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Uno
de los recursos usados por quienes mandan imponer su
voluntad a los gobernados y legitimar su poderío
consiste en implantar una educación que incluye
el concepto de "orden natural", como norma
indiscutible para orientar nuestras vidas. Una vez aceptado
ese "orden natural" de la sociedad, tenderemos
a rechazar toda conducta propia o ajena desviada de
ese orden y la condenaremos por escandalosa, perjudicial
o aberrante. Durante mucho tiempo, por ejemplo, y con
el apoyo de dogmas religiosos, se afirmó que
el "orden natural" de la sociedad era la monarquía
de derecho divino. En consecuencia, ser partidario de
otro sistema, como el republicano, era caer bajo el
peso de la ley y hacerse reo de un delito máximo,
casi blasfematorio.
Delito creado, claro está, por la ley de los
monarcas, que no tenía nada de "orden natural"
porque para la naturaleza no hay delitos sino errores
vitales, como la inadaptación que se paga extinguiéndose.
Si el "orden natural" como se nos repite,
es el matrimonio católico, monógamo e
indisoluble, entonces la mayoría de la humanidad
organizada según otros modelos familiares viven
en contra de la naturaleza. Los ejemplos abundan.
En suma, el llamado "orden natural" no está
dado por la naturaleza sino inventado como creencia
de quienes escriben las leyes. El hombre, si bien condicionado
por su naturaleza, no es un ser natural sino histórico
y, como tal, en permanente cambio. |

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