Introducción
Silencio de Blanca
La ventana pintada
Cartas de un asesino
insignificante
Dafne desvanecida
La caverna de las ideas
Clara y la penumbra
La dama número trece
Fin
 
Esto sucedió así. Un periodista me preguntó cierta vez cómo me había surgido la idea de una novela determinada. Respondí: "Escuchando tal música". Tiempo después, otro periodista me preguntó lo mismo con otra novela, y resultó que había sido otra música la inspiradora. Tras varias preguntas y respuestas parecidas me percaté de las coincidencias, como nos percatamos de que caminamos de forma llamativa o tenemos un determinado tic cuando alguien nos lo hace notar, y, de este modo, comprendí que la música me inspiraba cosas, o, por lo menos, que la música me resultaba muy importante para crear.
No tengo ni idea de si a otros escritores les ocurre lo mismo. Debo aclarar que, por lo general, no oigo música cuando escribo (me consta que otros sí lo hacen), de igual manera que tampoco escuchaba música cuando estudiaba, pero una música específica se encuentra casi siempre en el origen de cada una de mis novelas, y de esto me vine a percatar hace poco. Lo escribo ahora porque lo he pensado ahora: como dicen los magos y entertainers (aunque siempre mientan) esto "no estaba preparado".
No me preguntéis la causa. Me gusta mucho la música, eso sí, pero ignoro por qué una melodía en especial me induce a escribir algo tan complejo como una novela. Me limito a contar lo que ocurre, no a explicar el porqué, y en esto me comporto como cualquier otro escritor.
Seguidamente ofrezco una lista de las músicas que yacen en la profundidad de cada una de mis novelas. Cito el título de la novela y luego hablo de la música inspiradora.