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NOCTURNO |
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La fiebre atrae el canto de un pájaro andrógino
y abre camino a un placer insaciable
que se ramifica y cruza el cuerpo de la tierra.
¡Oh, el infructuoso navegar alrededor de las islas
donde las mujeres ofrecen al viajero
la fresca balanza de sus senos
y una extensión de terror en las caderas!
La piel pálida y tersa del día
cae como una cáscara de un fruto infame.
La fiebre atrae el canto de los resumideros
donde el agua atropella los desperdicios. |
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La balanza
(Talleres Prag, Bogotá, 1948,
en colaboración con Carlos Patiño Roselli)
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