Entrevista

¿De dónde surge la idea de 'ZigZag'?
Después de terminar 'La caja de marfil' quería escribir el último libro dedicado a la Divina Comedia. Ya había escrito el infierno con 'La dama número trece' y el purgatorio que era 'La caja de marfil', así que se me ocurrió que el paraíso que las personas concebimos actualmente es el adelanto científico, es nuestro único paraíso, nuestro paraíso artificial. Al mismo tiempo, quería unirlo a esta idea de la isla perdida, otra idea que tenemos muy relacionada con el paraíso en nuestra cabeza. Siguiendo esos esquemas, me atraía mucho meterme a escribir algo sobre ciencia, nunca había escrito nada al respecto. Hasta ahora todo había sido hablar de arte como en 'Clara y la penumbra', o de poesía como en 'La dama número trece', o literatura como en 'La caverna de las ideas', así que quería hacer algo con la ciencia. Y me extraña mucho que me haya llegado tan tarde, porque yo procedo del mundo científico. Me atrae mucho los adelantos en física, creo que es una parte enormemente sorprendente de nuestra vida real, no hace falta buscar fantasmas ni cuestiones sobrenaturales, creo que la física, adentrarse en el conocimiento que poseen los físicos hoy en día, es un caldo de cultivo muy bueno para cualquier escritor. Estaba también la cuestión del tiempo, la idea de viaje en el tiempo, que siempre me ha atraído, pero de una manera distinta a la que normalmente tenemos. Más que viajar en el tiempo, que me parece una solemne tontería porque no sé qué podríamos hacer en el pasado, sino ver las cosas sucedidas. ¿Por qué esas cosas, lo que hemos vivido o han vivido nuestros antepasados, se han perdido? Creo que esa es la pregunta fundamental en la novela.


¿Cuándo se planteó hacer una novela científica surgió la disyuntiva entre las diferentes ramas: la biología o la química, por ejemplo, o desde el principio supo que era la física lo que le interesaba?
Bueno, coincidió que cuando estaba terminando 'La caja de marfil' había leído un libro de Stephen Hawking, 'El universo en una cáscara de nuez'. Además a mí siempre me ha interesado mucho la física, a partir sobre todo de la teoría de la relatividad, recuerdo cuando muy joven empecé a estudiar sus rudimentos y quedé maravillado. Estoy encantado de que en la conferencia de prensa, José Manuel Sánchez Ron, un físico divulgador muy importante de este país y de quien yo había leído los primeros libros sobre relatividad, sea quien presente el libro a los periodistas. Así que me dije: “Bueno, mi primer paso en la ciencia tiene que ser con la física”. Aunque, claro, al haber estudiado medicina, lo natural hubiera sido hacer algo ligado a la biología, ala medicina. Pero nunca me he distinguido por hacer lo que parece que debería hacer por background o historia. Mi primera novela famosa, por llamarla de alguna forma, fue 'La caverna de las ideas' y hablaba del mundo griego antiguo.

