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Aunque
hoy sea conocido casi exclusivamente por La Venus
de las pieles, Sacher-Masoch fue un prolífico
escritor, incluso dramaturgo, y sobre todo autor de
relatos cortos. Aquí se han seleccionado diecinueve
muy representativos de la obsesión del autor
por lo que, como podría esperarse, en ellos
abundan las pieles tan adoradas. Las hay de todas
clases: zorro blanco, cibelina, lobo, marta, oso blanco,
armiño, tigre, pantera y hasta gato de algalia
y otras selváticas en el cuento titulado Drama-Dscheuti,
cuya singularidad destacaré más adelante.
Por supuesto los personajes principales son siempre
femeninos, en papeles de amas y casi de diosas. Suelen
ser fuertes, bien formadas y calificadas con frecuencia
como "amazonas" o "poderosas",
"demoníacas". Unas son rubias de
largos cabellos, otras morenas y esbeltas según
un tipo húngaro muy grato al autor. En alguna
sus caderas de amazona se combinan con senos virginales,
Los ojos son profundos, misteriosos, dominantes; los
gestos de alguna recuerdan a la pantera agresiva a
punto de saltar. Visten a tono con esos rasgos, a
veces a la manera rural en el Este europeo (falda
corta y botas altas) pero también a la moda
elegante, de salón o con aire masculino: pantalones
de montar, sombreros varoniles, tricornios, casacas
rojas y, muchas, la kazabaika o chaqueta adornada
de piel.
Los comportamientos suelen mostrar temperamentos dominadores.
Esas heroínas montan a caballo, practican el
tiro y la esgrima, cazan, doman caballos y fieras,
se baten en duelo, luchan cuerpo a cuerpo, apuñalan
con gallardía, vengan su honor o sus desgracias
en forma cruel. Si es preciso se alían con
bandidos e incluso capitanean una cuadrilla. Aunque
también saben vencer seduciendo, ofreciéndose
con "descuido lascivo" o dominando "el
arte de tenderse en un sofá".
No insisto en detalles pues el lector va a juzgar
por sí mismo. Sólo quiero destacar,
como anuncié, la historia de la princesa negra
Drama-Dscheuti porque la descripción de su
aldea africana es tan disparatada que no puede haberla
escrito en serio un profesor universitario. Las calles
de la aldea, por ejemplo, se pintan cubiertas de hollín
porque allí todo es negro y hasta "los
cocodrilos y las hienas parecen bañados en
tinta". Los indígenas "burgueses"
se distinguen por su manto rojo y su sombrilla y,
en fin, las amazonas (no podían faltar) de
la princesa vencen en una guerra tribal con tácticas
increíbles
Solo puedo pensar que ese
cuento fue en su momento parodia de ciertos novelones
coetáneos y merece ser leído en clave
de humor.
Por lo demás se aprecian tendencias semejantes
entre las heroínas, respondiendo a la obsesión
sexual del autor. Así lo notó ya en
su tiempo un crítico alemán, que advirtió
del riesgo de repetirse y aconsejó al autor
que se librara como fuese de ese tipo femenino. Comentándolo
con su mujer, según evoca ésta en su
Confesión , Sacher-Masoch objetó que
ese ideal de mujer no procedía de su experiencia
sino de su cabeza, tan llena de su figura que en cuanto
pretendía describir un tipo femenino siempre
se le aparecía el mismo: "Es como una
embriaguez; no puedo impedir presentarla en toda su
demoníaca belleza". Su esposa le recordó,
sin embargo, que él había tratado a
mujeres así, como la Fanny Pistor (modelo de
La Venus de las pieles) pero él replicó
"Las que traté intentaron acercarse a
mi ideal, pero no lo lograron; fueron demasiado débiles".
Para concluir esta referencia a los cuentos justo
será consignar que a veces Sacher-Masoch fue
literariamente más ambicioso, como su proyectada
ampliación de El legado de Caín que
no llegó a desarrollar y que conocemos por
una carta a su hermano Carlos fechada en 1869 . Con
esa obra pretendía abarcar todos los que estimaba
grandes temas de la existencia humana: Amor sexual,
Propiedad, Estado, Guerra, Trabajo y Muerte. Quizás
su mente empezaba ya a desordenarse, pues no tardó
en sufrir crisis de demencia por las cuales en 1895
fue ingresado en el asilo de alienados de Mannheim,
donde terminó su vida.  |
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