|
Buenos
Aires, ciudad de cuento
El
Buenos Aires de los años 20 era una ciudad
que se jactaba de cosmopolita. Sus calles estaban
repletas de italianos, españoles, rusos, que venían
buscando en la capital austral la consecución
de sus sueños. Aquel crisol tenía como ventaja
añadida el que la literatura argentina -a diferencia
de otras de su entorno- no había vuelto apenas
la vista a la tradición indígena: así, todo era
nuevo, y las vanguardias que venían de Europa
en los mismos buques que los gallegos, tenían
en Baires todo expedito para arraigar.
Se disfrutaba de una cierta vida cultural, y la
convicción declarada de convertirse en una gran
capital mundial, a diferencia de otras ciudades
hispanoamericanas, espoleó la creación artística.
Había librerías abiertas las 24 horas del día,
tertulias, editoriales, y revistas que acogían
las voces nuevas. Siempre en revistas: "Claridad",
"Proa" o "Sur", fundada por una
discípula de Ortega y Gasset y que dio
cabida a autores de muy diverso registro, sólo
era la más renombrada de ellas.
La razón de este estallido es simple: resultaba
más costoso editar libros, pues se necesitaba
una industria mínimamente asentada: imprimir,
distribuir... así, la importancia de las revistas
como nexo entre los autores y el público lector,
cada vez más amplio, propiciaba la aparición de
relatos y novelas por entregas, que se adaptaban
como un guante a la extensión de las publicaciones.
|