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2.
Gloria: Cuénteme una cosa. ¿Pero cuáles son las características
de la época de Felipe II que lo han llevado a escoger aquella
época como la precisa para haber deseado vivir en ella?
ÁM: Primero la vastedad universal de su influencia, la
tremenda y buida autoridad del monarca, el magnífico desorden
de las Cortes vecinas. Enrique III y sus mignons en Francia, Isabel
y sus piratas en Inglaterra, Calvino el anverso y gemelo hereje
de Felipe en la fría y ceñuda Ginebra, los tripones y congestionados
electores alemanes, Venecia en una dorada decadencia.
También me atraen de la época la proliferación de la miseria
que hacía por contraste más amable el goce de los bienes terrenales
y del poder, la abundancia de ejércitos mercenarios, suizos y
alemanes, polacos e italianos, suecos y borgoñones que recorrían
Europa asolando regiones en una sola ola de crueldad y borrachera.
Los reitres y lansquenetes que dibujara Caló son para hablar en
términos de Reader's Digest mi personaje inolvidable.
La actividad febril de la recién nacida Compañía de Jesús, con
su admirable fundador cuyo manual de confesión es uno de los libros
más importantes que jamás se hayan escrito. El prestigio de las
Indias con su leyenda del Dorado y la gesta increíble de los conquistadores
que hacía perder la cabeza a los Hidalgos hambrientos de provincia
e inquietaba y revolvía al vasto imperio de los pícaros.
La estricta vigilancia de las conciencias y el continuo hurgar
en la vida privada permitidos a la santa Inquisición y que hacían
más hermosa y deleitable la libertad de los grandes y privados.
La poesía de la época, envuelta ya por las primeras redes del
Barroco y buceando al fin por regiones de imaginación y de sueño.
La mística de san Juan de la Cruz y santa Teresa disparada hacia
lo alto desde la piojosa y mugrienta tierra de La pícara Justina
y de Rinconete y Cortadillo. La fábrica sombría e inútil, gratuita
e incómoda del Escorial con el panteón de los Infantes y sus cuadros
del Bosco. Éstas y muchas otras cosas de la época me llevan a
escogerla como la más adecuada a mis preferencias y la más ajustada
a mis ideas.
Gloria: Sí, me doy cuenta perfecta Álvaro, Y cuénteme,
¿en esa época cuál es la persona cuya amistad usted hubiera querido,
la que hubiera preferido entre todas?
ÁM: Sin duda la de Teresa de Ávila, la inquieta fundadora
de Conventos, la aguda y locuaz andariega, la terca y firme solicitante
en la Corte, la incansable y sagaz castellana ante quien todos
acababan por rendirse, hasta el mismo Felipe a pesar de su pálida
reserva. Mucho hubiera gozado oyendo a la santa contar sus andanzas
y negocios y de pronto disparar el certero dardo de su ingenio
contra algún espeso hidalgo que se negara a venderle unas tierras
para un convento o se opusiera al trámite de unos mineros dejados
como herencia para la Orden.
Qué bueno irritarla criticándole algún párrafo de los reglamentos
de la Orden para verla en todo el esplendor de su verbo analizando
sabrosamente las debilidades humanas y justificando las reglas
por ella misma dictadas, para el mejor orden de sus conventos.
Cuán grato oírle hablar de las incómodas posadas asturianas,
de la vanidosa miseria de los andaluces, de la cicatera hospitalidad
de los castellanos, de la fenicia seguridad de los catalanes.
Mucho me hubiera criticado la santa mi colección de enanos y monstruos,
pero mucho hubiera sido también la ayuda que le hubiera prestado
en la Corte para sus fundaciones y trabajos.
En el fondo me hubiera despreciado un poco y yo le hubiera temido
otro tanto.
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