TÁNGER
"Cuando yo tenía año y medio nos trasladamos a Tánger, ciudad que, aunque bajo la soberanía del sultán, estaba administrada por varios países y tenía un estatuto internacional, con una población de origen muy variado, sobrepuesta a los marroquíes nativos.
Allí nacieron mis dos hermanos -varón y mujer, sucesivamente- y de allí son mis primeros recuerdos; el más antiguo de todos situado en el patio de recreo del colegio del Sagrado Corazón, regido por padres franciscanos, al que empecé a acudir con poco más de tres años.
En Tánger viví inconscientemente, pero de forma receptiva, esa multiplicidad de influencias a las que aludí antes. En el colegio tenía compañeros de distintas nacionalidades y costumbres, aun predominando los españoles. En la calle convivían tres religiones; la cristiana, la musulmana y la judía, varios idiomas, hábitos diferentes.
Mis hermanos y yo pedíamos juguetes a los Reyes Magos, pero los elegíamos en los catálogos del Printemps facilitados por los Magasins Modernes, que eran el mayor establecimiento local. Unas tiendas cerraban los viernes, otras los sábados, las demás los domingos... y así en muchos aspectos, fui recibiendo una visión del mundo múltiple y respetuosa con las costumbres ajenas, hasta el segundo salto importante. Un golpe de timón en mi vida".