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SANTANDER
En 1935 conseguí la plaza en la Escuela de Aduanas en Santander.
En ese tiempo hay dos influencias importantes: las excursiones arqueológicas
y artísticas por los parajes de la montaña y la lectura
de dos libros que fueron un detonante: la "Segunda antología
poética" de Juan Ramón Jiménez y la "Antología
de la poesía española contemporánea" de
Gerardo Diego.
El 18 de julio [1936] la vida cambió por completo súbitamente.
Santander fue dominada por los milicianos, los automóviles
fueron requisados, algunos amigos fueron presos y todo eso contribuyó
a que me sintiese aún más identificado con los valores
tradicionales. Por las noches escuchaba las emisoras nacionales
en la radio, a Queipo de Llano en Sevilla. Los primeros fusilamientos
de los milicianos me reforzaron en mi apoyo a los llamados nacionales.
Pero ya en ese periodo entré en contacto con los primeros
obreros porque me nombraron alcaide de la Aduana, al ser destituido
y depurado el anterior por haber sido capitán del Ejército.
Entonces me encontré al frente de unos 15 mozos de almacén
que eran los que transportaban las mercancías y que me recibieron
con recelo porque me consideraban un señorito. Pero yo los
trataba con respeto, los ayudaba en lo que podía y entonces
uno de ellos, un anarquista furibundo, empezó a tomarme confianza
y se dedicó a explicarme cómo vivían los trabajadores.
En una ocasión me dijo: "Tú lo que pasa es que
has vivido sin enterarte de 'na", y me pasaba ejemplares de
la revista anarquista Octubre y, aunque yo rechazaba esa ideología,
empecé a darme cuenta de las carencias con que vivían
las clases menos privilegiadas". |

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