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Tras
la muerte de Roberto, numerosos amigos y escritores quisieron dejar
constancia con sus textos del afecto y admiración que sentían
por el escritor chileno. Entre ellos se cuentan editor, Jorge Herralde;
Antoni García Porta, con quien escribiera su primera novela,
Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de
Joyce; o el escritor argentino Rodrigo Fresán.
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