Obra/ Novela
Alfaguara, 1996


LAS ALCANTARILLAS DE LA SOCIEDAD MADRILEÑA. DIAS DE VARIA LUZ
Robert Saladrigas (La Vanguardia)

Voy a proponerles un pacto, creo que justo: olvidar siquiera sea a medias la identidad civil y social de Carmen Posadas (Montevideo, Uruguay, 1953), y leer su libro Cinco moscas azules como lo que en realidad es, la primera novela de una autora que hasta ahora se había fogueado en relatos breves y algunas narraciones infantiles, y que al pisar el dilatado territorio de la ficción novelística ha elegido un asunto y unos personajes que conocen a fondo porque le pertenecen y, en cierto modo, les pertenece.
Digo, que se procure olvidar «siquiera a medias» quien es Carmen Posadas, ante la certeza de que resulta imposible disociarla por completo del estatus que conserva entre la llamada gente «guapa» madrileña. Aquí se trata de valorar sus cometido como autora de una obra primeriza que es bastante más seria de lo que algunos, pocos o muchos, estarán dispuestos a reconocer.
Tras haber leído atentamente la novela, mi impresión es que Posadas se ha tomado muy en serio su trabajo, que ha escrito una obra ambiciosa y ha llevado a cabo lo que se debe esperar de un novelista consciente de sus propósitos, hacer literatura de un segmento de vida, sea o no reflejo fiel de la suya o de su forma de entenderla. En cualquier caso, siempre reflejara una visión personal del mundo, incluidas las condiciones, a través del filtro imaginativo. Esa es la cuestión que Carmen Posadas ha asumido. Para empezar acota in espacio narrativo que no ofrece duda de sus intenciones. Imaginen un recipiente de cristal y dentro cinco moscas cautivadas, en este caso «moscas azules». La transposición real del envase es un lujoso hotel enclavado al borde del Sahara Marroquí, abierto a la «nada», concebido para que sus privilegiados clientes de la «jet set» mundial se repongan de las fatigas emocionales y físicas con un tratamiento cautelar de vida sana y celosamente discreta.
El azar facilita la coincidencia de dos parejas extraconyugales madrileñas con una vida rica, que ha sido victima de la chismografía tribal a raíz de la extraña muerte de su marido. Y junto a ellos el narrador, un singular personaje uruguayo-español residente en Londres, viejo homosexual abrumado desde la infancia por una culpa admitida, socialmente venido a menos y recién salido de una grave depresión, que se obsequia a si mismo con dos semanas de estancia en L´Hirondelle D´Or antes de quitarse la vida en el mismo establecimiento. Será él, al principio espectador, luego cronista de la historia de los cinco personajes y finalmente responsable del desenlace, quien introducirá las moscas en la botella y con una de ellas, la más grande, el repugnante locutor con coronilla, supuesta conciencia enfermiza de la nueva democracia española, especialista en desvelar y explotar escándalos de toda especie, consumará la venganza con su propio pasado y salvará a la viuda —¿merecidamente?— de ser destruida por la frivolidad y la falta de escrúpulos del manipulador de la opinión pública. Hay un cierto canibalismo en la narración como si todos los actuantes, cada cual bajo la influencia de sus culpas, se devoraran los unos a los otros de mil maneras, sutiles o groseras. Se matan usando los recursos del poder, cualquier poder, y se matan con el chisme oportunista elevado a la categoría de dardo envenenado.
Trasgresión
Forman una casta urbana, una tribu sin ideología cuyo denominador común es la ambigüedad moral y la carencia absoluta de valores no materiales. Todo les está permitido desde el adulterio sistemático al crimen, si a cambio preservan su compacidad de grupos social emergente que se identifica con el país del dinero fácil, el encono, el trapicheo, el estercolero sin contención, signos todos ellos diferenciadores de la restante gente, la gente «normal», el pueblo «soberano».
Pues bien, el discurso fluido de Carmen Posadas, a veces esnob, incluso si se quiere clasista —ella es parte de la tribu— saca sin rubores a la superficie el hedor inquietante de las alcantarillas que discurren bajo los oropeles de la alta sociedad madrileña actual.¿Un acto de revancha? No lo sé ni me importa. Para mí es literatura, como lo eran las obras de Dorothy Parker. Y como toda obra literaria de envergadura, ésta pese a sus irregularidades estructurales, es transgresora virulenta de la sociedad, la moral, el concepto de la vida que demoniza, y a la vez legitima de otras formas no menos reprobables de ambigüedad, de maldad, de amoralidad. En el impudor de esa legitimación el libro fragua, así lo creo, su solvencia.

