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"La vocación
literaria no es un pasatiempo, un deporte,
un juego refinado que se practica en los
ratos de ocio. Es una dedicación
exclusiva y excluyente, una prioridad a
la que nada puede anteponerse, una servidumbre
libremente elegida que hace de sus víctimas
(de sus dichosas víctimas) unos esclavos".
En "Cartas a un joven
novelista", Ariel-Planeta, 1997, p.
16.
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