LAS ALCANTARILLAS DE LA SOCIEDAD
MADRILEÑA. DIAS DE VARIA LUZ
Robert Saladrigas (La Vanguardia)
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Voy a proponerles un pacto, creo
que justo: olvidar siquiera sea a medias la identidad civil y social
de Carmen Posadas (Montevideo, Uruguay, 1953), y leer su libro Cinco
moscas azules como lo que en realidad es, la primera novela de una
autora que hasta ahora se había fogueado en relatos breves
y algunas narraciones infantiles, y que al pisar el dilatado territorio
de la ficción novelística ha elegido un asunto y unos
personajes que conocen a fondo porque le pertenecen y, en cierto
modo, les pertenece.
Digo, que se procure olvidar «siquiera a medias» quien
es Carmen Posadas, ante la certeza de que resulta imposible disociarla
por completo del estatus que conserva entre la llamada gente «guapa»
madrileña. Aquí se trata de valorar sus cometido como
autora de una obra primeriza que es bastante más seria de
lo que algunos, pocos o muchos, estarán dispuestos a reconocer.
Tras haber leído atentamente la novela, mi impresión
es que Posadas se ha tomado muy en serio su trabajo, que ha escrito
una obra ambiciosa y ha llevado a cabo lo que se debe esperar de
un novelista consciente de sus propósitos, hacer literatura
de un segmento de vida, sea o no reflejo fiel de la suya o de su
forma de entenderla. En cualquier caso, siempre reflejara una visión
personal del mundo, incluidas las condiciones, a través del
filtro imaginativo. Esa es la cuestión que Carmen Posadas
ha asumido. Para empezar acota in espacio narrativo que no ofrece
duda de sus intenciones. Imaginen un recipiente de cristal y dentro
cinco moscas cautivadas, en este caso «moscas azules».
La transposición real del envase es un lujoso hotel enclavado
al borde del Sahara Marroquí, abierto a la «nada»,
concebido para que sus privilegiados clientes de la «jet set»
mundial se repongan de las fatigas emocionales y físicas
con un tratamiento cautelar de vida sana y celosamente discreta.
El azar facilita la coincidencia de dos parejas extraconyugales
madrileñas con una vida rica, que ha sido victima de la chismografía
tribal a raíz de la extraña muerte de su marido. Y
junto a ellos el narrador, un singular personaje uruguayo-español
residente en Londres, viejo homosexual abrumado desde la infancia
por una culpa admitida, socialmente venido a menos y recién
salido de una grave depresión, que se obsequia a si mismo
con dos semanas de estancia en L´Hirondelle D´Or antes
de quitarse la vida en el mismo establecimiento. Será él,
al principio espectador, luego cronista de la historia de los cinco
personajes y finalmente responsable del desenlace, quien introducirá
las moscas en la botella y con una de ellas, la más grande,
el repugnante locutor con coronilla, supuesta conciencia enfermiza
de la nueva democracia española, especialista en desvelar
y explotar escándalos de toda especie, consumará la
venganza con su propio pasado y salvará a la viuda —¿merecidamente?—
de ser destruida por la frivolidad y la falta de escrúpulos
del manipulador de la opinión pública. Hay un cierto
canibalismo en la narración como si todos los actuantes,
cada cual bajo la influencia de sus culpas, se devoraran los unos
a los otros de mil maneras, sutiles o groseras. Se matan usando
los recursos del poder, cualquier poder, y se matan con el chisme
oportunista elevado a la categoría de dardo envenenado.
Trasgresión
Forman una casta urbana, una tribu sin ideología cuyo denominador
común es la ambigüedad moral y la carencia absoluta
de valores no materiales. Todo les está permitido desde el
adulterio sistemático al crimen, si a cambio preservan su
compacidad de grupos social emergente que se identifica con el país
del dinero fácil, el encono, el trapicheo, el estercolero
sin contención, signos todos ellos diferenciadores de la
restante gente, la gente «normal», el pueblo «soberano».