Carmen Posadas

 

UNA CLASE ALTA PERO SOLA
Irónica novela entroncada con el realismo del XIX
Carlos Álvarez-Ude (El Mundo)

Tanto tiempo deseando una buena novela de la cotidianidad referida a la jet en su «posmoderna» interrelación con las nuevas clases dominantes, y cuando al fin aparece tenemos que sospechar de su autora: quién es, qué intenciones la animan a emprender la tarea de escribir esta novela, ¿es autobiográfica?, ¿se venga de alguien?. Como lector, no lo sé, ni me importa. Si algo convence en esta novela es que cumple de sobra esa finalidad de ficcionar verosímilmente la cotidianidad de un poderoso sector de nuestra sociedad, pero, además, con un valor importante a añadir: el tratamiento escritural es, por fín, literario.
Carmen Posadas echa mano de un estilo que entronca de lleno, precisamente, con el realismo decimonónico, no ya sólo español, sino otro mucho más universal vinculado con cierta tradición nuestra, para referirnos la soledad de esa amalgamada «clase alta» actual que gira en torno, y al margen, de los mass media.
Con una calidad estilístico-formal considerable, nos recuerda también de dónde venimos culturalmente los españoles. Pero no sólo eso; otras características se pueden suscribir: un uso correcto del lenguaje de la memoria; una convincente presentación física y psicológica de los personajes; una dicción fluida con una trama que atrapa desde la primera página y que recuerda al Dickens de Casa desolada.
Y se me ocurren otras buenas cualidades estilísticas, como el delicado y sutil tratamiento del tedio de las clases dominantes y un personal y sugerente uso de la ironía como recurso ficcional. Carmen Posadas ha bebido de diversas fuentes (desde el Truman Capote de Desayuno en Tiffany´s hasta esos modelos de crítica secular que son En busca del tiempo perdido de Proust y Retrato del artista adolescente de Joyce, pasando por la literatura que debe mucho a Wilde, Shaw, etc.) y ha leído bien, confirmando esa aseveración de Octavio Paz según la cual la Literatura se erige sobre los pilares que son la reescritura de las lecturas de otros autores, pasando de otras intenciones.

 

Ángel Basanta (ABC literario)

Con la esperanza de que «lean mi novela y me juzguen a partir de ahí», presenta su nuevo libro Carmen Posadas (Montevideo, 1953) en la entrevista realizada por Maria Luisa Blanco que acompaña la edición de Cinco Moscas Azules, amparada también por un texto analítico de Manuel Vázquez Montalbán. La autora cuenta con amplia experiencia en el campo infantil, desde comienzos de los ochenta. Ha publicado libros sobre temas de actualidad, como Yuppies, jet set, la movida y otras especies (1987) y, entre otros trabajos (guiones de cine y televisión, comedias musicales), ha reunido 11 cuentos en Mi hermano Salvador y otras historias (1990). Con Cinco moscas azules, Posadas se adentra en los dominios de la novela extensa, aborda su cometido con ambición —por lo cual tiene todo el derecho de ser leída y valorada en su estricta dimensión literaria—, logra algunos aciertos en la visión crítica de un sector social que ella conoce bien y comete los errores propios de quien se propone llevar a cabo un ajuste de cuentas con su entorno sin el distanciamiento necesario sin dominar de modo suficiente los entresijos técnicos de la novela.
Lo mejor de Cinco moscas azules está en la creación de una estructura policíaca al cabo de la cual termina por desvelarse un crimen presente y otro pasado. Esta construcción detectivesca trazada en la línea de Agatha Christie —por su localización en un lujoso espacio cerrado y con pocos personajes, aunque sin reunión final de los mismos para el esclarecimiento definitivo— descansa en la figura de un escéptico aristócrata arruinado, homosexual, que ha decidido suicidarse después de pasar unos días de lujo y placer en un solitario hotel de Marruecos. Allí coinciden algunos famosos encumbrados en la sociedad española de los últimos lustros quienes, queriendo correr sus aventuras en secreto, acaban por cruzarse en los mismos escondites. Las cinco moscas azules son una viuda reciente cuyo marido murió en circunstancias oscuras, dos personajes conocidos de la pomada social madrileña y sus respectivas amantes rubias clónicas. Y la trama detectivesca de la novela sirve de trampolín para poner en solfa la frivolidad y estupidez de estas gentes de un grupo social arribista que triunfa por fuera (fama, belleza, dinero, poder) al tiempo que se llena de vacío por dentro. La visión de la autora adopta como actitud dominante la ironía y el humor, emplea la parodia (incluso en los vicios fonéticos de tales bustos parlantes) y llega con frecuencia al sarcasmo y a la deformación esperpéntica que convierte a estos fatuos del chismorreo en «rata», «serpiente», y «pollo a medio desplumar», o en «gata», «cerebro de mosquito», y «patito enlodado». Ejemplo extremo de esta inclemente visión deformada es el afamado periodista que ejerce de Savonarola justiciero de los vicios y escándalos sociales poniendo el cotilleo y la especulación interesada al servicio de sus afanes de crear y dirigir la opinión del pueblo a costa de desenterrar miserias humanas.
Estructura política y sátira social de la llamada gente guapa con sus habladurías, envidias, superficialidades y líos de cama constituyen, pues, lo más afortunado de esta novela extensa con intriga que al final acierta a huir del maniqueísmo. Pero esto sólo se manifiesta en las últimas páginas. Antes la autora no ha sabido guardar la distancia necesaria con el narrador, forzando su visión y cayendo en la simplificación y el maniqueísmo contrarios a la pretendida complejidad psicológica de los personajes. Hay bastante descontrol en el manejo de de perspectivas complementarias en la relación de los mismos sucesos por el narrador externo y por el escéptico Molinet ayudado por su sobrina y la viuda rica. Tampoco está del todo bien ajustado el tiempo interno de la novela cuyo presente narrativo podría llevarse, de modo confuso, hasta 1997. Falta un criterio más selectivo en la depuración de materiales y en su integración. Muchos aparecen yuxtapuestos, por lo cual narración y reflexión discurren en paralelo, y la crítica que se pretende no emana de lo novelado que sino que se añade sin justificación intrínseca. Quizá por eso el estilo carece de tensión. Y hay excesivo didactismo en el deseo de explicarse y de aleccionar al lector con simuladas disquisiciones sobre la narración en la más rancia técnica decimonónica de novelar.

