| "Emma
no sólo es una rebelde inmersa en un
mundo violento; es también una muchacha
sensiblera y algo cursi y en su historia comparecen
asimismo cierto mal gusto, una moderada dosis
de truculencia. Aprecio profundamente esas
aberraciones, ellas ejercen sobre mí
un irreprimible atractivo, y, aunque no soporto
el melodrama literario en estado puro -el
cinematográfico sí, y es posible
que esa debilidad mía haya sido forjada
por el melodrama mexicano de los años
cuerenta y cincuenta que frecuenté
viciosamente y que todavía añoro,
en cambio, cuando una novela es capaz de usar
materiales melodramáticos dentro de
un contexto más rico y con talento
artístico, como en Madame Bovary, mi
felicidad no tiene límites".
En "La orgía
perpetua. Flaubert y Madame Bovary",
Seix Barral, 1975, pag. 26.
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