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3.
Gloria: Umjú. Cuénteme Álvaro, ¿cuál es para usted el
rasgo más saliente y definitorio digamos, de esa época?
ÁM: La herejía. Su florecimiento magnífico, las luchas
que desencadenara, los varios y muy bellos aspectos con que se
presentó de repente. Nunca antes ni después el hombre se presentó
tan total y definitivamente a la herejía o se sumó a ella con
tan tremendo ardor visionario.
Desde la herejía musulmana mezclada con capitosas sugerencias
de magia hasta la fría llama en que ardían Calvino o Melanston
pasando por el inteligente y peligroso compromiso de Erasmo o
la exuberancia vital de Lutero. La herejía de alcoba de un Enrique.
La herejía juguetona e intrascendente del bearnés y la batalladora
y probada herejía de Guillermo el Taciturno.
La herejía mezclada con pantagruélicas indigestiones e interminables
borracheras del gran elector de Baviera o la herejía cerebral
y casi matemática de un Zwinglio.
"Prefiero no reinar a reinar sobre herejes" fue la sentencia
sobre la cual fundamentó su reinado Felipe II. Bien sabía él que
tendría que luchar contra la más rica fauna de herejías de la
historia de la cristiandad, la más rica y la más próspera.
Y en su lucha contra la herejía, en su implacable visión de ungido
de Dios que veía en aquella la fuente de muchos y muy graves males
futuros, hubiera querido acompañar al monarca. Que hubiera hecho
hoy el balance de su reinado, perdido la batalla dejando en sus
débiles sucesores la liquidación desastrosa de su gran imperio,
no disminuye en nada la grandeza de sus propósitos ni los sanos
principios que los inspiraron.
Si Felipe gana su lucha contra los herejes nos hubiéramos evitado
males tan tremendos como la igualdad, fraternidad, libertad, el
liberalismo manchesteriano, la libertad de cultos, la igualdad
de las personas ante la ley, la clase obrera, el abolicionismo
de la esclavitud, la libertad de las colonias y tantas otras ñoñeces
de nuestra época.
Gloria: ¡Ajá, muy interesante eso, qué tal! ¿ah? Bueno
Álvaro, ¿y de dónde hubiera derivado usted los dineros para sostener
esa corte de enanos y de monstruos y estar ante el rey siempre
decorosamente?
AM: Ante todo hubiera cobrado fuertes sumas a los moros
para librarlos de la santa Inquisición y después los hubiera acusado
ante la misma haciendo llegar a mis manos buena parte de sus bienes.
Hubiera conseguido para los Friger el préstamo que fue necesario
para armar la Invencible y al mismo tiempo hubiera avisado a la
corte inglesa, a cambio de oro, sobre la fecha y hora de zarpe
de la flota.
Hubiera sido abogado de la compañía ante la Corte para gestionarle
las fundaciones de ultramar y, otra fuente magnifica para costear
la complicada y lujosa vida de la Corte hubiera sido el comercio
de esclavos en Santo Domingo y Cartagena de Indias, comprándolos
a bajo precio en la costa de oro a los negreros portugueses a
quienes a mí vez les conseguiría licencias para traficar entre
los puertos mediterráneos españoles y la costa argelina.
Gloria: Afortunadamente no vivió usted en esa época Álvaro,
porque habría pasado a la historia como uno de los monstruos,
el más grande de su colección.
ÁM: No crea, nadie me hubiera conocido. Gloria: ¡Qué horror!
Cuénteme, ¿y dónde hubiera preferido morir? ÁM: Desterrado en
Coimbra por el Conde Duque, alejado de la corte y muertos ya mis
viejos amigos don Pedro Calderón de la Barca y el venenoso arcediano
de la catedral de Córdoba, don Luis de Góngora.
Me hubiera contentado para mi muerte con aquello que dicen las
letanías del señor Mariscal: "Dadme un sitio seco, un ataúd de
pino, las plegarias de un monje y una mortaja de vino".
Gloria: ¡Ajá! ¿Y hubiera usted cultivado entonces, como
hoy, la poesía? ¿Las letras?
ÁM: No. No es ese un oficio de grandes. Hubiera escrito
en mi destierro una pequeña historia de la santa Inquisición bajo
el título de "Brújula de las equivocaciones o el cepo de los infieles",
en donde hubiera puesto en evidencia todas las largas y complicadas
intrigas e infamias llevadas a cabo al amparo de la santa institución
y a menudo con el consentimiento de sus altos oficiales.
Gloria: Creo que son suficientes estos improperios Álvaro
y un millón de gracias por su participación en este programa.
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