¿Qué
función desempeña el intelectual en nuestra sociedad
y cuáles son las actividades que según Ud. le corresponden?
No
desempeña ninguna tarea de importancia social. Le corresponde
tener talento.
¿Qué
medidas concretas estima necesarias para mantener viva la comunicación
escritor-público?
Placer
de reiterar: que el escritor tenga talento.
...............................................................................................
(Marcha,
Montevideo 27.5.1960)
¿Cómo
debe a su juicio expresarse el llamado "compromiso de los escritores"?
Se
trata de responder una encuesta organizada por un diario comunista.
Me divierte pensar que tal vez no hayan encontrado mejor ejemplo
que el suscrito para presentar las lacras morbosas de un escritor
pequeño burgués y decadente. Alguien inventó
el término y el destino del escritor comprometido. Soy inocente.
El único compromiso que acepto es la persistencia en tratar
de escribir bien y mejor y encontrar con sinceridad cómo
es la vida que me tocó conocer y cómo es la gente
condenada a convertirse en personajes de mis libros.
¿Es
vigente la soledad del escritor o habría que modificar el
concepto en la actualidad?
Si
la soledad significa lo que yo entiendo, contesto "vigentísima".
Para todo ser humano, escriba o no. En caso contrario me adhiero
espiritualmente a las peñas, las mesas redondas y los torneos
con flores naturales.
.......................................................(El
Popular / Suplemento Cultural, Montevideo 26.1.1962)
Si
usted estuviera en mi lugar reporteando a Onetti, ¿qué
le preguntaría sobre la literatura uruguaya?
Una
monstruosidad.
¿Y
usted que contestaría?
Que
no es elegante hablar de los colegas.
No
me imagino al protagonista de una leyenda negra contestando eso.
Ahí esta el error, no tengo nada que
ver con esa leyenda.
¿Cómo?
¿Entonces usted no es el laboratorista que toma la gente
como conejillo de Indias? ¿Una especie de experimentador
sin escrúpulos, un retorcido a quien imputan las peores maldades?
No,
no soy. Ni siquiera soy el alcoholista mujeriego de que habla el
capítulo segundo de la leyenda.
Sin
embargo, se casó cuatro veces y desde que llegué se
tomó sus buenos tres vasos de vino.
Solo
con vino puedo aguantar los reportajes.
Gracias.
------------
En
cuanto a mi pasión por experimentar no pasa de la cuota normal.
Usted misma me ha querido enfrentar o otro autor nacional para divertirse.
¿Le
parece comparable? Yo lo he visto reunir ex amantes cada uno con
sus nuevos amores para observar sus reacciones. Todo con la expresión
más inocente.
¿Tengo
yo la culpa de ser un maestro? Sé armar bien las cosas, no
tengo la culpa de que otros la armen mal. La única diferencia
es esa. No soy culpable, señora, no soy. Dios me ha hecho
así, sólo me resta cumplir. La leyenda, en lo fundamental:
calumnias. Ignorancia, desconocimiento de los hechos. Yo sigo viviendo
y la leyenda crece. Cada día soy más malo.
¿Usted
no cree que la leyenda tiene buen pie en su literatura?
No,
mi literatura es una literatura de bondad. El que no lo ve es un
burro.
¿Por
qué escribe?
Escribo
para mí. Para mi placer. Para mi vicio. Para mi dulce condenación.
¿Cómo
escribe?
Estupendamente.
Conteste
con seriedad.
Sí, señora. No entendí
la pregunta.
Bueno,
quiero decir si escribe con un plan que elabora previamente. Si
sabe exactamente adónde va a llegar.
Sé
qué va a pasar. No sé cómo va pasar. Si supiera
cómo va a pasar no lo escribiría.
¿Quiere
decir que verdaderamente escribe para usted? ¿Que en una
isla desierta escribiría?
Escribiría.
.....(María
Esther Gilio, "Un monstruo sagrado y su cara de bondad",
La Mañana, Montevideo 20.8.1965)
¿Considera que sus críticos no interpretan correctamente?
Si
por "interpretación correcta" usted entiende "interpretación
total" le digo que eso no puede suceder nunca. Ni siquiera
en el amor. Además los críticos que me importan saben
mucho más de literatura que yo.
Había
pensado preguntarle algo tan poco íntimo como su posición
frente a la literatura comprometida.
Eso
acaba de inventarlo.
Aun
así vale la pena que me conteste.
Creo
que no hay más compromiso que el que uno acepta tácitamente
cuando se pone a trabajar o jugar. Es un compromiso con uno mismo.
Se trata siempre de escribir lo mejor que nos sea posible; con total
sinceridad, sin pensar nunca en los hipotéticos fulanos que
van a leernos.
Si
es así, ¿por qué en el prólogo a la
primera edición de "Para esta noche" usted habla
de "participar", "participar en dolores y angustias",
como si en ese libro en particular, no en los otros, usted estuviera
tomando posición frente a un conflicto exterior, como si
estuviera aceptando un compromiso, buscando deliberadamente una
participación?
El
hecho de que hable expresamente de compromiso en ese prólogo
no modifica las cosas. En todo lo que escribí he participado.
Sólo los malos escritores creen que tal compromiso debe ser
expresamente político.
¿Sartre,
por ejemplo...?