Pues bien, el discurso fluido de Carmen Posadas, a veces esnob,
incluso si se quiere clasista —ella es parte de la tribu—
saca sin rubores a la superficie el hedor inquietante de las alcantarillas
que discurren bajo los oropeles de la alta sociedad madrileña
actual.¿Un acto de revancha? No lo sé ni me importa.
Para mí es literatura, como lo eran las obras de Dorothy
Parker. Y como toda obra literaria de envergadura, ésta pese
a sus irregularidades estructurales, es transgresora virulenta de
la sociedad, la moral, el concepto de la vida que demoniza, y a
la vez legitima de otras formas no menos reprobables de ambigüedad,
de maldad, de amoralidad. En el impudor de esa legitimación
el libro fragua, así lo creo, su solvencia.
Carmen Posadas
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UNA CLASE ALTA PERO SOLA
Irónica novela entroncada con el realismo del XIX
Carlos Álvarez-Ude (El Mundo)
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Tanto tiempo deseando una buena
novela de la cotidianidad referida a la jet en su «posmoderna»
interrelación con las nuevas clases dominantes, y cuando
al fin aparece tenemos que sospechar de su autora: quién
es, qué intenciones la animan a emprender la tarea de escribir
esta novela, ¿es autobiográfica?, ¿se venga
de alguien?. Como lector, no lo sé, ni me importa. Si algo
convence en esta novela es que cumple de sobra esa finalidad de
ficcionar verosímilmente la cotidianidad de un poderoso sector
de nuestra sociedad, pero, además, con un valor importante
a añadir: el tratamiento escritural es, por fín, literario.
Carmen Posadas echa mano de un estilo que entronca de lleno, precisamente,
con el realismo decimonónico, no ya sólo español,
sino otro mucho más universal vinculado con cierta tradición
nuestra, para referirnos la soledad de esa amalgamada «clase
alta» actual que gira en torno, y al margen, de los mass media.
Con una calidad estilístico-formal considerable, nos recuerda
también de dónde venimos culturalmente los españoles.
Pero no sólo eso; otras características se pueden
suscribir: un uso correcto del lenguaje de la memoria; una convincente
presentación física y psicológica de los personajes;
una dicción fluida con una trama que atrapa desde la primera
página y que recuerda al Dickens de Casa desolada.
Y se me ocurren otras buenas cualidades estilísticas, como
el delicado y sutil tratamiento del tedio de las clases dominantes
y un personal y sugerente uso de la ironía como recurso ficcional.
Carmen Posadas ha bebido de diversas fuentes (desde el Truman Capote
de Desayuno en Tiffany´s hasta esos modelos de crítica
secular que son En busca del tiempo perdido de Proust y Retrato
del artista adolescente de Joyce, pasando por la literatura que
debe mucho a Wilde, Shaw, etc.) y ha leído bien, confirmando
esa aseveración de Octavio Paz según la cual la Literatura
se erige sobre los pilares que son la reescritura de las lecturas
de otros autores, pasando de otras intenciones.
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Ángel Basanta (ABC
literario)
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Con la esperanza de que «lean
mi novela y me juzguen a partir de ahí», presenta su
nuevo libro Carmen Posadas (Montevideo, 1953) en la entrevista realizada
por Maria Luisa Blanco que acompaña la edición de
Cinco Moscas Azules, amparada también por un texto analítico
de Manuel Vázquez Montalbán. La autora cuenta con
amplia experiencia en el campo infantil, desde comienzos de los
ochenta. Ha publicado libros sobre temas de actualidad, como Yuppies,
jet set, la movida y otras especies (1987) y, entre otros trabajos
(guiones de cine y televisión, comedias musicales), ha reunido
11 cuentos en Mi hermano Salvador y otras historias (1990). Con
Cinco moscas azules, Posadas se adentra en los dominios de la novela
extensa, aborda su cometido con ambición —por lo cual
tiene todo el derecho de ser leída y valorada en su estricta
dimensión literaria—, logra algunos aciertos en la
visión crítica de un sector social que ella conoce
bien y comete los errores propios de quien se propone llevar a cabo
un ajuste de cuentas con su entorno sin el distanciamiento necesario
sin dominar de modo suficiente los entresijos técnicos de
la novela.
