MADRID
"En el verano de 1932 me informé de la academias que preparaban el ingreso en la escuela y me matriculé en el instituto Reus, donde inicié mis estudios ese otoño. Eso significó un nuevo salto, porque pasé a residir más en Madrid que en Aranjuez, pero la influencia del Real Sitio era ya definitiva y sólo faltó un detonante -la vida madrileña, entonces tan rica culturalmente- para que en los jardines y en la plazuela de San Antonio llegara un día a decirme a mí mismo, conscientemente, que me gustaría escribir.
Madridfue el detonante del Sampedro escritor en un doble sentido: por el ambiente cultural de la ciudad y por mis vivencias personales en una pensión barata de estudiantes. Al principio de mi estancia, en septiembre de 1932, cuando yo sólo tenía 15 años, mi padre se quedó más tranquilo alojándome en un internado de la academia y Editorial Reus. Pero sólo estuve tres meses porque le convencí de que era incómodo para estudiar, había demasiado desorden. Así es que fui a parar a la pensión regentada por la familia de Daniel Pequeño, un hombre excelente, situada en la calle de la Victoria, esquina a Cruz. Con ellos permanecí hasta 1935, en que marché a mi primer destino a Santander, acompañándoles incluso cuando se mudaron, con otros, huéspedes fieles, a una bocacalle de la Gran Vía, Concepción Arenal, en la que preparé mis oposiciones.
La vida en Madrid me permitió aperturas culturales al terminar con la censura previa y facilitar la difusión de ideas no sólo políticas sino también literarias y artísticas (desde la proclamación de la República). La vida de los estudiantes y, sobre todo, de las estudiantes, cambiaba visiblemente y la presión religiosa se debilitaba".