6 JULIO 2006
En este verano tórrido (desde
que entrevisté a James Lovelock, el científico
británico que ha anunciado una inminente catástrofe
ambiental, no puedo dejar de pensar en el cambio climático
cada vez que aprieta el calor) dejadme que os haga dos
recomendaciones. Una es de lo más clásica:
que os toméis un Blanco y Negro en la terraza
del café Gijón.... ya sabéis, esa
mezcla riquísima de café helado y leche
merengada. Es el mejor Blanco y Negro de Madrid.
Y la otra recomendación es asistir a alguno de
los conciertos del nuevo auditorio en San Lorenzo del
Escorial. Estuve en la inauguración y me pareció
un edificio hermosísimo, con una acústica
perfecta. El vestíbulo, con una especie de enorme
balcón en líneas rectas y simples sobre
un paisaje abierto y aéreo, es de cortar la respiración.
Merece la pena el paseo hasta allí, y la programación
de este verano no está nada mal.
Una sola cosa más: entre las cartas
que me escribís tan amablemente se da de cuando
en cuando una coincidencia de temas. Por ejemplo, he
recibido un montón de emails que me preguntan
por las páginas en blanco al final de mi novela
"Historia del Rey Transparente",
y en vista de ello me ha parecido oportuno contestaros
a todos de manera abierta, aquí, en Página
Viva. Veréis, esas páginas en blanco son
un juego que planteo con el lector. Como habréis
visto los que habéis leído la novela,
la fábula del Rey Transparente es una historia
indecible y nefasta que nadie puede terminar de contar.
Por eso, cuando al final se cuenta en el libro, es lógico
que tampoco pueda acabar de narrarse, es necesario que
quede inconclusa.... También tiene que sucederle
algo al lector cuando lee esa historia, porque así,
de alguna manera, el lector participa de los hechos
del libro y entra a ser un personaje secundario más,
por así decirlo, dentro del juego literario.
Eso en primer lugar. Por otra parte, el texto se queda
en blanco justo cuando el Rey va a dar la respuesta
al acertijo que le plantea el Dragón. Aunque
digo en el libro que la fábula existe y que está
depositada en una biblioteca portuguesa, en realidad,
naturalmente, me la he inventado yo. Pero el acertijo
no me lo he inventado, el acertijo es una adivinanza
clásica de dificultad media, y os reto a que
intentéis encontrar la solución.... Si
no encontrais la respuesta, no pasa nada; pero si la
sacáis, veréis que tiene tambien mucho
que ver con el hecho de que desaparezcan las páginas,
de que se queden en blanco. Y también tiene mucho
que ver con el resto del libro, con la novela entera.
Porque uno de los subtemas de la novela es la importancia
de la palabra. Las palabras son lo que nos diferencia
del resto de los animales, las palabras nos hacen libres,
crean paraísos, son nuestra salvación.
Pero, por otro lado, las palabras mentirosas y corruptas
crean infiernos. Ya lo dice Nyneve en la novela: el
hacha del verdugo no cortaría y la hoguera del
inquisidor no quemaría si antes no hubiera palabras
mentirosas, palabras venenosas que lo emponzoñan
todo. Pues bien, la fábula final del Rey Transparente
habla de todo eso, y la adivinanza es el resultado de
ello. Asi es que... ¡ánimo y a ver si encontrais
la solución!
|