El mundo de las letras hispanas, los hombres de la letras en español no se caracterizan por tener demasiada curiosidad por la ciencia, por el conocimiento científico, se podría decir incluso que existe hasta cierto desprecio e ignorancia hacia la ciencia. ¿Cuándo decidió hacer esta novela, se planteó este tema, era consciente de ello, se propuso escribirla casi como un reto?
Sí, me lo planteé. Y llevo planteándomelo desde hace mucho tiempo en realidad, por lo cual no me atemorizaba especialmente este nuevo reto. En 'La dama número trece', por ejemplo, me planteé la posibilidad hacer una novela de terror en español, escrita en español y en España, hay que añadir la coletilla. Desde entonces, me vengo planteando una serie de cuestiones que veo que a nuestro alrededor faltan. Pero debo decir, con optimismo, no me considero uno de los pioneros ni mucho menos, que la cosa está cambiando para bien. Cada vez hay más autores que escriben de todo y en español. A mí lo contrario me ha parecido siempre un sinsentido. Durante mucho tiempo en este país se ha tomado la literatura como si se tratara de hacer un monumento imperecedero a las letras, cada autor tratando de hacer su propio monumento. Y por supuesto, se trataba de monumentos a imitación de los considerados grandes autores de nuestro país o el extranjero. Y nos olvidábamos que la literatura ante todo debe dar placer, y para dar placer, aparte de hacer reflexionar, uno tiene que escribir sobre lo que realmente le nace y le apetece. El problema aquí es que durante mucho tiempo muchos autores se han metido a escribir sobre cosas que no les apetecían sencillamente por ver qué tal salía el monumentazo. Ha habido esa escasez de libertad en la elección de temas, pero creo que ahora está pasando, yo lo veo en las publicaciones, no digo que todo sea de calidad ni mucho menos, pero hay mayor libertad y en ese aspecto nos estamos pareciendo a las literaturas de otro país. Cada autor es un mundo y tenemos que escribir sobre lo que nos apetece. Entonces, en este caso de la ciencia sí me sentía un tanto solo, aunque es una sensación agradable y lo he enfocado como un reto, pero no en plan orgulloso: “yo voy a escribir algo que nadie ha escritor”, ni mucho menos.

Parecería que no se ha superado el mito de las dos culturas del que hablaba C.P. Snow en 1959...
Sí, yo lo he visto claramente en la tradición literaria española reciente, ha habido mucho tomarse la literatura en serio, demasiado en serio. Hablo de la literatura en España, no de Latinoamérica, no hablo de Borges o Cortázar, por ejemplo. Nos hemos tomado demasiado en serio la literatura y hoy en día, cuando lees una crítica, ves que el crítico se pone siempre al mismo nivel, no considera que hay diferentes clases de literatura, sino consideran que hay un parámetro, un metro platino iridium con el que tienen que medirlo todo. Si eso encaja, bien, y si no encaja, pues está mal. Independientemente de la clase de literatura que sea, de lo que pretenda y lo que busque. Eso demuestra el ojo de cíclope con el que todavía miramos las cosas aquí, desde el punto de vista literario. Yo me planteé hacer lo que realmente me apetecía y tratando de darle la poca o mucha calidad que siempre me esfuerzo por dar a mi escritura y profundizando en los avances científicos que me interesaban.

¿Tenía en mente algún libro, algún autor, que hubiera conseguido aunar literatura y ciencia?
Bueno, es imposible hoy en día escribir un thriller científico y no pensar en algunos nombres americanos como Michael Crichton o Robin Cook, de la misma manera que cuando escribí 'La caverna de las ideas' era completamente imposible huir de la sombre de Umberto Eco, en todas las entrevistas surgía la pregunta obligada sobre 'El nombre de la rosa'. Cuando no puedes huir de los fantasmas lo que tienes que hacer es acogerlos en tu seno. Yo he leído a Crichton, he leído a algunos otros autores de thriller científico, debo decir que me gusta mucho la manera que tienen, sobre todo él, de hacer lo difícil, fácil. Por otro lado, deja mucho que desear la calidad literaria, desde mi punto de vista, por supuesto. Pero tampoco creo que sea eso precisamente lo que está buscando.

