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El protagonista de tu nuevo libro
se llama nada más y nada menos que Salomón
Rulfo. Para colmo, está metido en una historia
de fantasmas. ¿Un homenaje velado al autor de
"Pedro Páramo"?
Me temo que no, o al menos no del todo. Los nombres
de mis personajes, como los que ponemos a los niños
en la vida real, tienen algo de azar, algo de autoimposición
("tiene que llamarse así, me suena bien").
Si, además, puede haber un guiño literario,
pues mejor que mejor. Por ejemplo, me encantaba la fantasía
de hacer coincidir un nombre griego real de la época
-Heráclides Póntico- con el famoso Hércules
Poirot en mi personaje Heracles Póntor de "La
caverna de las ideas"... pero quienes pensaban
que lo había bautizado así sólo
como "homenaje" a Agatha Christie se equivocaban.
En el caso de Salomón Rulfo, las connotaciones
literarias pueden ser variopintas (hay que tener en
cuenta que el rey Salomón, tradicionalmente,
se relaciona con brujas y duendes, así que, además
del guiño a ese genio de la brevedad que fue
Rulfo también hablo del legendario rey), pero,
simplemente, el nombre se me impuso desde la fantasía...
¿Qué tiene que
ver el doctor Ballesteros con el psiquiatra (o mejor
dicho, ex-psiquiatra) José Carlos Somoza? ¿O
te sientes más cerca del protagonista, envuelto
en extrañas aventuras con las musas?
Creo que la respuesta es previsible y comprensible:
me siento cerca de ambos. Como estímulo para
los eternos psicoanalistas de la lectura que tanto (dis)gustaban
a Nabokov, diré que mi "desdoblamiento"
en esta novela parece muy evidente: por un lado, el
médico racionalista que intenta entenderlo todo
y que al final sucumbe ante lo desconocido; por otro,
el poeta que desea aventurarse en la oscuridad, aunque
sea a solas... El momento trascendental es cuando el
primero decide "no entrar" y el segundo elige
"entrar" en la misteriosa casa... que le abre
las puertas sólo a él y a Raquel. Sé
que el médico, como cualquier otro científico,
se detiene en un punto de las cosas quizá más
superficial pero también más objetivo...
Los "poetas", en cambio, intentan siempre
avanzar más allá... Yo me siento parte
de ambos mundos.
Si en "La caverna de las
ideas" mezclabas novela histórica y relato
policial, en esta nueva novela aparecen ingredientes
de terror en los dominios de la mitología. ¿Sientes
algún placer especial en transgredir y mezclar
géneros?
No siento placer en transgredir o mezclar géneros,
sino, más bien, en escribir lo que deseo escribir
exactamente. Si termina convirtiéndose en una
novela policíaca, pues estupendo. Pero raras
veces (por no decir nunca) uno hace una novela "de
género" cuando escribe lo que de verdad
desea... Nuestros deseos no pueden encasillarse: no
tenemos deseos policíacos o de terror, y aun
los deseos eróticos nunca son puramente eróticos.
Cuando volcamos lo que tenemos dentro en el papel salen
monstruos multicefálicos, cosas inclasificables...
Me gusta leer en tal o cual crítica que tal o
cual de mis novelas no puede clasificarse fácilmente:
así ha ocurrido con "Clara y la penumbra",
sobre la que se han dicho cosas bastante dispares: novela
de ciencia-ficción, policíaca, incluso
fuertemente erótica... No sé quién
hablaba así del estilo literario pero yo lo aplico
a los géneros: escribir pensando en un género
es como atrapar la mariposa para clavarle un alfiler...
Yo intento siempre que mis mariposas sigan vivas y vuelen
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