
En
1980 GTB, a los setenta años, terminó su actividad
docente y se dispuso a disfrutar de una jubilación que se
caracterizó por la intensa creación literaria y los
viajes. Un año después de abandonar la cátedra
publicó La Isla de los Jacintos Cortados, por la
que le concedieron el premio Nacional de Literatura. Al tiempo,
inició sus Cotufas en el golfo, una colaboración
para el diario ABC de Madrid.
1982, tiempo de cambios políticos en España, fue
otro año
memorable en su cronología, ya que la publicación de dos nuevos
libros –la novela Dafne y ensueños y sus diarios de trabajo,
que tituló Cuadernos de un vate vago– vino acompañada
del premio Príncipe de Asturias de las Letras, ex aequo con Miguel Delibes.
Además, logró el espaldarazo de la popularidad gracias a la adaptación televisiva de Los gozos y las sombras.
En 1985, fue el primer novelista español galardonado con el premio Miguel de Cervantes
Por
fin, al hilo del éxito,
encontró editor para La Princesa Durmiente va a la
escuela (1983), y
también se publicaron Quizá nos lleve el viento
al infinito (1984)
y La rosa de los vientos (1985), casi sin descanso,
al tiempo que algunas obras aparecían en otros idiomas: La
Isla de los Jacintos Cortados en
gallego en 1983, Don Juan en italiano en 1985 y El
cuento de Sirena en
portugués en 1986. El reconocimiento del público
fue seguido de los honores académicos, pues recibió doctorados
honoris causa por varias universidades.
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En 1985
fue el primer novelista español galardonado con el premio
Miguel de Cervantes. Los años siguientes continuarían
con la publicación de casi un libro al año, además
de viajar por todo el mundo ofreciendo charlas, conferencias y
cursos. En 1987 desembarcaba en el panorama literario Yo no
soy yo, evidentemente, y en 1988 Filomeno, a mi pesar,
obra que recibiría el premio Planeta. El mismo año
apareció la primera traducción al francés
de una de sus obras, en este caso el Don Juan, idioma
al que, junto al portugués, ha sido traducida casi toda
su obra.
En 1989,
GTB publicó la Crónica del rey pasmado, que
dos años después llevaría al cine Imanol Uribe,
y que consiguió ocho premios Goya. Santiago de Rosalía
Castro, otro libro sobre la ciudad jacobea, salió el
mismo año de la imprenta. En 1991 Las islas extraordinarias; en
1992 La muerte del decano; en 1994 La novela de Pepe
Ansúrez (premio Azorín); y en 1995 La boda
de Chon Recalde. En 1997 salieron Memoria de un inconformista –recopilación
de los A modo publicados en Faro de Vigo– y Los
años indecisos. Durante este periodo de intensa producción
literaria serían varios los premios y reconocimientos que
recibiría a uno y otro lado del Atlántico, como el
doctorado Honoris Causa por la Universidad de La Habana, en 1992,
o el premio Castilla y León de las Letras, en 1995.
La noche del 27 de enero de 1999, casi con el fin de siglo, Gonzalo
Torrente Ballester falleció en su casa de Salamanca.
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 Leyendo el discurso de recepción del Premio Cervantes (Alcalá de Henares, 1986)
Pocos
días después llegó a las librerías
su último escrito, Doménica, un relato para
niños en el que la imaginación y la fantasía
son los auténticos protagonistas. Calificado como uno de
los grandes novelistas españoles, la denominación
de “El Señor de las Palabras”, acuñada
por Víctor García de la Concha, director de la Real
Academia Española, resume en cinco palabras la dedicación
de toda una vida a la literatura y la docencia. Fue enterrado en
el cementerio de Serantes, y su legado permanece en la fundación
que lleva su nombre, en Santiago de Compostela.
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