¿Qué es lo que le atrae tanto del thriller para que sea cuál sea el tema a tratar siempre se sirve de ese formato?
Sí, siempre. Yo creo que es uno de los formatos más realistas que hay. La vida es thriller, la vida es suspense, la vida es un misterio constante y continuo que hay que resolver. Me parece que estar vivo y no sentir que estamos dentro de un misterio es no comprender absolutamente nada de lo que nos rodea, no sólo estamos dentro de un misterio sino que somos un misterio. Entonces, al hablar de thriller a mí me sorprende el desprecio con el que se trata a un género literario que, a fin de cuentas, lo único que busca es que el misterio de placer, que guste y atrape. Por supuesto se puede escribir con una calidad o con otra, pero lo que no hay duda es que el thriller pretende enaltecer, en cierto sentido, el misterio, y la vida está llena de misterio. Por eso, si hablan de esa etiqueta absurda de “novela realista”, que no sé muy bien qué significa eso, pues qué es el thriller sino la novela más realista que hay. Sobresaltos, sustos, misterios, suspense, sorpresas. Es la definición clara y total de nuestra existencia. ¿Qué me interesa del thriller? Que reúne lo que es nuestro mundo, el mundo que vemos, que sentimos y exploramos. Los científicos están sumergidos todos los días en una especie de thriller. Los descubrimientos son terriblemente enigmáticos, ofrecen más preguntas que respuestas, más enigmas que soluciones. Nos rodea un mundo completamente misterioso y lleno de sorpresas.

¿Podría relatar el proceso de investigación para 'ZigZag'?
Cuando decidí escribir sobre física, me dije claramente que debía conocer a varios físicos. No para preguntarle concretamente cosas sobre su trabajo porque, en primer lugar, los profesionales no están para explicarle a nadie que no sea otro profesional sus cuestión y, en segundo lugar, porque yo no me enteraría, como es lógico. La física ha llegado a tal extremo de complejidad que es muy difícil que un profesional de este tipo pueda explicarte algo en unos minutos. Lo que sí hice, fue ir a conocer físicos. Empecé a buscar cosas en la web, fui al Consejo Superior de Investigación Científica, fui a las facultades de la Universidad Autónoma, la Complutense. Al principio se mostraban extrañados por mi interés, fueron muy amables pero se preguntaban: “Bueno, ¿y este qué quiere que le cuente? Yo me dedico a la física de partículas y viene un escritor de novelas de suspense ¿qué quiere que le cuente?”. Lo que no se creían era que yo iba a hablar con ellos y a palpar un poco lo que es un profesional de la física. Me llamó poderosamente la atención descubrir que ,bueno, eran gente normal, como tú y como yo, con sus peculiaridades. Había algunos, por ejemplo, que trabajaban con su pizarra y su tiza, y no se movían de eso y sus alumnos. También me interesaba conocer el mundo de la mujer en la física, un mundo que me parecía enormemente extraño y que después comprobé, para mi gran felicidad, que tampoco es tan extraño y que de hecho en España hay muchas más mujeres dedicadas a la física teórica o experimental que las que se pueden encontrar en centros importantes como Oxford o Massachussets.

¿Fue por eso que decidió que la protagonista fuese mujer?
La idea de Elisa la tenía yo muy grabada, muy clara en la cabeza, y no fueron las entrevistas lo que me decidió por ello. Pero sí me confirmó de que una Elisa era perfectamente posible. Y luego, los físicos que revisaron el manuscrito me dijeron que sí, que la existencia de una persona como Elisa era perfectamente probable, a pesar de que parece reunirlo todo ¿no? Pero bueno, ¿por qué no? Como te decía, no es tan extraño, y menos aún en España, que haya mujeres en las clases avanzadas de física. Y cada vez hay más. Aquí en España, porque parece que en el extranjero –y esto me lo contaron ellas— no es tan frecuente, hay cierta reticencia y reservas a la hora de dirigirse a compañeras. El anglosajón, por ejemplo, parece pensar que las cuestiones teóricas y abstractas son para hombres. Mientras que aquí parece haber más aperturismo.