¿Cuál
es el compromiso político de Sartre en la mejor de sus novelas,
"La náusea"?
Bueno,
yo creo que usted se niega al mundo. Y su literatura es un reflejo
muy claro de su forma de vida... sus personajes desconectados de
la realidad, moviéndose en un mundo distorsionado...
Primero
tendría que preguntarlo por qué cree que "su
realidad" es "la realidad". Mis personajes están
desconectados con la realidad de usted, no con la realidad de ellos.
En cuanto al mundo distorsionado, concedo. Pero... o uno distorsiona
el mundo para poder expresarse o hace periodismo, reportajes...
malas novelas fotográficas.
¿Se
identifica con el protagonista de "El pozo" cuando éste
decía: "Soy un hombre solitario que fuma en un sitio
cualquiera de la ciudad"?
Sí,
con éste y con muchos otros protagonistas. ¿Tampoco
le contaron que el arte es una eterna confesión?
¿Sigue
siendo ese solitario?
Como
todo el mundo. La diferencia está en que algunos se dan cuenta
y otros se distraen.
¿Tiene
alguna idea acerca de por qué sus actos son tan poco comprendidos
o aceptados por la gente?
La
clave puede estar en que siempre digo lo que pienso y trato de hacer
lo que quiero... No hablemos del resto. Conozco personas que me
aceptan y me comprenden. Con ellas vivo.
Estos
tarados que en su literatura tienen razón frente al los cuerdos
("Jacob y el otro", "Historia del caballero de la
rosa...") ¿son un símbolo de lo que pasa en el
mundo?
De
ningún modo. Tienen razón, éxito muy pocas
veces. Pero conviene aclarar que los tarados son, para mí,
los cuerdos, la aplastante inmensa mayoría occidental, cristiana,
demócrata, correcta e hipócrita. Et viceversa.
...............................(María
Esther Gilio: "Onetti y sus demonios interiores", Marcha,
Montevideo 1.7.1966
Sus novelas son siempre impecables, laboriosas crónicas del
fracaso. ¿Quiere aventurar una explicación?
En
mí, creo que se trata de un pesimismo natural; natural y
radical. En el fondo, creo que soy una de las pocas personas que
cree en la mortalidad. Eso influye mucho. Sé que todo va
a acabar en fracaso. Yo mismo. Vos también. De todos los
escritores del boom se ha dicho que son pesimistas, que en ellos
los personajes siempre se frustran. Quizá. Pero en García
Márquez o en Vargas Llosa, yo noto una gran alegría
de vivir. Sinceramente, no creo que vean la muerte como un problema.
Y no se trata de que ahora yo tenga 64 años y que pueda morirme
esta noche. No. Es algo que he sentido desde la adolescencia. Así
como se descubre que yo soy yo, así se descubre la muerte,
se marcan sus linderos. Uno de los descubrimientos más terribles,
el más terrible, que tuve de muchacho, fue que todas las
personas que yo quería se iban a morir algún día.
Eso me pareció absurdo, y de esa impresión no me he
repuesto todavía. No me repondré nunca.
¿Y
el suicidio, Onetti?
En
todas mis novelas está subyacente la idea del suicidio. Una
vez me preguntaron esto que vos me acabas de preguntar, por qué
había abandonado la idea del suicidio. Yo le dije que hiciera
él primero la prueba, y después me contara. Quiero
saber antes si es mejor que todo esto.
¿Nunca
se perdió en Santa María? ¿Nunca hizo planos
ni genealogías?
Una
vez hice un plano de Santa María con un amigo, pero era sólo
para mover mejor a los personajes. Lo perdí cuando me vine
de Buenos Aires. A mí se me ocurre escribir una novela, y
ya tiene su lugar en Santa María. Pero nunca me propuse desarrollar
un plano. O sea: nunca quise escribir una saga. Ese es ya un propósito,
y yo no podría escribir con propósitos.
¿Y
por qué escribe?
Porque
sí, porque me gusta contar.
¿Cuándo
se origina esa vocación ?
No sé. Quizá en la infancia
o en la adolescencia, seguramente como reacción al mundo
de los mayores. Por ejemplo, aquí escucho hablar varias horas
diarias sobre fútbol. Entonces escribiendo me desquito de
esa realidad. Más que sufrirla yo, la realidad la sufren
los personajes.
La
sufren por usted.
Quizá.
Usted
fue revalorado por el surgimiento del «boom», al que
se le incorporó un poco retrospectivamente, pues su primer
libro es de 1939. Durante ese tiempo, sin lectores casi, ¿para
quién escribió? Dicho de otra manera: ¿necesita
lectores? ¿Para quién escribe?
Le contesto lo que una vez Joyce le contestó
a alguien que lo entrevistaba. Me siento en un extremo del escritorio,
decía, y le escribo a la persona que está en el otro
extremo. En el otro extremo está James Joyce.
¿Viviría
en Santa María si pudiera?
Santa María no existe más allá
de mis libros. Si existiera realmente, si pudiera vivir o viviera
allá, inventaría una ciudad que se llamara Montevideo.
Fuente: Alfredo Barnechea. Entrevista a
Juan Carlos Onetti. El Mundo, 10 de agosto de 2001.
Entrevista realizada en Montevideo, en 1973, y publicada en el libro
"Peregrinos de la lengua", (Alfaguara).
|