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Gonzalo Torrente Ballester
   
GTB
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Expedientes de Censura
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1910 - 1939. Años de Formación

La obra literaria de GTB, como la de tantos otros autores, hubo de ser sometida al criterio de la Censura oficial instaurada en plena guerra por el aparato franquista. Son muchos los expedientes de censura de la obra de Torrente que se conservan en el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, y merecerían ser objeto de un estudio detallado. Para muestra, traemos a estas páginas un par de ejemplos significativos del camino que un escrito debía hacer para superar el lápiz rojo.

La legislación sobre Censura de la época franquista tiene su base directa en la ley de 29 de abril de 1938 por la que se rigieron, durante casi 30 años, todas las publicaciones. Era una ley pensada y promulgada en tiempos de guerra, y resulta significativo que no fuera sustituida hasta 1966, año en que se promulgó la conocida como “ley Fraga”. Estas dos normas marcan el antes y el después. El periodo regido por la ley de 1938 es un periodo oscuro, difícil, en el que escritores y editores sentían continuamente encima el aparato del Estado, que siempre tenía el lápiz rojo a punto, especialmente en la década de los cuarenta y primeros años cincuenta. Además, la censura era ejercida en su mayor parte por censores eclesiásticos –ya experimentados–, que debían responder a un cuestionario con estas preguntas:

- ¿Ataca al Dogma?
- ¿A la moral?
- ¿A la Iglesia y a sus ministros?
- ¿Al Régimen y a sus instituciones?
- ¿A las personas que colaboran o han colaborado con el Régimen?
- ¿Los pasajes censurables califican el contenido total de la obra?

Con el cambio de legislación en 1966, las actuaciones y dificultades puestas por Censura fueron disminuyendo hasta suavizarse mucho en los años finales del Régimen, aunque tal suavización no significó desaparición. La nueva ley eliminó la censura previa e instituyó la voluntaria.

Entre los expedientes de Censura relativos a la obra de GTB merece la pena destacar los dos que ahora presentamos. El primero referente a la novela Don Juan (Destino, 1963), y el segundo a La saga/fuga de J. B.  (Destino, 1972).

Don Juan

Don Juan es una novela con una importante carga teológica. En el año 1963 la censura era principalmente ejercida por censores eclesiásticos, y éste fue el destino de la recreación del mito del burlador. El 30 de agosto de 1962 fue presentada (expediente 4699/1962) y definitivamente autorizada el 23 de octubre del mismo año, tras un rápido pero intenso periplo. Se conserva el expediente en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (AGA 14119).

 

Una vez leída la novela, el censor emite un informe que encabeza con unas líneas dedicadas a su opinión “crítica” acerca del texto:

Novela de valores literarios, acentuándose en sus páginas a través de la lectura un alto tono intelectual que acusan indiscutiblemente los dones egregios del autor. Es una fantasía urdida sobre Don Juan y el donjuanismo, interpretados por el novelista con gracia y humor, y con frescura de alto ingenio, entreverándose una vena de innegable y preciosa cultura que ensambla con el constante humorismo. Este humorismo intelectual –evoquemos la virtud de la eutrapelia– , hace que el censor firmante salve muchos de los pasajes de la obra. Don Juan y Leporello aparecen en el bulevar Saint Germain de nuestros días, en la España de su época o en Italia. De aquí retorna a Sevilla para recalar una vez más en el París de ogaño. A través de 206 páginas con talento crítico se consagrará así el autor de este libro a analizar la personalidad de Don Juan, buceando en su sexualidad y en los estragos de su desconcertante psicología.

No parece mal informe y, desde luego, no está hecho por un ignorante: el censor es una persona de alta cultura y con formación teológica –es censor eclesiástico–, muy importante para esta novela. Sin embargo, a estas líneas le siguen un total de 18 recortes del censor, que suponían, si no un alto volumen de la novela, sí algunos pasajes importantísimos que, a juicio del autor, dejaban la novela destrozada. A la vista del informe, GTB escribió una carta al ministro exponiendo las razones por las que no compartía su dictamen y, posteriormente, rebatió cada uno de los pasajes tachados por el censor, para lo cual partía de los mismos presupuestos teológicos que el sacerdote. El ministro ordenó atender su petición y el caso fue revisado por el Director General de Información, que emitió su veredicto pasaje por pasaje.

Valgan como ejemplo de la enconada lucha entre autor y censor los dos pasajes que a continuación traemos, cada uno de ellos con la justificación del censor a la tachadura, seguido de la respuesta que le da GTB y de la definitiva decisión del Director General de Información.