Lo mejor de Cinco moscas azules está en la creación
de una estructura policíaca al cabo de la cual termina por
desvelarse un crimen presente y otro pasado. Esta construcción
detectivesca trazada en la línea de Agatha Christie —por
su localización en un lujoso espacio cerrado y con pocos
personajes, aunque sin reunión final de los mismos para el
esclarecimiento definitivo— descansa en la figura de un escéptico
aristócrata arruinado, homosexual, que ha decidido suicidarse
después de pasar unos días de lujo y placer en un
solitario hotel de Marruecos. Allí coinciden algunos famosos
encumbrados en la sociedad española de los últimos
lustros quienes, queriendo correr sus aventuras en secreto, acaban
por cruzarse en los mismos escondites. Las cinco moscas azules son
una viuda reciente cuyo marido murió en circunstancias oscuras,
dos personajes conocidos de la pomada social madrileña y
sus respectivas amantes rubias clónicas. Y la trama detectivesca
de la novela sirve de trampolín para poner en solfa la frivolidad
y estupidez de estas gentes de un grupo social arribista que triunfa
por fuera (fama, belleza, dinero, poder) al tiempo que se llena
de vacío por dentro. La visión de la autora adopta
como actitud dominante la ironía y el humor, emplea la parodia
(incluso en los vicios fonéticos de tales bustos parlantes)
y llega con frecuencia al sarcasmo y a la deformación esperpéntica
que convierte a estos fatuos del chismorreo en «rata»,
«serpiente», y «pollo a medio desplumar»,
o en «gata», «cerebro de mosquito», y «patito
enlodado». Ejemplo extremo de esta inclemente visión
deformada es el afamado periodista que ejerce de Savonarola justiciero
de los vicios y escándalos sociales poniendo el cotilleo
y la especulación interesada al servicio de sus afanes de
crear y dirigir la opinión del pueblo a costa de desenterrar
miserias humanas.
Estructura política y sátira social de la llamada
gente guapa con sus habladurías, envidias, superficialidades
y líos de cama constituyen, pues, lo más afortunado
de esta novela extensa con intriga que al final acierta a huir del
maniqueísmo. Pero esto sólo se manifiesta en las últimas
páginas. Antes la autora no ha sabido guardar la distancia
necesaria con el narrador, forzando su visión y cayendo en
la simplificación y el maniqueísmo contrarios a la
pretendida complejidad psicológica de los personajes. Hay
bastante descontrol en el manejo de de perspectivas complementarias
en la relación de los mismos sucesos por el narrador externo
y por el escéptico Molinet ayudado por su sobrina y la viuda
rica. Tampoco está del todo bien ajustado el tiempo interno
de la novela cuyo presente narrativo podría llevarse, de
modo confuso, hasta 1997. Falta un criterio más selectivo
en la depuración de materiales y en su integración.
Muchos aparecen yuxtapuestos, por lo cual narración y reflexión
discurren en paralelo, y la crítica que se pretende no emana
de lo novelado que sino que se añade sin justificación
intrínseca. Quizá por eso el estilo carece de tensión.
Y hay excesivo didactismo en el deseo de explicarse y de aleccionar
al lector con simuladas disquisiciones sobre la narración
en la más rancia técnica decimonónica de novelar.