¿Y la lectura de textos científicos, que no es una lectura habitual para la mayoría de los lectores, le supuso algún problema?
Bueno, en cuestiones de leer nunca he tenido demasiado problema. Me he tragado cada tocho para escribir mis libros, así que uno más no me importaba. Lo que me ocurre a mí es que tiene que ser algo que realmente me esté gustando, una idea que me atrape y me de impulso para poder sentarme a enfrentar todo el rollazo que me espera. Por ejemplo, para 'La caverna de las ideas ' tuve que leer una cantidad de cosas. Recuerdo que en esa época no tenía Internet y debía sacar los libros de griego de la biblioteca de mi barrio. Mis amigos me veían con dos bolsas de libros de Sócrates, Platón, Esquilo, Sofocles y me decían: “Estás completamente loco”. Y una vez terminé ese libro, ya dejé en paz el mundo griego, de vez en cuando recurro a él si quiero revisar alguna obra, pero no es ni mucho menos mi pasión. Con la física me ha pasado lo mismo, yo suelo leer ciencia, estuve suscrito un tiempo a Scientific America, suelo leer uno que otro libro de divulgación, pero para escribir me tuve que meter en camisa de once varas. Me metí de lleno, con un horario todas las noches en el despacho, estudiando física. Al principio como un alumno, me compré un texto general y fui refrescando conocimientos y metiéndome en otros. Los textos de divulgación que luego leí los menciono en una nota al final del libro. Y luego, la otra forma de enterarme de las cosas ha sido las charlas con los físicos.

¿Y estas personas han leído el libro una vez acabado, le han hecho llegar sus comentarios?
Algunos sí lo leyeron y lo corrigieron. No precisamente los que aparecen en la nota de agradecimiento sino otros que prefirieron no ser mencionados. Una vez terminado el libro yo quería que lo revisaran porque podía tener bastantes errores, como evidentemente ocurrió. Pero la impresión general fue bastante buena.

Y a la hora de sentarse escribir ¿qué fue lo que más le costó? ¿quizás trabajar con el lenguaje científico, tamizarlo de una manera que fuera legible para un lector no habituado, insertarlo en una trama de thriller?
Lo más complicado siempre es tejer la trama, el plot como llaman los anglosajones. Cuando uno ya comprende después de haberse empapado durante meses, de haber leído, hablado con estos y con los otros, cuando se hace una idea del soporte que va a tener la novela, el mundo donde se va a desenvolver, a partir de ahí lo que queda es el plot, el desarrollo de los acontecimientos y eso es lo más difícil. En el caso de 'ZigZag', había un problema muy grande y es que en cada libro mío yo quiero hacer algo relacionado con el tema del libro, es decir, 'Clara y la penumbra' está contada como si fuéramos elaborando un cuadro, en 'La caverna de las ideas' hay un traductor de griego aparentemente traduciendo, en 'La dama número trece' hay estos poemitas y frases cortas como versos. 'Zigzag' versaba sobre el tiempo y qué mejor idea para hablar sobre el tiempo que realizar una serie de flashbacks, de momentos históricos previos. El libro tiene dos flashbacks que me atemorizaban. A mí nunca me han gustado los flashbacks, considero que hace falta un talento especial para escribir acerca de acontecimientos que han pasado cuando el lector ya está habituado al ritmo temporal presente, pero traté de esforzarme en meterlos con la mayor suavidad posible para que el lector discurriera por ellos sin problemas. Y creo, por las múltiples lecturas y opiniones que he recibido, que la lectura fluye y los flashbacks han salido más o menos bien.

¿Cómo cree que está emparentada 'ZigZag' con el resto de su obra?
Bueno, hay varios elementos comunes. Por un lado, la continua y constante invitación al lector para que participe activamente de la lectura, a través de la voz de los personajes, de la voz interior, sobre todo de Elisa Robledo. Esa voz interior, esas cursivas, esos pensamientos, que de repente se introducen e intentan atrapar al lector, meterlo en el mundo que está viendo, sintiendo y palpando el personaje. Así como también una cosa que introduje en el libro, diagramas y dibujos, que nunca había introducido pero que en este caso me parecía interesante, creo que de alguna manera ambientan al lector, le hacen vivir la experiencia de forma directa, como si estuviera viendo el papel o contemplando la pizarra. Eso por un lado, por otro está mi típico thriller de siempre, en el que se mezclan distintos ambientes, distintas tonalidades distintos niveles, en este caso un thriller que parece policiaco pero no lo es porque tiene otras cuestiones que parecen sobrenaturales, pero no lo son porque son más bien de ciencia ficción, pero tampoco es ciencia ficción porque se trata de algo tan de andar por casa desde el punto de vista científico como es la teoría de cuerdas, etc, etc. Una mezcla de distintos géneros, que es uno de los patrones fundamentales con que me estoy moviendo actualmente, con el que quiero crear obras que no sean fácilmente clasificables. Sé que 'ZigZag' se va a clasificar como novela de ciencia ficción pero yo creo que es más bien un thriller científico, que es donde pueden caber distintas tonalidades.

