-Hazlo, si quieres. No me importa.
Carvalho saltó de la cama, buscó en la mesilla de
noche de Condal número 6, encendió el puro, se sentó
en el borde de la cama y contempló como desde un balcón
el espectáculo de su pene en retirada lenta. Adiós,
muchacho, compañero de mi vida…El silencio de ella
le hizo volverse. Dormía. La cubrió con la sábana
y la manta. Recuperó el pijama, se lo puso, salió
de la habitación, volvió a ponerse el disco de Mahler,
activó el fuego en la chimenea y se tumbó en el sofá
con el puro en una mano y el vino al alcance de la otra. Bleda dormía
junto al fuego como si fuera el animal más confiado de este
mundo y Yes dormía en la habitación hecha a la medida
de una taciturna soledad de hombre que quema los días, los
años, como vicios imprescindibles y desagradables. Saltó
del sofá y Bleda despertó alterada de su sueño,
moviendo las orejas y los ojos, rasgados y lectores, hacia el Carvalho
que se dirigía hacia la cocina como si hubiera oído
un tam-tam inexcusable. Multiplicó las manos para puertas
y cajones multiplicados, hasta disponer sobre el mármol un
ejército de programados ingredientes. Cortó tres berenjenas
en rodajas de un centímetro, las saló. Puso en una
sartén aceite y un ajo que sofrió hasta casi el tueste.
Pasó en el mismo aceite unas cabezas de gambas mientras descascarillaba
las colas y cortaba dados de jamón. Retiró las cabezas
de gambas y las puso a hervir en un caldo corto mientras desalaba
las berenjenas con agua y las secaba con un trapo, lámina
a lámina. En el aceite de freír el ajo y las cabezas
de las gambas fue friendo las berenjenas y luego las dejaba en un
escurridor para que soltaran los aceites. Una vez fritas las berenjenas,
en el mismo aceite sofrió cebolla rallada, una cucharada
de harina y afrontó la bechamel con leche y caldo de las
cabeza de gambas cocidas. Dispuso las berenjenas en capas en una
cazuela de horno, dejó caer sobre ellas una lluvia de desnudas
colas de gambas, dados de jamón y lo bañó todo
con la bechamel. De sus dedos cayo la nieve del queso rayado cubriendo
la blancura tostada de la bechamel y metió la cazuela en
el horno para que se gratinara. Con los codos derribó todo
lo que ocupaba la mesa de la cocina y sobre la tabla blanca dispuso
dos servicios y una botella de clarete Jumilla que sacó del
armario-alacena situado junto a la cocina. Volvió a la habitación.
Yes dormía de cara a la pared, con los lomos al aire, Carvalho
la zarandeó hasta despertarla, la hizo ponerse en pie, la
condujo casi en brazos hasta la cocina y la sentó ante un
plato en el que cayó una paletada de berenjenas al gratén
con gambas y jamón.
-Reconozco que es muy poco ortodoxo. Normalmente se hace con bechamel
químicamente pura y con menos sabor a gamba. Pero tengo un
paladar primario.
Yes miraba el plato y a Carvalho sin decidir un comentario, o tal
vez sin despertar aún del sueño. Sumergió el
tenedor en el magma tostado y lo retiró lleno de algodón
sucio y humeante. Se lo llevó a la boca. Masticó reflexiva.
-Está muy bueno. ¿Es de lata?
1
k de berenjenas; ½ k de gambas; 100 g de jamón
dulce en un solo corte; 2 cucharadas de harina; 1 ajo; aceite,
sal, pimienta, leche.
Se calienta el aceite y en él se tuesta un ajo.
Una vez retirado el ajo, en el aceite se sofríen las
cabezas de las gambas y cuando están bien tostadas
se apartan.
Se hace un caldo corto con las cabezas de las gambas previamente
fritas.
En el aceite aromatizado por el ajo y las cabezas de las gambas
se fríen las berenjenas enharinadas y previamente peladas,
cortadas, bien en rodajas, bien en tiras estrechas de medio
centímetro de espesor, bien en cubitos como para hacer
sanfaina.
Se apartan las berenjenas y se escurren para que suelten el
aceite.
En los aceites resultantes se traba una bechamel con la harina,
parte del caldo obtenido y parte de leche. Se sazona con pimienta
la bechamel.
Se mezclan las berenjenas con la bechamel, las gambas peladas
y el jamón cortado a pedacitos, se coloca todo en una
bandeja de hornear, se cubre con queso rallado y se deja gratinar.