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LA HISTORIA DE UNA CHICA
MALA
Carmen Posadas presenta una novela aguda, irónica,
amarga y sin prejuicios sobre la alta sociedad
Rosa Pereda (El País)
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Carmen Posadas lo va a tener
difícil con la crítica, aunque esta novela supere
la media nacional. Y eso, por dos razones: la primera, por el tema,
que al final es del «tam-tam de la tribu», es decir,
el chismorreo de la gente del cuché, de los héroes
de la jet set, en fin, de la alta sociedad madrileña; de
los orígenes y los efectos y el desarrollo del rumor en el
grupo «mejor informado», punta de la pirámide
donde se genera y se abulta ese chismeo del que vivimos todos, verdadera
coherencia de la sociedad de masas y clases, desde la sospecha vista
entre risas a la «sed de verdad» plasmada en los tabloides
y amplificada en las radios. Y segundo y principal, porque Carmen
Posadas es un personaje de ese «todo Madrid» y le ha
tocado oír su nombre en los tambores, y la novela es una
suerte de respuesta personal, un asesinato ritual y en clave. Así
que no hace falta ser un profeta para ver estas Cinco Moscas Azules
metidas de lleno en el juego de identificación y distancia
que se da entre los ciudadanos «normales» y «la
sociedad», retratada cotidianamente en las revistas del corazón,
y diseccionada, desde dentro, en esta historia que tiene mucha lucidez
y mucha crueldad.
Cinco Moscas Azules remite, desde el título mismo, y expresamente,
a una trama policíaca muy de Agatha Christie: un espacio
cerrado y lujoso, un número limitado de personajes reunidos
con la concurrencia del azar, un proyecto de asesinato. La mirada
de Carmen Posadas, irónica, muchas veces sarcástica,
otras amarga, recuerda alguna literatura victoriana muy puesta en
los noventa: por ejemplo, cuando observa a los personajes, tan predeterminados
por el espacio como los ratones en el cajón del observador
científico, su visión es absolutamente de clase, cómo
decir; la ropa, de verdad constituye a los habitantes de la ficción;
unos calcetines definen mejor que los hechos al periodista, el «malo»
de una historia en la que no hay buenos, una trenca capitoneada
denuncia a toda una nacionalidad, y una pulsera a toda una acción
. Es una mirada aguda, y también es una mirada esnob. Pero,
¿Quién tiene nada contra lo esnob? Somerset Maugham
era un esnob. Pier Louys era un esnob. Y no digamos Loti, que se
hubiera convertido al Islam sólo para poder llevar una chilaba
sin mentir, como genialmente analiza Roland Barthes, y como hace
el protagonista de este libro.
Encariñados con esa casta que es la clientela de una docena
de marcas y restaurantes en todo el mundo, estos escritores dan
cuenta de los cambios sutiles de sus costumbres, de las señales
por las que se reconocen unos a otros, de los signos por los que
se ve el lugar de su estela. Y de lo que permanece, el deporte favorito
de los mejor informados: el chisme. Claro que Carmen Posadas da
la vuelta al discurso y descubre, al fondo, todas las consecuencias
abrumadoras, demoledoras, del chisme. Y más, si salta a los
medios. «Tiene mandanga el asunto», dice Bea, uno de
los personajes. «Hemos conseguido librarnos de la moralina
de los curas, y ahora tenemos a los periodistas ocupados en desvelar
nuestros peores pecados, joder».
«Nuestros peores pecados» son heterodoxias de cintura
para abajo, que decía don Ramiro de Maeztu. Adulterios, líos,
ligues, espionajes domésticos y hasta muertes extrañas,
culpas compartidas, crímenes ambiguos. Precisamente la ambigüedad
moral emparienta esta «historia de una chica mala» con
las de escritoras como Dorothy Parker. Como ella, ve a Carmen Posadas
la vacilación de la realidad, el tema de lo real y lo aparente,
el problema moral de la inacción o la omisión, que
es el tema central de esta historia; y también la irremediable
fuerza del discurso, la fuerza de la palabra, hablada, pero sobre
todo, escrita. Y la pesada carga del silencio. Y la dificultad esencial
de la percepción de la verdad, de la verdadera verdad. Desde
esta vía, no salva Posadas a sus personajes, pero tampoco
los condena: sencillamente están ahí, en su incertidumbre,
en su incomunicabilidad, en sus señales ciegas ¿Quién
podría juzgarlos? Nadie. Nadie en absoluto.
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