Polilla y Garbanzo Negro son dos diablos, uno protestante y el otro católico. Polilla dice (y es lo tachado):

–El catolicismo está atrasado –respondió con un suspiro Polilla […]–. El catolicismo está atrasado –repitió.
 
Censor: “Dice: ‘El Catolicismo está atrasado’. Si se refiere a la falta de adaptación al mundo moderno y a rutinas en cosas subsidiarias y adjetivas, puede pasar. Por otra parte, el padre Welzeck, que lo dice, es un hereje”.
 
GTB: “Dialogan un diablo protestante y otro católico. El protestante dice que “el catolicismo está atrasado”. ¿Qué quería el censor que dijese un diablo protestante? Me parece una supresión ridícula.

DGI: “Vale el párrafo”.

El censor mismo advierte del contexto en el que se ha de entender el texto para darlo por válido, pero aún con esta salvedad, GTB se escuda en la realidad de la Iglesia, dividida entre católicos y protestantes. Quizá por ello el DGI acepta el párrafo.

El mismo padre Welzeck –poseído por un demonio– y Celestina tienen una conversación, en la que el poseso dice (y es todo lo transcrito lo que se tacha):

[Welzeck] –Soy brujo y he venido a esta casa a gozarme en tu mercancía. […] Al mismo tiempo que brujo […]
[Celestina] – […] pero si es fraile, y le apetecen las muchachas, tengo para estos casos apercibida una casa discreta, adonde acuden personas de muchos miramientos sin que haya lugar a escándalo. Salga vuestra paternidad inmediatamente, yo le daré la dirección, y con un poco de paciencia, antes de media hora podrá escoger la muchacha que le guste, y holgarse con ella todo el tiempo que quiera, previo pago, como es uso.
[Welzeck] – […] quiero escarnecer los hábitos y deshonrarlos […]
[p. 44, Welzeck] – […] Es que guardo rencor al hábito que lleva y deshonrarlo es parte principal de mi programa […]

Censor: “Táchese por escandalosa y blasfema la frase ‘quiero escarnecer los hábitos y deshonrarlos’. Las anteriores líneas subrayadas que las mire un censor, eclesiástico de preferencia. Téngase en cuenta que aquí el fraile es el Demonio. Lo correspondiente a la p. 44, táchese lo acotado”.

GTB: “Lo suprimido en esta página y en las tres siguientes es una ficción literaria. Un diablo pretende vengarse del cuerpo miserable de que ha venido sirviéndose durante veinte años. Este cuerpo pertenecía a un fraile agustino. La venganza consiste en obligar al cuerpo del fraile a que haga determinadas obscenidades. NI LO QUE DICE NI LO QUE HACE ES OBRA DE UN FRAILE, SINO DE UN DIABLO METIDO EN UN CUERPO DE FRAILE. Esto está perfectamente claro, y ningún lector puede interpretarlo de otra manera.

DGI: “Corrígese ‘escarnecer’. Vale lo demás.

Las líneas son suprimidas por el censor al ser protagonista de ellas un fraile, pero GTB hace responsable de ellas, en mayúsculas, al diablo que lo posee. Aún así, el DGI no acepta el escarnecimiento de los hábitos, por lo que mantiene la eliminación de la frase “quiero escarnecer los hábitos y deshonrarlos”, pero acepta el resto.

Con éstos y otras 16 pasajes más, GTB consiguió que el Don Juan saliera con dos o tres supresiones mínimas.

La saga/fuga de J.B.

La saga/fuga de J.B. fue presentada a Censura el día 12 de junio de 1972 –ya en edición impresa– y se “aprobó” el 13 de junio del mismo año. Nótese que una novela de 600 páginas se presentó un día 12 y fue autorizada el siguiente 13, es decir, en menos de veinticuatro horas. ¿La leería realmente el censor? El informe figura en el expediente 7227/1972 y está depositado en el Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (CA 464). No necesita más comentario que el que suscite a cada uno su lectura:

De todos los disparates que el lector que suscribe ha leído en este mundo, éste es el peor. Totalmente imposible de entender, la acción pasa en un pueblo imaginario, Castroforte del Baralla, donde hay lampreas, un cuerpo Santo que apareció en el agua, y una serie de locos que dicen muchos disparates. De cuando en cuando, alguna cosa sexual, casi siempre tan disparatada como el resto, y alguna palabrota para seguir la actual corriente literaria.
Este libro no merece ni la denegación ni la aprobación. La denegación no encontraría justificación, y la aprobación sería demasiado honor para tanto cretinismo e insensatez. Se propone se aplique el SILENCIO ADMINISTRATIVO.

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