
Lilith, la primera mujer de Adán
según la leyenda judía, acabó marchándose
del paraíso porque no quiso someterse a las imposiciones
de Adán. Y a Lilith, símbolo de la libertad, de la
fecundidad, germen de la Gran Madre de las civilizaciones antiguas,
recurren Carmen Posadas y Sophie Courgeon para lanzar este alegato
en favor de la igualdad entre el hombre y la mujer, que es también
el anuncio del amanecer de una nueva era en la que las mujeres están
recuperando el brío independiente y rebelde de Lilith, abandonado
para siempre la sombra de la “Eva sumisa, Eva silenciada,
Eva encadenada”.
Porque “no lo olvidemos –dicen las autoras–: no
somos hijas de Eva, somos hijas de Lilith”. Eva fue la mayor
impostura de todos los tiempos. Los hombres la impusieron, y con
ella la “inferioridad natural” de la mujer, se proclamaron
superiores e impusieron su supremacía en todo el planeta.
Aunque minoritarias, las hijas de Lilith no desaparecieron. Las
hubo, muy escasas, que impusieron su sello en el mundo porque el
destino o el azar las puso al lado de hombres poderosos”.
A la sombra de Lilith aúna el rigor del ensayo y la creatividad
literaria, pero es, ante todo, un canto de esperanza trazado con
lucidez, claridad y valentía: “Lilith esperanzada sonríe.
A sus hijas les quedan todavía muchas barreras que derribar,
puertas que abrir en par en para, para conseguir la verdadera igualdad.
Sin embargo, parece que están logrando lo que ella no consiguió:
hacer que, por fin, los hijos de Adán entiendan que su padre
primigenio se equivocó cuando afirmó que el ancho
mundo era sólo suyo y se negó a compartirlo con su
primera compañera. ¿Si sus hijas y los hijos de Adán
se diesen la mano, tal vez –tal vez– podrían
construir un mundo mejor? Lilith empieza a soñar”.
Carmen Posadas y Sophie Courgeon han desplegado en este apasionante
trayecto por la historia de la mujer, desde el Neolítico
hasta los movimientos emancipadores del siglo XIX, una notable prosa,
que hace que A la sombra de Lilith se convierta también en
una narración fresca, ágil y original. Escrita, además,
con un sólido armazón documental y la convicción
de que el cambio de los roles de hombres y mujeres es posible. Y
lejos, muy lejos, del feminismo al uso.
Las biografías de las doce mujeres (Livia Drusilla, Teodora,
Santa Catalina de Siena, Malinalli-Marina-Malinche, Roxelana, Catalina
de Médicis, Marie-Anne de la Trémoille, Isabel de
Farnesio, Jeanne-Marie Philipon, Tzu-Hsi, Eva Perón y Jian
Qing) que superaron las barreras de su tiempo son, ya en la segunda
parte del libro, documentos excepcionales, doce perfiles que podrían
por su lenguaje y su estilo, por la riqueza de los detalles y la
azarosa vida de sus protagonistas, leerse como doce minúsculas
y atractivas novelas.
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