CARNAVAL Y APOCALIPSIS (1)
Extraído de "El Suplicante", libro de fotografías de Paolo Gasparini
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Primera llamada: la realidad no despierta
Si alguien resucitara hoy en Alemania, Irak, China o Chile después de pasar treinta años en coma se sentiría como un extraterrestre. La historia y sus efectos especiales han convertido esas locaciones en algo muy distinto de lo que eran hace tiempo: planetas singulares. En cambio, si el paciente volviera en sí en México, se sentiría como un zombi al que le bastan dos tequilas para adaptarse y un tercero para desear volver al coma.
Nuestro balance de las últimas décadas no es afortunado. Se perdió la oportunidad de hacer grandes transformaciones y lo único que se organizó mejor fue el crimen. Las costumbres, los usos políticos y los desafíos siguieron siendo los mismos.
En el emblemático año 2000, la alternancia en el poder no trajo las modificaciones esperadas. Las causas de la discriminación y la desigualdad se discutieron mejor sin encontrar remedios. En otras palabras: tenemos más conciencia de lo que no se solucionó; se avanzó en el análisis de los problemas que, mientras tanto, se siguieron agravando.
México celebrará su bicentenario como nación independiente en terapia intensiva: los síntomas han sido diagnosticados con progresiva precisión, pero carecemos de otro remedio para el paciente que mantenerlo tal como está, asistido por máquinas y sondas que impiden la muerte sin que eso signifique la vida.
En las últimas décadas no hemos creado nada específico –ya sea fabuloso o tremendo– que distinga nuestro paso por la Tierra. Es obvio que usamos aparatos diferentes, pero ninguno tiene un sello vernáculo. El soterrado dramatismo de nuestra tradición es digno de la “guerra de baja intensidad” diagnosticada por el subcomandante Marcos. Una crisis embotellada al alto vacío, donde los problemas no se enfrentan: se aíslan y se olvidan.
No siempre es fácil recuperar los hechos en toda su riqueza. Entre las lecciones reveladoras que Jorge Ibargüengoitia obtuvo en sus clases de historia figuraban ciertas expresiones sin contenido alguno. Lo único que recordaba de la Guerra de Treinta Años era que había durado treinta años.
¿Cómo aborda la memoria el México de las últimas décadas? Un convincente refrán de la contracultura afirma que si te acuerdas de los años sesenta es que no estuviste ahí. A veces, la proximidad nubla más que la distancia. ¿Qué registro tenemos de un país donde salir de coma no implica enfrentar grandes noticias históricas?
Un graffiti en una barda llamó la atención del fotógrafo Paolo Gasparini. Alguien dejó ahí una firma rápida: “El Suplicante”. ¿De quién se trata? ¿Qué clase de respuesta espera para su reclamo? A través de la mirada, Gasparini ha ensayado el arte de contestar preguntando. Cada una de sus imágenes interroga la realidad para enriquecerla con algo que no estaba ahí. Su viaje por México cumple el doble cometido de ofrecer testimonio y crear un espacio de reflexión no ajeno al misterio. A veces, lo que vemos nos desconcierta por ser próximo y reconocible; a veces, porque permite múltiples interpretaciones.
En su viaje por el territorio mexicano, que abarca varios años de trabajo, Gasparini documenta y cuestiona; practica una súplica creativa: pide que el ojo vea con atención, que interrogue y construya un sentido para el caos y el asombro. Su rica secuencia de imágenes traza una suerte de letanía, palabra que viene de lite, “ruego”. No se trata, en este caso, de una búsqueda de lo sagrado, sino de una explicación para una realidad que desafía los argumentos convencionales, un caos que se articula mejor al ser mirado que dicho, un paisaje contradictorio y vivo, donde nada parece tener respuesta unívoca.

