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Qué
es el crack
Estado
de Hidalgo, México, verano de 1996. Una pequeña
revista de la que ya no queda rastro alguno, da cabida en
sus páginas a un manifiesto literario firmado por cinco jóvenes
escritores: Ignacio Padilla, Jorge Volpi, Eloy Urroz, Vicente
Herrasti y Ricardo Chávez Castañeda. En el texto, se aboga
por dejar la literatura "bananera" y volver a las raíces del
boom latinoamericano: recuperar el respeto que por el lector
inteligente tenían las primeras obras de aquel mítico momento
de las letras hispanoamericanas, y que supusieron un soplo
de aire fresco para la anquilosada escena literaria española.
En 2001, casi cinco años después, los miembros del movimiento
aparecen regularmente en las páginas culturales de El País,
El Universal o El Herald, venden miles de libros, dan
conferencias en todo el mundo y sacuden, como si fuera una
piñata, las conciencias del establishment cultural mexicano,
debatido entre la tradición indígena, la influencia del vecino
del Norte y la alargadísima sombra de Paz, Fuentes
o Rulfo, mexicanos universales.
En
México, algunas voces claman contra la renegación que, según
ellos, hacen de su país estos autores. Una posición un poco
chauvinista (patriotera, la llaman ellos): varios intelectuales
hablan y no paran de que no se nota que sean novelistas mexicanos.
Alguien debería decirles que estamos en el siglo XXI, y no
vamos a descubrir a Paz a estas alturas. O a Fuentes, o a
Rulfo. Un epígono de García Márquez, Laura Esquivel,
o la exitosa Ángeles Mastretta, no puede decirse que
reflejen el México que esos intelectuales quieren.
Pero,
¿qué México? ¿El de las grandes empresas, o el
de Chiapas? ¿El de las tortillas de maíz,
o el que suspira por que la frontera USA
baje en longitud?. Pero han cambiado muchas cosas
en México. Sigue siendo un país de tremendas desigualdades,
donde conviven fortunas dignas de "Las mil
y una noches" con los suelos de tierra en
el 15% de las viviendas del país. Así, las coordenadas
de los escritores han de cambiar por fuerza. Pero
persiguiendo, como dijera Ricardo Chávez Castañeda,
"desbrozar una estética olvidada en la literatura
de México". 
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