Inicio/ La autora/

1 | 2 | 3


P. Visto desde fuera, tu infancia y adolescencia parecen sacadas de un cuento. A caballo entre Uruguay, Rusia, Inglaterra, España… Un padre apasionado por la lectura, una boda en una iglesia ortodoxa rusa… ¿De dónde te sientes? ¿Cómo recuerdas tantos traslados y países?
R. Yo soy uruguaya y toda mi familia es uruguaya. Hay mucha gente que me pregunta si tengo familia de aquí, pero no, soy totalmente uruguaya. Nací en Montevideo y viví allí hasta los 12 años, cuando nos vinimos a Europa porque a mi padre le mandaron de embajador a Madrid.

Vine a Europa en el año 65, que era la época de las tinieblas y me costó muchísimo adaptarme. Me mandaron al Instituto Británico en Madrid que era el colegio más abierto, porque los demás eran de curas y monjas y era una cosa tremebunda, pero de todas maneras me costó mucho.

El Instituto Británico acababa a los 14 años y yo llegué con 12. Entonces a los 14 había que irse a otro y me mandaron a un colegio de señoritas, lo detesté y les pedí a mis padres que por favor me mandaran a Inglaterra. Estuve 2 años en Inglaterra y después volví y casi enseguida me casé. ¡Me casé a los 19 años!

P. ¿Dejaste los estudios?
R. Me había apuntado en la Universidad de Oxford y me hacía mucha ilusión pero como me casé, lo dejé todo y durante una época me dediqué a ser esposa perfecta y madre ideal. Y como todo lo había hecho tan rápido… tenía 25 años y mis hijas estaban en el colegio y fue entonces que me pregunté a mi misma: “¿Y ahora qué voy a hacer con el resto de mi vida?” Así que empecé a escribir, que era algo que ya había intentado desde los 15 años. Pero no le conté a nadie que me dedicaba a escribir porque me daba vergüenza, y la literatura era el territorio de mi padre.

P. ¿Su padre no era embajador?
R. Mi padre era de esas personas que aprendía ruso para leer a Tolstoi, o griego clásico para leer a Homero, entonces que yo me dedicara a la literatura era casi una profanación. Así que me dediqué a la literatura infantil y no le conté a nadie que escribía hasta que un día me publicaron un libro y dije: “Bueno esa soy yo”. Y todo el mundo se quedó sorprendido. Tuve suerte porque el Ministerio de Cultura me dió un premio al mejor libro del año con El señor viento norte.

P. Sí, ¡qué suerte!
R. Fue una carrera muy lenta. Yo seguía publicando para niños, pero después me separé de mi primer marido y volví a Inglaterra y me dedique a la dolce vitta una vez más. Me fui a vivir a Inglaterra con mis padres porque mi padre estaba destinado en Londres. Allí también se quedó la literatura, totalmente aparcada.

P. ¿Y qué hacías en Londres?
R. Me dediqué a entrar y salir, y a tener muchos novios. Cuando me cansé volví a la literatura. Luego conocí a mi segundo marido y regresé a España, y ya llevo aquí desde el año 86.

P. Cuantos cambios, ¿no?
R. Sí, además yo siempre pensaba que iba a cambiar de país, pero no se que pasa que siempre me caso con españoles.

P. La España que conociste la primera vez no tiene nada que ver con la de ahora...
R. España es el país que más ha cambiado. Cuando voy a Inglaterra es igual que cuando iba al colegio, pero España no se la reconoce. Para bien.

P. Durante todo ese tiempo, ¿volviste a Uruguay?
R. Sí. Antes iba mucho porque mis padres vivían allí. En Uruguay tengo a todos mis primos, mis tíos, todo el mundo vive en Uruguay. Yo siempre me he considerado muy uruguaya a pesar de haberme ido a los 12 años. pero creo que es importante tener raíces. Aquí tengo muchos amigos, le tengo mucho cariño a España y mi marido era español, pero me considero muy uruguaya y creo que eso se ve reflejado en mi escritura.

P. Sí, es verdad. Sobre todo por la utilización de algunas palabras como pollera para decir falda, o balaseando para decir disparando.
P. Sí.

P. ¿Qué es lo que te gustaría que la gente supiera que no sabe de ti?
R. Durante mucho tiempo he estado luchando para romper un cliché o un prejuicio que había en mi contra porque la gente pensaba que por mi aspecto o por la persona con quien estaba casada, no creían que supiera escribir.

Me acuerdo en las entrevistas que me preguntaban: “Pero usted que va a tantos cócteles, ¿cuando lee?” Yo les decía que no iba a tantos cócteles y que leía muchísimo. Y durante mucho tiempo he tenido que luchar contra eso. Pero yo siempre tuve claro que si tenia una actitud coherente, seguía trabajando, y si lo que hacía tenía mérito, tarde o temprano lo iban a reconocer, y creo que ha sido así.

1 | 2 | 3

 


 


En su casa madrileña, 2004..

 

© Carmen Posadas 2006 Subir