Hoy en día, cuando uno lee textos de divulgación científica, cuando lee a gente como Richard Dawkins o Steven Pinker o Steven Weinberg, pareciera que la cuestión religiosa en la ciencia está superada, que dios y la ciencia son irreconciliables. Sin embargo hay uno de los personajes, Víctor Lopera, también físico, que la plantea varias veces a lo largo del libro ¿Lo puso por alguna razón en especial, surgió a partir de alguna conversación con un científico?
No, no fue un tema en el que profundicé durante esas charlas. Pero yo creo que todavía es un tema que atrae a los científicos, que todavía plantea cuestiones. Te contaré una anécdota: Uno de los físicos que revisó mi manuscrito llegó a un párrafo en el que Víctor Lopera declaraba que era católico practicante. Entonces, este profesor de física muy afamado pero que prefirió mantener el anonimato, me pone una escueta nota en el texto que decía “ser católico practicante y profesor de física es muy raro”. Aquello me dejó alucinado, será que es imposible una cosa y la otra. Es cierto que es muy raro, así que yo dejé al pobre Víctor que no fuera practicante, tan sólo católico. Pasa que es muy difícil, no quiero decir que sea incompatible, conocer tan a fondo la realidad y suscribirse de corazón a un dogma, es muy difícil ser científico, conocer tanto la realidad y pensar que detrás de esa realidad todavía hay algo. Imagínate que está tratando de encontrar una teoría del todo, la llaman TOE (Theory of everything). Y no es una broma, están en ello. Stephen Hawking, desde su silla de ruedas, junto a otros físicos, quiere saberlo todo, conocer las últimas de las últimas consecuencias y causas de nuestra realidad. Eso es muy fuerte, casi traducir a Dios en palabras. Así surgió el personaje de Víctor Lopera, un tipo un tanto atípico dentro del mundo de la física, no en vano es un poco botánico y astrónomo, pero no olvidemos al abad George Lemaitre, quien discutió con Einstein y que al final resultó que tenía razón. O al propio Teilhard de Chardin, que era sacerdote y también físico.

¿Cómo escribe? ¿Tiene una rutina, alguna manía?
Tengo muchas manías, algunas se pueden contar, otras no tanto. Una de las más curiosas, creo, es que necesito tener unas gomas de borrar al lado. Yo escribo con pluma primero y luego ya todo con ordenador. Sin embargo, tengo que tener gomas de borrar al lado, no sólo una sino varias. Y cuando no las tengo me siento mal, necesito reponerlas de vez en cuando. Cuando salgo a hacer una compra antes de empezar una novela, compro gomas, aunque no las vaya a usar. Otra obsesión es la rutina. Un amigo mío, Miquel de Palol, dice que lo mejor que le puede pasar a un escritor es que no le pase nada. Ni nada bueno, ni nada malo, que haya una línea de base en la que transcurramos sin demasiados altibajos. Para mí, rutina es levantarte siempre a una hora, tomar el desayuno, hacer algo de deporte, ponerte a trabajar a determinada hora, terminar a tal hora una vez escrito todo lo que te pide el cuerpo ese día, no te puedes olvidar de leer, es muy importante leer mientras trabajas en un libro. En resumen, una vida cuadriculada.


 

Foto de Clara Iparraguirre

 

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