro, te toco con la mirada, te veo con tus ojos cerrados, con tus párpados pesados como si nunca hubieras estado, como si siempre hubiera estado aquí, dentro tuyo, sobre tu cama de sábanas blancas de algodón contigo a mi lado pero tan lejos. Despiertas, de a poco, tan de a poco. Despiertas y no me ves. Me ves pero no me ves. Estoy al lado y tan lejos, en tu cama y en otra cama, en otra casa, en otros brazos, en otros labios que dicen algo que no entiendo y se apoyan en mi mejilla, siento su calor, se da vuelta, me da la espalda, sigue durmiendo y me quedo solo. Sin ti, sin ella, sin nada que hacer sino seguir insomne, sino darme vuelta una y otra vez en tu cama, en su cama, en cualquier cama y en cualquier lugar por siempre, porque sé que ya nunca podré dormir, porque sé que siempre me besarás y me darás la espalda para seguir durmiendo en otro lado, en otros brazos.

ROJO/VERDE, de José Mora

El rojo sobre el cobrizo atardecer de estío en la ciudad recalentada. Nada más verlo me sentí deslumbrada por su sonrisa tierna y un punto de tristeza en sus ojos tan grises y por su piel atezada con vientos de todos los veranos. A pesar de su aspecto un poco desastrado, cuando rozó apenas mi brazo desnudo, sentí como si me enamorara con aquel primer amor generoso, traspasada de pronto de ternura y deseo. Me habló con voz queda, muy cerca del oído, de algo indescifrable que, en sus labios golosos y sus dientes blanquísimos ¾un hermoso primer plano que incitaba a los besos¾, sonaba a poesía impura, a oscuros anhelos. Estábamos en rojo. ¡Cómo lo hubiera amado, honda y entrañablemente! Deseaba prolongar este mágico encuentro para alborotar sus cabellos pajizos y respirar su aliento, para recorrer con deleite toda su orografía y descubrir extasiada un críptico tatuaje, para anegarme en él y dormir en sus brazos.
Una estridencia pánica me apartó del amado. Con ágiles reflejos se volvió a su acera, llevando con prestancia el cubo con el agua y demás utensilios. Salí de mala gana, no rauda sino seducible. Estábamos en verde. Ni siquiera llegué a percatarme de que no le había hecho entrega -mezquina retribución para tan gran servicio- de esa moneda que llevo aprestada para ocasiones tales. Hace meses que el rojo no ha vuelto a detenerme en ese mismo punto. Misterios insondables del tráfico urbano.

VIDA DIARIA, de Alejandro Bonnecarrere

Abrió los ojos a las siete de la mañana y se le escapó un llanto. La madre lo calló con su seno y enseguida fue a prepararle el biberón. Se levantó, lo vistieron, aprendió a caminar y fue hasta la cocina a desayunar con su hermano menor. Tomó el café con leche y fue unos minutos a jugar, primero solo, luego con niños de su edad.
A media mañana empezó la escuela. Le costó un poco y la terminó justo para almorzar. Comió rápido, pidió permiso para levantarse de la mesa y fue corriendo al liceo.
Al rato, fumando y de la mano de su novia fue a pedir el pase a dirección. Cansado por no haber dormido siesta estuvo a punto de no entrar a la universidad. A las cuatro y media dio su examen más difícil y salió corriendo a la iglesia para casarse.
A las cinco, con la merienda se enteró que iba a ser padre y se alegró mucho al ver que había nacido bien. Se recibió a los pocos minutos, casi cuando conseguía trabajo y lo ascendían.
Hizo la casa grande para que vivieran bien con sus cuatro hijos. A las siete murió su padre y nació su segundo nieto. Siete y cinco se peló y siete y media lo jubilaron. Se sentó a cenar ayudado del bastón pero terminó la comida en la cama, ya postrado.
Murió a las diez.

OLVIDO TEMPORAL, de Xesteira

Cuando ella llegó a casa, la noche estaba de fiesta y se había olvidado de salir. Ella se preparó el baño y la cena, tomó el baño y la cena, y se acostó. Mientras cerraba los párpados pensó: "Qué noche tan extraña". Y se quedó dormida.
Cuando ella oyó el sonido del despertar, el día estaba enfadado, y el sol, más rojo que nunca, mojaba de cólera las carreteras. Ella se preparó para salir, y salió. En la calle todos estaban extrañados: Nunca habían visto un día tan nocturno como aquél.
Cosas que pasan con la noche.

AUTOPOIESIS, de Antonio Rodríguez

El paisaje es un cosmos negro y vacío. Invisible, Alguien, llega y se sienta sobre una austera silla en una amplia sala, el piso se ilumina en un embaldosado de figuras geométricas y alegres colores. Teclea en una rara consola suspendida en el aire. A su alrededor, envolviéndolo todo, un océano oscuro salpicado aquí y allá de puntos brillantes que quizás sean estrellas. En el espacio enfrente de su rostro, la negrura densa se hace ahora pizarra y aparece escrita como con tiza blanca, una ecuación, y=F(y). Al tiempo, Alguien, monologa:

- Los símbolos deben de ir al comienzo. Costarán poco porque poco son, pero, ¿cómo hacerlos flexibles al contexto?. Lo primero entonces, un contexto-madre que germine en contextos-hijos portadores de símbolos variables. ¡Uh!, no sé, me temo que es algo rebuscado, además, observo en las simul-creaciones que en apenas unas breves generaciones pierden fuerza, se extinguen finalmente.

Continúa en su silla. No se advierten cambios, ha permanecido trabajando largo tiempo, pero ahora su cabeza reposa sobre la misma consola, se agita en sueños. Despierta de súbito. Con perplejidad, como recordando.

- ¡Soñé!..., pero esto no es posible, yo soy la materia de los sueños. Es extraño, como esta tarea que me impuse... En fin, soñé y he comprendido en qué consiste el código que necesito. Será el amor o el desamor, ése es el código binario que dará ser al cosmos. El algoritmo extraño. La delicada e insondable danza de la belleza y el dolor. Es cuanto necesito. Igual sucedía en mi sueño, pero entonces..., ¿desperté?.

+ selección aquí:
 

ClubLiteratura
ClubCine
ClubMúsica
ClubFoto

HOJAS DE OTOÑO
DANIEL SADA
JOSÉ ÁNGEL VALENTE
CLUBCULTURA
AIRLINES
VIVA MÉXICO
BORGES SIGUE VIVO