| "Cuando
leemos novelas no somos el que somos habitualmente,
sino también los seres hechizos entre
los cuales el novelista nos traslada. El traslado
es una metamorfosis: el reducto asfixiante
que es nuestra vida real se abre y salimos
a ser otros, a vivir vicariamente experiencias
que la ficción vuelve nuestras. Sueño
lúcido, fantasía encarnada,
la ficción nos completa, a nosotros,
seres mutilados a quienes ha sido impuesta
la atroz dicotomía de tener una sola
vida y los deseos y fantasías de desear
mil. Ese espacio entre nuestra vida real y
los deseos y las fantasías que le exigen
ser más rica y diversa es el que ocupan
las ficciones".
En
"La verdad de las mentiras", Peisa,
1993, pp. 11-12.
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