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n un lugar tan institucional como la Biblioteca Nacional se presentaba 'Los mongoles en Bagdad', la denuncia hecha obra de José Luis Sampedro sobre el ilegal e indiscriminado ataque contra Irak de "El Trío de las Azores". Fuera de la sala, el bullicio y las protestas llegaban hasta la mesa en la que se encontraban, además de los autores -el volumen adquiere otra dimensión con las ilustraciones del joven dibujante Sequeiros-, Iñaki Gabilondo, Manuel Vicent, Javier Sádaba y El Gran Wyoming, que llamaron a la calma a los congregados. El acto, que se abrió con la lectura de algunos fragmentos a cargo de Las Veneno, se había desbordado y llegando a su punto final, la voz suave y cercana de Sampedro agradeció con timidez "el cariño y el afecto" de todos los presentes y mostró su satisfacción al percibir que "estas ideas encuentran participación".

Porque si algo lanzan estas páginas son ideas contra la adocenamiento y el peligroso camino por el que nos quiere dirigir el actual gobierno. "No he podido resistir la necesidad de escribir este libro. Me sentía provocado por lo que estaba ocurriendo. Ante eso, no he podido callar. Si soy culpable, júzgenme ustedes", comenzó Sampedro, para quien la barbaridad de lo ocurrido en aquel país "vulnera todas las ideas que tenemos sobre la administración de justicia".

Fotos de Ana Bolívar

Desde su condición de periodista "mayor de edad", Gabilondo apuntó a lo largo de veinte minutos cómo aquella terrible situación "desafiaba todos los parámetros del periodismo", cómo era imposible "tragarse la película que nos estaban contando". Arrancando en el fatídico 11-S, "espoleta de algo que estaba dibujo antes", fue puntualizando todo el proceso que nos llevó a una guerra injusta que alcanzó un punto -sobre todo, tras la muerte del cámara televisivo José Couso- en el que "uno se siente personalmente ofendido y entra en un cuerpo a cuerpo que no forma parte de nuestro trabajo". "Creo que Aznar ha sacado lo peor que hay en mí", confesó quien ha comentado y valorado cada nueva noticia y dato que iba surgiendo de este episodio vergonzoso.

En su exposición Manuel Vicent calificó el libro de alegato y dibujó el "panorama siniestro y abrasador" que se avecina ahora que la "desesperación y miseria de muchos pueblos, sumadas al fanatismo, entra en contacto con la alta tecnología". El escritor, que centró su intervención en la existencia de una diálectica bélica, terminó aseverando: "Ser pacifista es ser más valiente que un guerrero. Que lo sepan los belicistas". Sacando la risa arrancó su "mutilada" exposición Javier Sádaba, colocado en la "extrema derecha" de la mesa. El filósofo y ensayista definió a Sampedro como "un independiente de los independientes que sabe estar debajo de sí mismo, un pensador activo y crítico" y subrayó que 'Los mongoles en Bagdad' es "un libro directo, sencillo, ameno... que se lee, como decían los clásicos, deleitando y aprendiendo". Sólo en las últimas líneas, con ironía y cierta reverencia ante su erudición, hizo algunos reparos a la obra: "Trata demasiado bien a Blair, a Colin Powell, con excesivo respeto y no lo tiene, y, además, es condescendiente con la guerra que ocurrió en Irak hace una década".

 

"Quería agradecer la paciencia que habéis tenido los que al final habéis entrado al asalto y también a José Luis Sampedro el que haya escrito esta obra porque cuando uno le ve a su edad, tiene la esperanza de que cuando tenga la suya seguirá siendo como es. No como él porque soy más guapo y me gustaría seguir siéndolo", bromeó El Gran Wyoming con media sonrisa, de ingenio y seriedad para convertir su exposición en un acto político porque, según dijo, los que le habían precedido ya habían hablado mucho del libro y sólo apostilló: "Me he cabreado más de lo que estaba después de leer el libro". Con sus ácidos comentarios y su característica mordacidad salió en defensa de los actores españoles -recuerden las críticas por la gala de los Goya- y censuró con firmeza y espontaneidad la política y maneras del gobierno porque, tal y como aseguró, "la democracia está en manos de quienes no son demócratas y nosotros en manos de gente que miente".

El autor de libros como 'Octubre, Octubre' o 'La sonrisa etrusca' tampoco pudo reprimir un alegato final: "Vivimos en una sociedad bajo el poder de un gobierno autoritario y todo lo que hagamos para evitarlo es necesario. Muchas gracias". Calurosos y sentidos aplausos resonaron en la sala formando al unísono un sincero "gracias a usted".