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PAJARITAS DE PAPEL, de Juan José
García López
Las tardes en otoño son tardes de
verdad. De esas que en los libros te hacen
sentir bien y que en los anuncios de la
tele sirven para vender café al lado
de una chimenea de las de antes. Pero como
yo no tengo chimenea y el café me
sienta como un tiro, me entretengo haciendo
pajaritas de papel y bebiendo yogurt líquido.
Hace algunos días que mis pajaritas
parecen diferentes a las del resto. Es como
si miraran hacía el cielo, lo cual
es difícil porque no suelo ponerles
ojos.
Las hago de todos los tamaños y colores,
y utilizo todos los tipos de papel que encuentro,
lo cual no es moco de pajarita. Las más
alegres son las que hago con trozos de revistas
del corazón, vuelan muy alto aunque
por poco tiempo.
Las de los diarios de tirada nacional son
muy pesadas y grises, normalmente les cuesta
despegar.
Hay unas especialmente sensibles, que son
las de papel higiénico, flotan en
el aire y parece que nunca van a caer.
PELIGRO EN LAS CAVERNAS SUBTERRÁNEAS,
de Gumaro
El Metro avanzaba envuelto en su olor de
hule quemado y sudor humano. La mujer en
el incómodo asiento leía su
revista femenina de rigor mientras, disimuladamente,
miraba de reojo a los hombres del vagón
y escogía uno. Con un gesto muy estudiado
alzó la vista, miró al hombre
que estaba frente a ella y sonrió.
El hombre recibió el doble destello
de mirada y sonrisa, y sonrió también,
deslumbrado. Lo único que veía
ahora era la vagina que se abría
enorme ante él. Supo entonces que
estaba perdido, pero no pudo resistir la
tremenda atracción y se dirigió
hacia ella. Las puntas de los senos lo guiaron
con su señal roja y atracó
en ese puerto con bandera franca, justo
entre las piernas de la mujer. Y se debatió
ahí sin ninguna esperanza, con un
placer masoquista, mientras su cuerpo se
perdía, se iba por ese vórtice
erótico. Casi al final sintió
miedo, y en un intento desesperado se agarró
con fuerza de los senos y se sostuvo así
un momento, pero fue inútil y, entre
las convulsiones del orgasmo, desapareció.
Del hombre aquel sólo quedó
la figura encorvada que descendió
en la siguiente estación. La mujer
cruzó las piernas, sonrió
satisfecha y empezó a elegir su próxima
víctima.
EL TEXTO EN BLANCO, de Mike Salgado
La pantalla aguardaba. Nerviosa impulsaba
sus dedos hacia las teclas inertes. Contestar
representaba torturarse pero era ineludible
responder. Solo contaba con esta arma permitida.
Hubiera deseado un analfabetismo silente
pero esperaban por sus argumentos. Necesitaba
expresarlo para decir, decidir y despedir
esa quimera con los vocablos que antes sirvieron
para dejarla entrar. El dictado fue ejecutado.
El mensaje fue enviado en un instante sin
voluntad de regreso.
Pudo sentir algo inusual, discurría
despachada por un camino sin regreso...
RELACIONES, de Osvaldo Salazar
La hora tarda en llegar. Te sientes como
un león enjaulado, te levantas, coges
las llaves del auto, el dinero y sales.
Recorres las calles y no tienes idea de
lo que harás, a dónde te llevará
esa inercia, sólo conduces sin pensar.
De pronto ves un parque, te detienes, bajas
y te sientas en una banca. Íntimamente
sabes que todo cambia, que nada es eterno,
que el tiempo pasa, y quieres un punto fijo
desde el cual poder ver el espectáculo
de este movimiento. Fantaseas con la idea
de poder estar al margen, de no ser más
que un espectador. De pronto reparas en
una mujer que habla por teléfono
en una cabina pública. Piensas que
conversa con un hombre que le cuenta que
sospecha que el jefe de ambos lo sabe todo,
pero que la tranquiliza diciendo no te preocupes,
él no hablará porque, imagínate,
la esposa no puede saber de su amante que
en realidad ama a otro
ese fantasma
que el jefe no conoce y sin embargo odia
e imagina como un vago que nada tiene que
hacer, que se aburre en casa y sale a conducir
sin rumbo en espera de la hora del amor,
que mientras aguarda se detiene en los parques
a distraerse, a ver a la gente, a imaginar
cosas. Tú sabes, uno de esos que
creen que la vida se aprovecha viendo pasar
la vida, que se obsesionan con la idea de
vivir en el límite que los salve
del flujo que todo lo arrasa.
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