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  Los aprendices de brujo de Washighton D.C.

- Amores tóxicos

- Pelmazos de verano

- Lo quiero y lo quiero ya

- Una tonta confusión

- Me gustan los hombres

- Una cuestión de favores

- Divinas palabras

- Líbreme Dios de los malos tontos

- Entre conspiraciones y chapuzas anda el juego

- Cuando no es posible callar

- La eterna búsqueda de la felicidad

- Las personas termómetro

- Ya no será lo mismo

- Feminismo machista

- Efectos colaterales de la ‘felicidad’

- Un egoísta es todo aquel que no piensa en mí

- Basta de príncipe azul

- Un piropo, por favor

- Parole, Parole, Parole

- Polución acústica

- Que me duerman por Navidad

- Lo cortés no quita lo valiente

 

En un librito tan esclarecedor como terrible escrito mucho antes del 11S, Robert Kagan, uno de los llamados neoconservadores (guardia pretoriana de Bush), explicaba su visión del papel de los Estados Unidos en el mundo. Según él, una vez caída la Unión Soviética, estados Unidos debía asumir su papel de líder mundial con todas sus consecuencias. Esto implicaba perder el tonto pudor que, en su opinión, hasta ahora impedido a su país a autoproclamarse árbitro mundial como lo fue, por ejemplo, Gran Bretaña en los tiempos de su imperio. Y ser árbitro significa, naturalmente, tumbar regimenes políticos, proteger países amigos, retrazar fronteras… Así, como si su preclara inteligencia no le alcanzara para conocer las nefastas consecuencias que dichas practicas han traído al mundo (sin ir mas lejos, todos los problemas de Oriente Medio son consecuencia de la desastrosa política británica de principios del siglo XX) Kagan proponía en su libro intervenir una vez más y de la misma manera en zona tan sensible del planeta. Me extendería mucho si explicara aquí cuál era su teoría, pero a grandes rasgos ésta consistía en acabar con regimenes que supusieran un peligro para los Estados Unidos e Israel, léase Irak e Irán. Poco después llegó el 11S y entonces los neocons encontraron la excusa perfecta para matar dos pájaros de un tiro: en vez de embarcarse en una imposible guerra contra un evanescente Bin Laden, iban a hacer creer a la opinión pública que le culpable de los ataques era Sadam Hussein, lo que les permitía, por un lado, vengarse del ataque sufrido y por otro, acabar con un tipo tan molesto. Las consecuencias de esta jugada de ajedrez ya las conocen ustedes: innumerables muertos y una guerra civil en ciernes que sin duda estallará en cuanto se marchen los soldados de la coalición. Lo que más me llama la atención de todo este lamentable fiasco, es cómo personas inteligentes puedan caer en equivocaciones tan estúpidas. Cualquiera se hubiera dado cuenta de que embarcarse en semejante contienda no era un horror sino, como decía Talleyrand, era algo mucho más grave: era un error. Sin embargo, siendo terrible lo que está sucediendo en Irak existe una consecuencia aún peor en la que espero hayan reparado Kagan y sus mariachis: hoy en día, la fuerza de una superpotencia es muy distintas de la que podían tener los imperios de antaño. Antes el fuerte dominaba al débil. Ahora en cambio, de nada sirve que una superpotencia tenga armas atómicas y otros sofisticados artilugios. No solo porque la guerra contra el terror es una Guerra contra un enemigo invisible que no tiene patria y que no juega las reglas establecidas sino, sobre todo, porque en ningún caso Estados Unidos puede hacer uso de su tecnología bélica. Resulta sorprendente que personas como Kagan no se hayan dado cuenta de que le verdadero poderío de un imperio de amargar, nunca pegar. Nunca atacar, nunca invadir, so pena de que le ocurra lo que les ha ocurrido a los americanos en Irak. Porque antes de la invasión, ellos, con su poderío económico y bélico, eran una fuerza disuasoria invencible, pero cuando el gigante baja a la arena y tiene que pelear, no con todo su potencial, sino con una fuerza convencional enfrentada a una guerrilla dispuesta a morir matando, se descubre que el gigante tiene los pies de barro. Y con todo, lo pero no es eso. Lo pero para ellos y también para el resto del mundo, es que ahora los otros países del llamado “eje del mal” como Irán o Corea también comienzan a desplegar sus chantajes nucleares, pues los saben impotentes. En fin, que los aprendices de brujo como Kagan han conseguido la increíble gesta de que Estados Unidos se anule como imperio, metiéndoos de paso en un lío de proporciones imprevisibles. Maldita sea su estúpida megalomania.

 

© Carmen Posadas 2006 Subir