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Artemio
Cruz ha muerto, viva Artemio Cruz
"La
novela profunda". La definición, tomada del ensayo del
estadounidense John S. Brushwood, sirve a los miembros
del movimiento para defender que el lector debe esforzarse
en entender lo que la novela cuenta. Es lo que ellos persiguen
al brindarnos sus obras. Eso sí, el esfuerzo debe merecer
la pena, y hay que buscar la participación del lector. Es
lo que hicieron Rulfo, Yánez, Fuentes; son las características
de "Los días terrenales", "Farabeuf" o "La
muerte de Artemio Cruz", por citar sólo algunas de las
obras que se mencionan en el manifiesto. Hay que cuidar al
lector inteligente, y romper la tendencia del mercado editorial
a encumbrar "la literatura de papilla-embauca-ingenuos, la
novela cínicamente superficial y deshonesta".
"A
la novela del Crack, pues, le queda renovar
el idioma dentro de sí mismo, esto es, alimentándolo
de sus cenizas más antiguas", reza el manifiesto.
Otra de las constantes de la obra del Crack es
el mimo del lenguaje, cómo explotar las posibilidades
de un español sonoro cómo sólo puede serlo en
México. "Si hay en ellas [las novelas del
Crack] un común denominador, creo que es el riesgo
estético, el riesgo formal, el riesgo que implica
siempre el deseo de renovar un género (en este
caso el de la novela) y el reto que significa
continuar con lo más profundo y arduo que tenemos,
eliminando sin preámbulos lo superficial, lo deshonesto".
Y todo ello ha servido, además de para brindar
algunas de las páginas más frescas de la literatura
en español de los últimos años, agitar la anquilosada
escena cultural mexicana. 
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