
23
octubre 2003 Telepolis.com
“Escribir para mujeres es hacer un flaco favor
al sexo femenino.”
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Así lo manifestó
durante la presentación de su último libro, 'El buen
sirviente', en la sala de El Ámbito Cultural del Corte Inglés
de la capital aragonesa, en el que la protagonista es una mujer,
la fotógrafa de moda Inés Ruano, quien por su 45 cumpleaños
recibe un extraño regalo. Dos hombres vestidos de negro que
le piden que pague con su alma la buena suerte ya concedida. Al
respecto, Posadas explicó que esta novela surgió para
abordar la experiencia de las personas que tienen éxito y
piensan que, en algún momento, la vida les va a pasar factura,
experiencia que la propia autora aseguró haber tenido. Asimismo,
la existencia de amores inconvenientes y la rivalidad entre madres
e hijas son otros temas que aparecen en esta obra, en la que también
está presente el diablo, a pesar de que Posadas aseguró
no creer en él y no haber pretendido una novela "esotérica,
fantástica, teológica o moral". A su juicio,
éste es "un tema resbaloso" que ella afronta "a
través del humor" y explicó cómo "para
escribir la novela leí bastante sobre el diablo y descubrí
muchas cosas, como por ejemplo que la historia de los ángeles
caídos no aparece en la Biblia". Añadió
que incluso presenció un exorcismo invitada por el escritor
Lorenzo Silva, al que acudió "temblorosa" porque
"como se me hubiera aparecido el diablo hubiera cambiado mi
novela". Respecto a tema de la rivalidad entre madres e hijas,
comentó que está "basado en mi propia experiencia",
al tiempo que indicó que habitualmente en la literatura "las
relaciones entre madre e hija están idealizadas, con la figura
de la madre abnegada", algo que "no responde a la realidad".
Ganadora del Planeta en 1998La escritora, que en 1998 fue ganadora
del Premio Planeta por su obra 'Pequeñas infamias', consideró
que una cosa es ganar este premio, y otra "ser capaz de sobrevivir"
a él y explicó que el libro que le dio este premio
"se ha traducido hasta 15 idiomas y me ha abierto las puertas
fuera de España". Además, recordó como
fue el escritor recientemente fallecido Manuel Vázquez Montalbán
quien le aseguró que hiciera lo que hiciera la crítica
"me iba a freír" en el siguiente libro que publicara
tras el Planeta, por lo que "pensé que si escribía
una biografía, como hice con 'La Bella Otero', la atención
se iba a dividir, y me fue bien". Sobre Vázquez Montalbán
aseguró que a él "posiblemente le debo mi carrera"
ya que estaba dedicada a la literatura infantil y "no me había
atrevido a escribir una novela" cuando, tras presentar su primer
texto a la editorial Alfaguara, ésta se lo dio a leer a Vázquez
Montalbán quien dijo que era una obra "magnífica"
y a partir de ese día "pasé a ser alguien que
escribía muy bien porque lo decía Vázquez Montalbán".
Carmen Posadas justificó ese retraso en decidirse a escribir
una novela porque lo considera "un género de los más
difíciles" en el que "tienes que crear un mundo
que funcione, no sólo página a página, sino
que lleve a un desenlace que no defraude al lector" y para
conseguirlo "lo paso muy mal y me cuesta mucho esfuerzo".
En el caso de 'El buen sirviente' precisó que estuvo seis
meses "intentando entrar en la novela, porque una novela es
una historia que está allí y tienes que entrar en
ella" y, tras conseguirlo, estuvo un año y medio hasta
concluirla. La escritora aseguró no estar trabajando en ningún
libro, aunque señaló que tiene previsto publicar un
ensayo "que tenía en la nevera sobre las mujeres y cómo
han ejercido el poder a lo largo de la historia".
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Irrenunciable dirección
J. Ernesto Ayala-Dip
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En El buen sirviente, Carmen Posadas cuenta
en tercera persona las relaciones de una reconocida fotógrafa
y su madre. En torno suyo surgen insólitos personajes, representantes
de la moral de nuestro tiempo. Al paisaje de la burguesía
madrileña se añade la inmigración.
Hay una frase clave
en El buen sirviente, la nueva novela de Carmen Posadas, casi hacia
el final de su desenlace, que ayuda bastante a entender su propósto:
“Solo en la novela las coincidencias tienen algún significado”.
Esa frase se enuncia en un contexto real, donde el azar y los destinos
cruzados van en bsuca de algún sentido que nunca encuentran.
Carmen Posadas arma su novella con esos cabos sueltos, y lo hace
mediante una trama, fundamental dispositivon novelístico
para cohesionar la material dispersa en que se convierten sus personajes,
que pululan por su relato. De lo que se trata ahora es de tasar
esa trama, de saber su naturaleza y la importancia que tiene en
la novela. En El buen sirviente, su autora recrea en cierta manera
un mundo que ya utilizó en títulos anteriores, la
burguesía acomodada de Madrid. Ahora este paisaje sociológico
amplía su superficie con una nueva realidad, la inmigración
y le mosaico étnico. Éstos no son elementos determinantes
en la novela, pero forman parte de su riqueza humana y de unos contrastes
psicológicos y discursivos sin los cuales su trama apenas
tendría relevancia y ya no digamos sentido.