 

LA HISTORIA DE UNA CHICA MALA
Carmen Posadas presenta una novela aguda, irónica, amarga y sin prejuicios sobre la alta sociedad
Rosa Pereda (El País)

Carmen Posadas lo va a tener difícil con la crítica, aunque esta novela supere la media nacional. Y eso, por dos razones: la primera, por el tema, que al final es del «tam-tam de la tribu», es decir, el chismorreo de la gente del cuché, de los héroes de la jet set, en fin, de la alta sociedad madrileña; de los orígenes y los efectos y el desarrollo del rumor en el grupo «mejor informado», punta de la pirámide donde se genera y se abulta ese chismeo del que vivimos todos, verdadera coherencia de la sociedad de masas y clases, desde la sospecha vista entre risas a la «sed de verdad» plasmada en los tabloides y amplificada en las radios. Y segundo y principal, porque Carmen Posadas es un personaje de ese «todo Madrid» y le ha tocado oír su nombre en los tambores, y la novela es una suerte de respuesta personal, un asesinato ritual y en clave. Así que no hace falta ser un profeta para ver estas Cinco Moscas Azules metidas de lleno en el juego de identificación y distancia que se da entre los ciudadanos «normales» y «la sociedad», retratada cotidianamente en las revistas del corazón, y diseccionada, desde dentro, en esta historia que tiene mucha lucidez y mucha crueldad.
Cinco Moscas Azules remite, desde el título mismo, y expresamente, a una trama policíaca muy de Agatha Christie: un espacio cerrado y lujoso, un número limitado de personajes reunidos con la concurrencia del azar, un proyecto de asesinato. La mirada de Carmen Posadas, irónica, muchas veces sarcástica, otras amarga, recuerda alguna literatura victoriana muy puesta en los noventa: por ejemplo, cuando observa a los personajes, tan predeterminados por el espacio como los ratones en el cajón del observador científico, su visión es absolutamente de clase, cómo decir; la ropa, de verdad constituye a los habitantes de la ficción; unos calcetines definen mejor que los hechos al periodista, el «malo» de una historia en la que no hay buenos, una trenca capitoneada denuncia a toda una nacionalidad, y una pulsera a toda una acción . Es una mirada aguda, y también es una mirada esnob. Pero, ¿Quién tiene nada contra lo esnob? Somerset Maugham era un esnob. Pier Louys era un esnob. Y no digamos Loti, que se hubiera convertido al Islam sólo para poder llevar una chilaba sin mentir, como genialmente analiza Roland Barthes, y como hace el protagonista de este libro.
Encariñados con esa casta que es la clientela de una docena de marcas y restaurantes en todo el mundo, estos escritores dan cuenta de los cambios sutiles de sus costumbres, de las señales por las que se reconocen unos a otros, de los signos por los que se ve el lugar de su estela. Y de lo que permanece, el deporte favorito de los mejor informados: el chisme. Claro que Carmen Posadas da la vuelta al discurso y descubre, al fondo, todas las consecuencias abrumadoras, demoledoras, del chisme. Y más, si salta a los medios. «Tiene mandanga el asunto», dice Bea, uno de los personajes. «Hemos conseguido librarnos de la moralina de los curas, y ahora tenemos a los periodistas ocupados en desvelar nuestros peores pecados, joder».
«Nuestros peores pecados» son heterodoxias de cintura para abajo, que decía don Ramiro de Maeztu. Adulterios, líos, ligues, espionajes domésticos y hasta muertes extrañas, culpas compartidas, crímenes ambiguos. Precisamente la ambigüedad moral emparienta esta «historia de una chica mala» con las de escritoras como Dorothy Parker. Como ella, ve a Carmen Posadas la vacilación de la realidad, el tema de lo real y lo aparente, el problema moral de la inacción o la omisión, que es el tema central de esta historia; y también la irremediable fuerza del discurso, la fuerza de la palabra, hablada, pero sobre todo, escrita. Y la pesada carga del silencio. Y la dificultad esencial de la percepción de la verdad, de la verdadera verdad. Desde esta vía, no salva Posadas a sus personajes, pero tampoco los condena: sencillamente están ahí, en su incertidumbre, en su incomunicabilidad, en sus señales ciegas ¿Quién podría juzgarlos? Nadie. Nadie en absoluto.


© Carmen Posadas 2006 Subir