Llevamos
semanas diciéndolo, pidiéndolo,
gritándolo.
Lo hemos cantado, recitado, bailado y pintado.
Desde el parlamento, desde las pasarelas,
los teatros y entregas de premios.
Con la voz, la palabra, globos y cacerolas.
El gobierno no nos oye, no quiere oírnos,
pero nosotros no nos cansamos. Aquí
estamos reunidos para cantar y gritar una
vez más.
Sin huevos, sin piedras, y, sobre todo SIN
BOMBAS.
Un día más, nos reunimos para
cantar y gritar el NO A LA GUERRA, luchando
POR NUESTRA PROPIA DIGNIDAD. Ese valor más
importante que el petróleo.
Baje o suba el barril, señora Ministra,
seguimos diciéndole NO A LAS BOMBAS.
Somos un pueblo digno, señora Ministra;
no nos importa su petróleo si proviene
de un botín de guerra. Somos pobres,
pero no miserables ¿logra usted entenderlo
señora Ministra?
Esta guerra no es legal, no la autorizó
el Consejo de Seguridad de la ONU, aunque
Aznar afirme lo contrario mintiendo en
las Cortes. Esta guerra no es para liberar
a Irak, sino para someterlo a Estados
Unidos. Esta guerra no es contra el terrorismo
de Al Quaeda, ajeno a Sadam Hussein.
Todas esas mentiras no nos engañan.
Y es verdad que Sadam Hussein es un tirano,
pero Bush no es quien para juzgarle ni
ejecutarle: ese poder es de las Naciones
Unidas y los tribunales internacionales.
La verdad es que Estados Unidos quiere
mandar él solo por encima de las
leyes mundiales. Acusa a Sadam Hussein
para convertir a Irak en cabeza de puente
y así extender su dominio en Asia.
Y no le importa despilfarrar en matar,
destruir y reconstruir los millones que
niega para la ayuda al Tercer Mundo. Cuando
la guerra mete dólares en muchos
bolsillos, ¿qué importa
la sangre ajena?
Ésa es la verdad de Bush, ése
experto en sentencias de muerte y fiel
asiduo a la misa del domingo para contar
con Dios.
La verdad de su cómplice inglés
es ver si reanima el viejo imperio venido
a menos.
¿Y cuál es la verdad del
tercero, el "amigo" Aznar que
ha metido a España en la aventura,
contra la voluntad de la gran mayoría
ciudadana?
¿Qué gana España?
Hasta ahora el señor Aznar sólo
ha logrado fotografiarse en las Azores
con la mano de Bush en su hombro. No podía
pedir más, pues fracasó
en las dos misiones que le encargaron
por su condición de hispano y católico:
No convenció al Papa ni a Méjico
para que traicionaran sus creencias y
su dignidad.
Quizás después, a la hora
del reparto, algunas empresas españolas
ganen algo en la reconstrucción
de Irak, pero será a costa del
destrozo hecho por el Sr. Aznar en nuestras
relaciones internacionales. Su entrega
a Bush ha contribuido a fraccionar Europa,
nos ha declarado enemigos del Islam y
de Marruecos y se ha opuesto a la América
Latina cuya dignidad defendieron Méjico
y Chile en la ONU, frente a las presiones
de Bush. Todo eso supone que España
pague un precio demasiado alto por las
vanidosas fotos del trío en las
Azores.
La historia le juzgará, pero los
ciudadanos españoles ya le hemos
condenado, aunque él siga agarrado
al poder abusivo. Y junto a todos los
españoles, hoy somos los artistas,
sintiéndonos reflejo sensibilizado
del espíritu popular, quienes le
rechazamos con nuestro clamor, aunque
nos arriesguemos, como Luis Eduardo Aute,
Juan Luis Galiardo y otros compañeros,
a bastardas represalias de los autoritarios
oficiales de uno y otro lado del Atlántico.
Por todo ello, POR NUESTRA DIGNIDAD frente
a la vileza y a las mentiras, pedimos
el retorno a la democracia mundial frente
al imperialismo armado y gritamos:
AZNAR DIMISIÓN Y
¡¡¡NO A LA GUERRA!!!
José Luis Sampedro
Texto leído por Rosa María
Sardá en el concierto contra la
guerra que tuvo lugar en la Puerta de
Alcalá de Madrid el 6/04/2003
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