ARANJUEZ
"Yo llegué a Aranjuez a fines de junio de 1930, con 13 años, habiendo aprobado en Tánger los tres años que entonces constituían el llamado "Bachillerato elemental". Me encontré entonces en un medio a la vez rural -por los cultivos de la vega, sobre todo fresas y espárragos que daban olor y color a la primavera- y también cortesano, por el esplendor de los palacios y jardines. Es el ambiente que, 63 años después, traté de recoger en mi Real Sitio. Y además, a poco de recién llegado, presencié un espectáculo lleno de fuerza que también, con el tiempo, daría lugar a otra novela: la arribada de los troncos de pinos de la sierra, flotando sobre el Tajo y conducidos por los gancheros, que serían los protagonistas de "El río que nos lleva".
Continué el bachillerato en el colegio de San Fernando, un colegio privado, montado por unos sacerdotes del pueblo con algún seglar que nos daba matemáticas. Nos preparaban allí y en junio nos llevaban a examinarnos al instituto de San Isidro de Madrid. En dos años terminé el bachillerato, pues hice dos cursos en uno, y llevé a cabo una decisión que había tomado de un modo muy accidental, en un lugar inesperado: el poblado de Cabo de Agua, un minúsculo pueblecito situado en la costa de Marruecos, al este de Melilla y frente a las islas Chafarinas, donde vivían dos hermanos de mi madre, regentando una tienda y otros negocios. Yo había ido a pasar allí algún verano cuando vivía en Tánger y en 1932 acudí desde Aranjuez".