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"Apenas cabían
en el estrecho catre, que, al menor movimiento,
crujía.
Estaban sin camisa y sin zapatos, con los
pantalones puestos. Habían apagado
la luz y por la ventanita del frente entraba
el resplandor de un farol.
Lejos, de rato en rato, se oía el
aullido lúbrico de una gata en celo:
eso era la noche."
En "Historia
de Mayta", Planeta, 1984, pág.
134
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