/Autobiografía del general
Franco
«El franquismo era feísimo; daba la impresión
de que a todo el mundo le olían los calcetines»
Entrevista por Xavier Moret
EL PAÍS, 26 / 10 / 1992
anuel
Vázquez Montalbán publicará mañana un
libro de titulo sorprendente: Autobiografía del general Franco
(Planeta). El argumento es el siguiente: Marcial Pombo, un viejo
y oscuro escritor de claro pasado antifranquista, recibe el encargo
editorial de escribir en primera persona una biografía de
Franco. Pombo acepta el encargo, pero no puede evitar puntualizar
—primero con prudencia, después ya con descaro—
la versión del dictador y oponerle la visión del antifranquismo.
Vázquez Montalbán ha contado con una exhaustiva documentación
y se ha metido en la piel de Franco para escribir estas 600 páginas.
—La novela tiene
más de 600 páginas. ¿Es un intento de luchar
contra la simplificación que impone el paso del tiempo?
—Franco habla desde la historia. Explica cómo es y
cómo ha sido para justificar sus filias y sus fobias. Implica,
por tanto, 100 años del país, lo cual exige muchas
páginas.
—En la cita que
precede al libro se habla de los ruidos, de las interferencias.
—El escritor al que encargan la biografía de Franco
empieza haciéndolo con prudencia, pero llega un momento en
que no puede más e interviene en el texto. Son los ruidos
de la comunicación que molestan al editor que encarga la
obra. Pero es que el escritor de la novela es un perdedor en muchos
sentidos. Es un fracasado histórico, un escritor de segunda.
—¿Es cierto
que la novela surgió por un encargo?
—En Planeta me propusieron escribir Yo, Franco para la colección
Memoria de la Historia, pero vi que no estaba cómodo y que
prefería hacer la novela por libre. Empecé de la manera
más inocente posible, pero el libro se fue hinchando. Franco
escribía con morosidad y con mucha retórica y no he
respetado su lenguaje real.
—No debe ser fácil
meterse en la piel de Franco.
—Me he metido en la piel de un supuesto Franco. Es fácil
para los que hemos convivido 36 años con el personaje. Lo
he leído todo, y la primera aproximación ya la hice
cuando publiqué con seudónimo en Ruedo Ibérico
El libro pardo del general, que era algo así como El libro
rojo de Mao, pero con Franco. Después lo convertí
en Los demonios familiares de Franco y ahora publico esta novela.
De todos modos, este libro no puede colocarse en la misma balanza
con el de un historiador. Un novelista puede y debe ser más
arbitrario.
—Dice
en el libro que Franco leía poco.
—Poquísimo. En una época se quiso formar y leía
libros de divulgación o de pensamiento cristiano. Serrano
Súñer intentó enriquecer sus lecturas, pero
no lo consiguió. Serrano Súñer, por cierto,
es un personaje muy interesante, de gran riqueza intelectual y metido
en ese friso de barbarie, lo que quizá se explica porque
mataron a sus dos hermanos en la guerra. Desde un punto de vista
intelectual, es de los personajes más interesantes.
—¿Contra
Franco vivíamos mejor?
—Escribí esta frase hace tiempo con un interrogante
porque temía que era el criterio de cierta izquierda conservadora.
Y la respuesta era que no. Creo que parte de los males de la izquierda
es que no superó esa situación de vivir contra el
franquismo.
—¿Ha sido
doloroso el repaso?
—Tengo que decir que todo lo personal del personaje [de Marcial
Pombo] no está inspirado en mí. Hay elementos de distanciamiento,
como que nació antes que yo, que es de Madrid... Fue doloroso
sólo el recuerdo de la cantidad de sufrimiento humano que
supuso la locura de la guerra civil. Ahora hay una tendencia a decir
que fue una guerra inevitable, pero, fuera o no inevitable, él
[Franco] la provocó.
—¿Qué
queda del franquismo?
—Hubo un franquismo sociológico que aún pervive
en mayor o menor medida y una retórica del franquismo que
recuerda los mejores años, los que fueron de 1962 o 1963
a los primeros de la década de los setenta, y olvida los
años de penurias y la crisis económica posterior,
que se larvó ya durante el franquismo. En muchos sectores
del franquismo sociológico han mitificado los años
económicamente buenos, pero hay que recordar que éstos
se basaron en exportar parados primero a Cataluña y al País
Vasco y luego a Europa.
—Habla en el libro
de la fealdad estética del franquismo.
—El franquismo era feísimo, era una cutrez. Ni siquiera
los movimientos de masas del franquismo tuvieron la grandeza morbosa
de los del nazismo. Era una estética militarista, y daba
la impresión de que a todo el mundo le olían los calcetines.
—Antes se escribía
sobre Franco desde la adulación. Ahora ¿es un ajuste
de cuentas?
—Es la hora de la revisión. Insisto en que mi libro
no es imparcial, entre otras cosas porque no creo en la imparcialidad;
pero no puede ser un ajuste de cuentas porque a Franco no le venció
nada. Cuando murió no se tocó ni un duro ni un cabello
a nadie. No hubo catarsis popular. Franco sigue siendo el gran vencedor.
—¿Esperaban
otro final los antifranquistas?
—Esta fue la visión de los que hicieron la guerra y
que luchaban contra el tiempo. Los que vinimos más tarde,
este juego no lo vimos nunca. Yo, personalmente, cuando vi que Franco
nombraba heredero a Carrero Blanco experimenté la terrible
sensación de que aquello podía ser eterno. Lo que
sí nos parecía a los jóvenes era que el franquismo
era una especie de juego grotesco. Era cómico, hilarante,
si no hubiera sido por la represión, que hacía que
el poder se volviera grotesco y démodé.
—¿Es la última vez
que escribe sobre Franco?
—Con este libro pienso acabar con un tema que empecé
con El pianista, continué con Galíndez y acabo con
Autobiografía del general Franco. Lo que me interesaba era
la búsqueda de un sentido ético y la relación
que hay entre una conducta ética y una personal.