El buen sirviente cuenta en tercera persona las insólitas
relaciones entre una fotógrafa y su madre, por una parte,
y de aquella con otros seres no menos insólitos. Gente toda
de hoy, representantes morales de nuestra contemporaneidad, almas
sensibles y erráticas, amorfas y aburridas en busca de algo
o alguien que les dé un digno lugar o que juegue con ellos
a dárselo. Las apariencias, la belleza como droga, el juego
no menos capital de las imposturas, el señuelo que tiende
la ficción para inventarse una realidad mejor que la que
sufren o para disimular incluso un crimen, todo ello es material
en busca de un orden superior que les dé coherencia. Probablemente
por estas razones compiten en esta historia, además de las
víctimas de los ilusionistas, un escribidor y algún
que otro novelista en busca de sus segundos de gloria. Esto es Balzac,
pero también Dickens, el autor que Carmen Posadas nos sugiere
como su mentor en esta muy buena novela. Además de envidiablemente
flexible, en donde caben diversos registros y tonos (el humor y
la parodia) según clases sociales y grupos humanos, la prosa
de Carmen Posadas acepta la versatilidad de puntos de vista. Éste
es un buen homenaje a Dickens. Y, sobre todo, lo que Raymond Williams
señalaba del célebre ingles, la irrenunciable dirección
hacia la crítica humana que conlleva toda lograda crítica
social.
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El mal postmoderno
Joaquín Arnáiz
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Parábola
o espejo del Callejón de Gato: pueden ser algunas de las
opciones que le lector tendrá que afrontar al leer la última
novela de Carmen Posadas, novelista nacida en Montevideo, residente
en Madrid desde 1965, y que obtuvo el premio Planeta en 1998 conm
Pequeñas Infamias. Parábola sobre el Mal en la postmodernidad,
donde quizá éste ha quedado reducido a ser un mal
sirviente. Al fín, como ser señala en la novela, Lucifer
nunca podrá llevar del todo la contraria a Dios, sino en
todo casi servirle torcidamente. Y quien dice teología también
podría pensar en nla política o sin ir más
lejos en las propias relaciones sentimentales, donde antes que la
traición se prefiere ya la desviación. Pero Carmen
Posadas también a veces parece gozarse paseando por la vida
de las clases altas madrilènes y por su inteligencia el espejo
stendhaliano, y vemos así a un escritor famoso que no hace
más que esperar algún premio internacional mientras
contempla con asombro el galardón que le dan a una americana
con cara de india…
Carmen Posadas, en cierto modo haciendo un homenaje oblicuo a la
novela de misterio anglosajona, nos presenta a una fotógrafa
de cuarenta y cinco años que hace fotos a mujeres para revistas
de moda y, mientras las va colocando en las posiciones requeridas,
medita en su vida, en su amor frustado que solo la utiliza para
el sexo, en su madre, de sesenta y tres años, siempre relacionada
con jovencitos, y en un misterio sucedido en la vida de ella misma,
cuando ella tenía trece años, y que en cierto modo
ha condicionado su vida sentimental.
Por otro lado, conoceremos a un modelo que, pese a su belleza,
bordea el desamparo económico, y a quien, de repente, una
empresa bastante extraña le ofrece el papel de su vida: hacer
de hermoso y tentador Lucifer para su supuesto programa trampa de
television, donde, tras emborrachar primero a algún famoso,
luego se aparece en su casa y se le dice que durante aquel trance
etílico firmó un pacto con el Diablo, y éste,
como no puede ser menos, viene a cobrar.
Carmen Posadas establecerá así una especie de juego
de muñecas rusas, que finalmente irán encajando unas
en otras, con laparticipación de personajes secundarios,
pero que, en esta novella, adquirirán por momentos verdadera
talla de personajes centrales: desde una coqueta niña que
vive en una pastelería hasta un enigmatico gato de intereses
eróticos muy amplios, o el personaje de quien va a fabricar
la trampa, un hombrecillo entregado a indagar en los libros historias
sobre el Diablo (no tiene más remedio, Dios es omnipotente)
pero al haber sido creado libre (nótese la contradicción)
lo hace de un modo fradulento. Es decir, el Diablo, sirve a Dios,
pero lo hace…a su manera.
Historia así paródica sobre el amor y sobre la sociedad
postmoderna y, en paralelo a las novelas de iniciación, novella
de terminación, el lector nunca sabrá dónde
empieza Carmen Posadas a ser un buen sirviente del lector, o en
realidad, como el Lucifer que aparece en estas páginas, será
ella misma el buen sirviente diabólico que, siguiendo los
pasos del lector, le lleve por caminos que éste acaso no
ha podido ver sino en los Callejones de Gato de su propia vida.
El modelo, Martín obes, lo comprende pronto: “El honor
es como el sable de un fakir, lo peor son los primeros veinte centímetros
de hoja pero a partir de ahí dale no más…”
Y es así como Carmen Posadas traza el destino de sus personajes,
y quizá de la realidad posmoderna: son los primeros viente
centímetros…luego…dale nomás.
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